INTELIGENCIA POLÍTICA

Por:  José Ricardo Hernández Gómez (Ph.D), Colombia.

¨ Se puede engañar a algunos por mucho tiempo y a todos por algún tiempo, pero no se puede engañar a todos y siempre.  Cuando la decepción es acompañada por el fraude, se puede engañar al pueblo una vez, es imposible engañarlo definitivamente ¨

Chiang Kai Shek

Sumario.- Resumen; Abstrac; Resumo; palabras clave;  Introducción; paradigmas de la política;  Política e inteligencia en América Latina; La inteligencia política y las necesidades políticas; Inteligencia política y poder; La inteligencia política y los factores generales de análisis; cultura de inteligencia política como paradigma de la Inteligencia estratégica; la Inteligencia y Contrainteligencia política y la Guerra Política.

  

RESUMEN

El sistema de Inteligencia y Contrainteligencia, es sin ninguna duda la mayor herramienta del Estado en el logro de sus fines esenciales, de la defensa,  construcción y gestión de los intereses y objetivos Nacionales;   signada en los actuales tiempos  por adversos significados y errados entendimientos,  producto de la actividad desbordada e incontrolada en ocasiones, de las  diferentes amenazas, que persiguen su deslegitimación, en muchos de sus campos y competencias.  Tornase más  sensible la exposición de  tema tan delicado. La política en el Estado, como un elemento que subyace a su existencia, debe ser sujeto de las actividades de inteligencia y contrainteligencia, para garantizar las resultas de esas sus esencialidades; es comprender que son de igual manera  actividades de Estado, ejecutadas por organismos que pertenecen a su estructura y que buscan  garantizar la continuidad de su existencia en términos de democracia, sujeta a la normatividad y al mejoramiento de las condiciones de sociedad.

 

Entender la democracia en términos de respeto a la complejidad Humana es no contentarse con términos o con simplificaciones maniqueas o tecnicistas, e igualmente respetar la complejidad social, que también contiene numerosos órdenes y antagonismos. La democracia es un sistema instituido en la complejidad política, que se sustenta en la ley,  que permite  la múltiple diversidad y la protección de todos sus componentes.

 

En el campo de acción político, la información es sin duda alguna,  la materia prima o insumo fundamental en la elaboración de mapas cognitivos sobre los cuales los actores formulan políticas públicas y materializan sus decisiones. Por ser un bien de obligatoria exigencia, necesario y proveniente de una actividad permanente del Estado, con vocación de ser obtenido, procesado y distribuido en todos los niveles de decisión, no escapa a la comunidad de inteligencia y contrainteligencia, quien lo detenta con natural propiedad.

 

Invariablemente,  el tema acá abordado  se desarrolla a partir de la comprensión de complejidades, como lo  son las actividades de Inteligencia y contrainteligencia, sus relaciones con la política, las dimensiones de la inteligencia política, sus áreas mínimas de competencia, el desarrollo de la inteligencia en América Latina,  sus tendencias, sus evoluciones y  en especial su devenir en términos simbióticos. Necesario abordaje para esclarecer erradas interpretaciones y establecer doctrina que sea útil para su desarrollo integral.

 

 

ABSTRAC

 

The system of Intelligence and Counterintelligence, is without doubt the greatest tool of the state in achieving its core purpose, defense, construction and management of interests and national objectives in these days marked by adverse wrong meanings and understandings product of the unbridled and uncontrolled activity at times of different threats, pursuing their discredit, many of their camps and competitions. Become more sensitive exposure of sensitive issue. Politics in the State, as an underlying their existence, should be subject of intelligence and counterintelligence activities, to cover the results of these its essentials, is to understand that are just as state activities implemented by agencies belong to its structure and seek to ensure their continued existence in terms of democracy, subject to regulation and improving conditions for society.

Understand democracy in terms of respect for human complexity is not content with words or Manichean simplifications or techniques, and also respect the social, which also contains numerous orders and antagonisms. Democracy is a system set up in the political complexity. It is the law that allows multiple diversity, which allows the protection of all its components.

 

In the field of political action, information is without doubt the fundamental raw material or input in the development of cognitive maps on which actors formulate public policies and decisions materialize. By being a mandatory requirement either necessary and the product of an ongoing activity of the State, with a vocation to be obtained, processed and distributed in all levels of decision, no stranger to the community of intelligence and counterintelligence, who holds with natural property. Invariably, the issue addressed here is developed from the understanding of complexities, as are intelligence and counterintelligence activities, its relations with politics, the dimensions of political intelligence, its minimum areas of competition, development of intelligence in Latin America, its trends, its evolution and especially its evolution in symbiotic terms. Approach is needed to clarify erroneous interpretations and establish doctrine that is useful for development.

  

RESUMO

 

O sistema de Inteligência e Contrainteligência, é sem dúvida a maior ferramenta do Estado na consecução de seu objeto principal, construção, defensa e gestão dos intereses e objectivos nacionais nesses días marcados por significados negativos errado eo produto entendimentos da atividade desenfreada e descontrolada no tempos de ameaças diferentes, prosseguindo a sua descrédito, muitos de seus acampamentos e competições. Torne-se mais sensível a exposição da questão sensível. Política no Estado, como causa a sua existência, devem ser objecto de atividades de inteligência e Contrainteligência, para cobrir os resultados desses elementos a sua, é entender que são apenas as atividades executadas pelas agências estaduais pertencentes à sua estrutura e procurar garantir a sua existência em termos de democracia, sujeitos à regulação e melhoria das condições para a sociedade.

Entenda a democracia em termos de respeito pela complexidade do ser humano não se contenta com palavras ou simplificações maniqueístas ou técnicas, bem como o respeito social, que também contém numerosas ordens e antagonismos. A democracia é um sistema criado na complexidade política. É a lei que permite a múltipla diversidade, o que permite a proteção de todos os seus componentes.

No campo da ação política, a informação é, sem dúvida, a matéria-prima ou insumo fundamental no desenvolvimento de mapas cognitivos em que atores formular políticas públicas e decisões materializar. Por ser um requisito obrigatório ou necessário eo produto de uma atividade permanente do Estado, com vocação para ser obtido, processado e distribuído em todos os níveis de decisão, não é estranho para a comunidade de inteligência e Contrainteligência, que detém com a propriedade natural.   Invariavelmente, a questão levantada aqui é desenvolvido a partir da compreensão das complexidades, como são de inteligência e Contrainteligência, suas relações com a política, as dimensões da inteligência política, suas áreas mínimas de concorrência, o desenvolvimento da inteligência na América Latina, suas tendências, sua evolução e, especialmente, sua evolução em termos de simbiose. Abordagem é necessária para esclarecer interpretações errôneas e estabelecer doutrina que é útil para o desenvolvimento.

 

PALABRAS CLAVE

Inteligencia, contrainteligencia, política, Estado, cultura, decisión, estrategia, prospectiva, guerra, seguridad nacional, política pública, desarrollo,  multidimensionalidad, holístico, paradigma, amenaza, peligro, riesgo, vulnerabilidad.

 

INTRODUCCIÓN

 

El entorno moderno, desde cualquier perspectiva constituye un componente de las múltiples redes de política[1] que se estructuran en los diferentes desarrollos actuales; no existe una situación humana que no sea producto de una decisión política.

 

La política en sentido amplio, es una actividad que influye sobre los resultados de vida de toda la colectividad y sus acontecimientos, influye sobre sus valores, sobre su presente e inclusive sobre su devenir. En consecuencia el conocimiento político es en extremo importante para orientar ese devenir e influir en sus resultados, de tal manera que satisfaga a todo el componente estructural que se le relaciona.  Sin embargo, en muchos eventos el conocimiento se desarrolla a una velocidad inferior a la dinámica de los acontecimientos o estos no son adecuadamente valorados, incorporados o investigados desde la ciencia política, creando un gran déficit cognitivo, que el decisor debe asumir sobre los elementos de la improvisación o sobre los conceptos del “deber ser”, con gran ignorancia de la  realidad y de los efectos de las medidas  adoptadas.

 

En términos de Edgar Morín, “la política debe asumir la multidimensionalidad y totalidad de los problemas humanos sin llegar a ser totalitaria. Y, a la inversa, no debe dejarse disolver en lo administrativo, en lo técnico, en lo económico, porque tiene que seguir siendo multidimensional. La política, que ha de penetrar todas estas dimensiones humanas, no debe, por tanto, convertirse en soberana.”

 

En los actuales tiempos nada escapa a la política, todo lo que está politizado mantiene algún aspecto fundamental fuera de aquélla. La política está en todas partes, pero no todo es político.

 

La política debería entenderse desde la antropología política, es decir, tendría que considerar no sólo lo cuantitativo y manipulable, sino la realidad humana que se le vincula.

 

De igual manera la inteligencia y contrainteligencia, como una actividad exclusiva del Estado que busca el conocimiento y se desarrolla en él, debe proveer la información necesaria para que el decisor político tome las más apropiadas medidas y minimice su riesgo en un entorno inclusive adverso, que de igual manera interpreta las realidades humanas en contexto.

 

En efecto,  la inteligencia y la contrainteligencia, además de constituir un entorno de constante auscultación de las realidades, tiene su mayor objetivo en ofrecer un conocimiento integral y  en tiempo real, que proporcione al decisor las posibilidades de elegir los mejores escenarios, dentro de las cuales los resultados beneficien integralmente a la colectividad. Su capacidad anticipativa,  estratégica y prospectiva son de las más sensibles actividades en el Estado con capacidad de garantizar y orientar los objetivos e intereses nacionales.    

 

Los Estados modernos, han desarrollado sus estructuras políticas orientados e instituidos en el “conocimiento” como uno de los principales principios que le  fundan; no es extraño que los Pueblos en ejercicio de ese poder soberano decreten, sancionen y promulguen sus Constituciones políticas, donde dicho concepto se consagra como uno de sus cimientos fundamentales, que además de enmarcarse en la juridicidad, la democracia y la participación,  garanticen el Orden Político, social y económico. Estos se convierten igualmente en los orígenes Constitucionales de las actividades de Inteligencia y Contrainteligencia. 

 

PARADIGMAS DE LA POLÍTICA

 

Muchos son los paradigmas que sobre la política se han cernido,  en especial sobre su sentido teleológico, derivando en definir primigeniamente lo que ello circunscribe. Productivos intentos, han estructurado un imaginario sobre lo político, que encierra la actividad, los hechos,  los fenómenos, las instituciones,  los espacios, los factores, los actores, los escenarios, entre otros;  inclusive otros tantos la consideran en relación con la religión, la ciencia, la economía, la educación, pero no escapa aquellos que la consideran como sustantivo (lo político) o como adjetivo (la política), que señalan el campo de la actividad de la Inteligencia y la contrainteligencia Política.

 

En este marco de referencia, Arendt[2] considera que dicha auscultación proviene de la invalidez que las respuestas tradicionales le otorgan, su correcto empleo debe remitirse a la perspectiva histórica y lejos se encuentra de una lógica interpretación gramatical, en tanto los símbolos lingüísticos en ocasiones se encuentran apartados de sus realidades a las cuales se corresponden, y por derivación su definición se debe materializar a partir de la búsqueda, de la recuperación, del reencuentro y de la destilación de su sentido volatilizado. Sentencia  que la mejor forma es  rastrear sus conceptos, hasta llegar a las experiencias concretas que le dieron forma y vida. Es comprender si estructura fenomenológica. 

 

Cualquier comunidad política tiene importantes problemas en todos los campos y ámbitos que incluyen los políticos, a los que se debe afrontar en perspectiva política, ello hace importante el conocimiento de lo que ello significa. Este es el primer paradigma.

 

Deriva de lo anterior que toda esa esfera de continentes y contenidos, se estructuran sobre la dinámica de la actividad humana que la produce; el Hombre como “animal político”, según exposición de Aristóteles en su “Ética a Nicómaco”, o en su escrito “La Política como Vocación”, Max Weber, o en su obra “El Príncipe”, Nicolás Maquiavelo, relievan la importancia de lo político desde la esencialidad Humana, con un resultado lógico, en tanto no puede existir la política o lo político sin el Hombre. Pero en este acápite, no podemos establecer que ello sea solo un hacer y que toda actividad del hombre la estructura; no puede convertirse solo en una praxis o en el universo accionario del Hombre, centrando su importancia hasta el punto de crear una “POLITEIA”, de veneración universal y sustentadora del Mundo.  Lo axiomático  es que lo ideológico, lo práctico, lo teórico, lo institucional u organizacional, lo deontológico, representan un gran peso en el desarrollo Nacional. Este es otro paradigma. 

 

Sin embargo,  el centro de su acción, además de ser su substancia de reflexión, es aquella que puede determinar sus entornos problémicos, sus vulnerabilidades y las diferentes amenazas que pueden transversalizarle y que dependen de las diferentes dimensiones de la condición Humana; la política en consecuencia es antropocéntrica. He aquí otro paradigma.

 

Comprendida la política en su múltiple dimensionalidad, nos encontramos frente a su indeterminación e incertidumbre[3] y conduce a la sublime evidencia de la libertad Humana; la defensa de la política es la defensa de la esencialidad del Hombre, de su naturaleza libertaria, de su mayor activo. Por ello la necesidad de ser abordada con Universalidad, es su esencia. Este es el más importante de los  paradigmas.

 

Pero las dimensiones Humanas no pueden ser totalmente públicas, abiertas al conocimiento universal e indiscriminado, muchas de ellas son estructuras personalísimas, particulares,  individuales e inclusive íntimas, que linderan los rediles de lo político, de lo público; ignorar su existencia es desnaturalizar la política y lo público[4]. A mayor caracterización de lo político mayor respeto por lo privado. Pero surge como un elemento de contradicción la forma como se debe  compatibilizar lo público y lo privado en un entorno democrático y donde el interés general es su sustento. Y de ello deriva su importancia social el entorno de lo político, que no lo constituye todo y que no lo es todo en el Estado. He aquí que inclusive los actores políticos deben reservarse algunos factores privados que no se corresponden con su entorno político o que no le tocan o lo afectan,  como la familia, las aficiones, la fe, el amor, sus inclinaciones e inclusive sus gustos más personales; eso es lo fundamental de la política, que debe establecer un claro límite entre lo público y lo privado;  y si el Estado llegare a “conocer” lo privado de sus actores, por las necesidades de información que requiere, deberá mantener dicha esfera libre de la publicidad y del conocimiento de todo particular; es la única forma de compatibilizar dichas esferas y de promocionar el respeto por los límites íntimos y públicos.

 

La responsabilidad del Estado en la difusión de lo privado, es una falla de la Administración objetivada, que debe ser resarcida de manera integral. Y ello es trascendental por cuanto en esas esferas íntimas se toman las decisiones que estructuran el desarrollo integral del individuo y de su más cercano e íntimo entorno. Lo político como actividad pública debe garantizar los derechos personales íntimos, particulares y privados. Se debe tener especial cuidado en politizar aquello que no es político[5], y aún cuando pueda ser objeto de la política de manera lógica y justa es importante saber respetar los límites entre todos los componentes del Estado, con la finalidad de garantizar el libre ejercicio de las libertades y derechos, que no de otra manera pueden ejercerse. Y no todo debe ser politizado, error sería convertir a la Justicia en un elemento a su servicio, que estando sometida solo al imperio de la ley, profiriera sus determinaciones en torno de conveniencias políticas,  lejanas del Orden Constitucional que le establece su función.

 

La esfera pública, siempre indesligable de los conceptos de libre distinción, se caracteriza por la igualdad: por naturaleza los hombres no son iguales, necesitan de una institución política para llegar a serlo: las leyes. Sólo el acto político puede generar igualdad, sin embargo las leyes no cumplen aquí la función de reducir lo diverso a lo idéntico e invariable, sino que autorizan la posibilidad de las palabras y las acciones.  Es un paradigma que en su conjunto desarrolla las nuevas dimensiones de la política. 

 

Como se ha evidenciado, la Humanidad compuesta de todas sus dimensiones, con sus tendencias y contextos, genera dinámicas propias a sus condiciones y su derivada dimensión teleológica se torna cada vez más relevante, inclusive su magnitud política. Percibir la actividad humana como un inmaculado sistema de asépticas concepciones y de perfección absoluta e indiscriminada es una imposibilidad fáctica de enorme proporción. Muchas de las políticas emprendidas favorecen a muchos y esa es su tendencia: la universalidad; pero es también derivado de dicha acción, que no todos los destinatarios de una política pública serán beneficiados, y atendiendo la escala de graduación, no todos serán ayudados en igualdad de condiciones a los demás; en efecto muchas solícitas políticas lejos de suministrar un trato real igualitario, produce mayor diferenciación entre unos y otros. Ello es posible a la gran diferenciación Humana existente. El objetivo sería graduar los beneficios de acuerdo a términos de igualdad, lo cual conduciría a mantener el status quo. Solo entonces se comprende que las dinámicas políticas lejos están de considerarse neutras o desinteresadas, ellas van dirigidas a la construcción de un modelo de sociedad u orientadas a la generación de bienestar sectorial. Podría decirse que la única manera en la cual la política es igualitaria y realmente benefactora, sería en el evento de una sociedad sin diferenciación, evento que es imposible y antinatural. Esto hace más complejo el estudio de lo político, generando complejidades científicas que invocan primigeniamente  al entendimiento antropológico. Toda actividad política, es proclive de generar diversos resultados, frente a cada uno de los heterogéneos grupos sociales, y que la torna compleja e impredecible. Esto conforma otro de sus paradigmas.     

 

Entendiendo la Política en su sentido contradictorio y en su sentido mediador, surge una tendencia defendida por Carl Schmitt[6], que la considera como una Institución Polémica y que en concepto de Duverger[7], su ejercicio conlleva resultados contradictorios; lucubra sobre la distancia conciliatoria entre los grupos y personas que son afectadas por su ejercicio, generando un espacio de comunidad hacia el cual deben ir unos y otros, donde las discrepancias sean lugares de  reflexión y de construcción de Nación, en el cual se establezcan acuerdos sobre lo “fundamental”, que propendan por la conciliación y el consentimiento en terrenos de  escasa o ninguna coacción, y en un espacio donde lo procedimental es secundario y derivado. Es también oportuna la posición polémica de Karl Clausewitz, en tanto considera la política como una guerra por otros medios, pero que en  estudio cuidadoso de su obra, relieva una profunda diferenciación entre unos y otros. Esta es otra dilucidación paradigmática.

 

Como se desglosa de lo compendiado anteriormente, la dificultad tanto teórica como práctica  se hace notoria, tanto académicamente, tanto más en su desarrollo. Bien decía Ortega y Gasset, que la política tiene dos aspectos, el práctico y el teórico, pero que pudieran distinguirse aún más. Esto estatuye una corriente de dinamismo que hace que la política se encuentre sobre las líneas de la apreciación de las oportunidades del entorno y sobre su acontecer, donde lo típico de su esencia es la trascendencia, que conjuga sus aspectos pragmáticos y proyectivos. El otro aspecto, encaminado hacia lo teórico, construye su estructura en torno de ideas y conceptos que facilitan su comprensión universal. El aspecto pragmático, puede ser asociado con el proyectivo y a su vez este último con el teórico, sin embargo el práctico y el teórico son en muchos casos difíciles de conciliar, llegando en ocasiones a ser contradictorios y a generar situaciones inesperadas, inusitadas e inclusive discordantes. Es por esto que muchos excelentes teóricos de la política, son poco prácticos y viceversa. Esta es una característica que permite la participación universal en los asuntos políticos y en la política. Es un paradigma que deberá contrastarse con profusas investigaciones al respecto.

 

En este entendido, la Política conlleva un análisis de realidades y de posibilidades, al alcance de toda persona, muchas de las cuales no se soslayan desde la racionalidad o desde la teorética, y cuyas dinámicas también responden al “common sense”; entendiéndose como un elemento de necesaria importancia y atestado de gran subjetividad;  la política así comprendida, además de su componente científico, aúna un alea de “sentido común”, que conlleva la aplicación, observación y adaptación  de actividades “lógicas”, derivadas de la actividad misma y de sus desenlaces. Por esa falta de lógica la mayoría de las teorías al respecto,  solo pueden ser entendidas desde las perspectivas desde la cual se proyectan y con poca capacidad de materialización por su deficiencia, en la interpretación de sus realidades. Pero ese sentido es una facultad de observación de los escenarios, sus precedentes y sus componentes, que permiten proyectar su “curso normal”, garantizando que los eventos ocurran o puedan ocurrir de formas diversas. Este paradigma es de suma importancia para el desarrollo del Estado y para su función de Inteligencia y Contrainteligencia.

 

Las culturas de los pueblos determina la esencia de la política nacional y de sus diferentes manifestaciones; muchas naciones han construido su historia sobre elementos en permanente contienda, otros con una regular armonía, otros con notables hechos de corrupción, de manipulación y de desconocimiento de los derechos universales, en esta apreciación se puede notar una mixtura de componentes diversos, que permiten diferenciar su particular evolución política. Ningún proceso es igual a otro, debido a los elementos estructurales que lo conforman y en el cual la cultura es su principal insumo. Por esa cultura y debido a ella, se generan los heterogéneos y característicos  procesos de desarrollo político, que van evolucionando  paralelamente con el desarrollo social. La cultura política se deriva de la cultura de los pueblos, porque conforman la especie y el género, es un paradigma universalmente reconocido.

 

Como emana de lo anterior, la ciencia política y la cultura política se encuentra compuesta de complejidad en cada uno de sus elementos, es lo que les imprime esencialidad; si la composición del pueblo es disímil: pluralidad de grupos, tendencias, ideologías, instituciones,  acciones, realidades, entornos, futuros,  entre otras;  esa  pluralidad y diferencia son la impronta de la Cultura Política. Con esto se hace palmaria la complejidad del derecho, de la religión, de la ciencia, del arte, de todas aquellas manifestaciones del pueblo, que deben ser interpretadas por la política; y en términos de Aristóteles y Platón, la política para que sea per se, debe contener elementos de diversidad permanente,  de tal forma que el ejercicio de la política la garantice, es un paradigma en los Estados Modernos.

 

Podemos complementar que para conocer la política, debemos ir indefectiblemente a sus fuentes, una de ellas es la realidad política, interpretada desde el presente político y que es el resultado de una decantada actividad socio-política, que puede ser analizada en perspectiva historiográfica y  determinada por matrices complejas, con variables determinadas e indeterminadas que ilustran su complejidad, que se manifiesta permanentemente en las personas, en sus condiciones de vida, en sus producciones, literarias, científicas, filosóficas o de otro espectro académico o no, que entraña una gran cantidad de información que debe ser interpretada, este es sin duda una gran tarea de la función de Inteligencia y Contrainteligencia.

 

Aunque se llama la atención sobre algunos paradigmas, la Inteligencia y la contrainteligencia del Estado es la llamada a dar cuenta de cada uno de ellos, para su conocimiento, su fortalecimiento, su ejercicio y su especial dinamismo. Esto hace que la Inteligencia y la Contrainteligencia, sea el instrumento de importancia en el Estado moderno.  Por eso la categoría de generar una “cultura de Inteligencia” que legitime la actividad, que permita su socialización y la participación integral de todo el conjunto nacional, para el logro de los objetivos e intereses también nacionales. 

 

POLÍTICA E INTELIGENCIA EN AMERICA LATINA

 

El desarrollo de la política en el mundo moderno y a su vez, en América Latina, se remontan inexorablemente entre otros a las iniciativas teóricas del siglo XVI, con Hobbes y Maquiavelo, que concibieron la política sobre términos de poder, en dinámicas de responsabilidad y estímulo, siendo el elucidario para la obtención de los demás valores en el Estado. Posteriormente desde las Guerras Napoleónicas y la Segunda Guerra Mundial, la política ha sido entendida como un proceso para el mantenimiento de la estabilidad, interna y externa, en sus relaciones en la sociedad y entre las sociedades. Luego, las tendencias han considerado la política en términos de cambio, crecimiento y desarrollo, en un entorno holístico y multidimensional. Se distingue en todas las tendencias el concepto de desarrollo en sentido amplio,  pareciera indicar que se debe poner en práctica una política de desarrollo económico que dé origen a un desarrollo social con capacidad de  inducir el  desarrollo humano y sustentar el desarrollo propiamente político; desde esta ilación observamos que todos los procesos se desarrollan secuencialmente desde lo público.

 

La política es comprendida universalmente y en cierto modo, difundida como la toma de decisiones por medios públicos[8], que a su vez constituye el colectivo dedicado a lo público, en ejercicio del  poder.

 

La especificidad de la política  planteada a través del concepto de poder, a partir del cual se considera político a todo fenómeno en el que se encuentra un elemento que remite al concepto de poder, conduce a derivar como político todo a aquello que ejerce o detenta un mayor o menor gado de poder,  se encuentra vinculado a la política y/o  por lógica metódica a Instituciones Políticas.

 

Las Instituciones Políticas a su vez, son componentes de acuerdos formales para la  vinculación  de  individuos y la regulación de sus conductas a través del uso de reglas explícitas, procesos de decisión ejecutados por un actor o grupo de actores formalmente  dotados y reconocidos como poseedores del poder político.

 

Realizada esta breve compatibilización, es de su esencia que todos los Estados pretendan conocer los actores y factores de poder tanto internos como externos, ello es esencial para la realización del Estado; de allí se desarrolla todo su componente estructural y todo el soporte internacional que el mismo pueda desplegar en referencia con esos representantes externos.

 

Sin embargo, las diferentes amenazas contra el Estado y sus instituciones, se estructuran de idéntica forma,  en tanto también poseen capacidades  generadoras de poder; su mejor forma de ser eficientes, efectivas e inadvertidas, es adoptar sus mismas representaciones; en corolario y como uno de los procedimientos más adecuados, le asiste al Estado la facultad y la obligación de “conocer” dichos componentes. No hacerlo se constituiría en la mayor omisión y sus consecuencias serían de impredecibles proporciones.

 

Esta especial relación procedimental  se concreta en conocer entre otros agentes: 

-  Quienes son los actores legítimos e ilegítimos.

-  Las características de los  actores.

-  Las identidades Sociales de los actores, sus sistemas de vínculos y valores compartidos.

-  El curso y resultado de su acción política.

-  La información sobre la cual realizan sus operaciones o actividades.

-  El entorno de peligros, riesgos, vulnerabilidades y amenazas actuales y potenciales, en  sus diferentes escenarios.

-  Su pensamiento estratégico y prospectivo.

 

En esta actividad se observan unas alternatividades que generan otras vías de acción orientadas a conocer las ventajas competitivas y comparativas del entorno, para anticipar las dinámicas multidimensionales con el mínimo de impacto. En conclusión ese conocimiento del entorno, pretende garantizar la subsistencia del Estado dentro y fuera de sus fronteras territoriales, e incluso en la época de la cibernética, el conocimiento integral de los Estados en el entorno global, garantiza su autoprotección.

 

No es extraño que los Estados se especialicen en conocer a otros Estados, que incluyen todos sus componentes dentro de los cuales se relievan sus dirigentes, su forma de pensar, sus intereses y sus vulnerabilidades; son hombres públicos que aunque con vida privada y particularmente protegida, propician con su actividad, dinámicas que afectan el entorno  hoy globalizado.

 

Todo resalta la absoluta importancia de  la Inteligencia (y la Contrainteligencia) Política, que mediante sus actividades, se encarga de recolectar, evaluar, procesar y difundir información sobre los actores y factores  de poder,  que sirva y oriente  al decisor para la toma de decisiones del más alto nivel. Esta actividad tiene la obligación de observar y evaluar el espectro que circunda todas las demás actividades del Estado y de los demás Estados en relación.  La prevención del “caos” es su mayor fortaleza, impedir que las amenazas se ciernan sobre el Estado y lo conduzcan a su inviabilidad es su mayor reto. Su máxima expresión es la anticipación.

 

Sherman  Kent, en su estudio entre inteligencia y política, resaltó la relativa al rol de la inteligencia en la formulación de la política. A este respecto, Kent señaló: “…La inteligencia no es quien determina objetivos; no es el arquitecto de la política; no es el hacedor de proyectos; no es el realizador de las operaciones. Su tarea es cuidar que los hacedores estén bien informados; brindarles la ayuda necesaria, llamar su atención hacia un hecho importante que puedan estar descuidando, y, a pedido de los mismos, analizar cursos alternativos sin elegir uno u otro…”.[9]

 

De la exposición anterior se distinguen dos áreas,  que en términos académicos son  denominadas como políticas públicas primarias o propias de imperativos políticos, y las políticas públicas secundarias, ejecutadas para llevar a cabo las primeras[10]. Como puede denotarse, las  políticas públicas primarias o los imperativos políticos, denotan el vínculo necesario entre el subsistema político y las necesidades y deseos del sistema social general, y muestran, continuamente, cuál es el nivel de coherencia que dicho subsistema político mantiene con el sistema social que intenta gobernar. Así mismo, la relación entre el subsistema político y el sistema social, es imprescindible para que  las decisiones políticas sean implementadas mediante una o más decisiones específicas de ejecución, eficientes, eficaces y sincronizadas entre sí. Sin embargo esas decisiones específicas de ejecución no dicen relación directamente con las necesidades expresadas sino con la forma de resolverlas; esta distinción es importante porque por regla general el sistema social puede no tener una forma definida y preferible para satisfacer esa demanda primaria, pero juzgará el rendimiento del subsistema político a la luz del efectividad de dichas decisiones específicas de ejecución.

 

Ello confirma que dada la información, es dable que el decisor político adecue su imperativo político al logro de los imperativos sociales, a través de herramientas que permitan el logro, la realización y consolidación de la política pública que no es otra que la materialización de los objetivos e intereses nacionales, sobre su realidad actual y su contexto.

 

La Inteligencia (y contrainteligencia) Política, deberá garantizar de manera oportuna una interpretación en tiempo real de la realidad política y acercarse a una representación de su verdad.

 

En un texto de Jerónimo Molina Castro[11], en referencia a Francisco Javier Conde, se establece la permanente preocupación por «averiguar la verdad política de cada hora histórica», abonada por su discípulo  Rodrigo Fernández-Carvajal, en su propuesta de la “política eterna”, que resalta la responsabilidad dialéctica de los últimos cultivadores del saber político, especialmente europeos: de Carl Schmitt a Günther Maschke en Alemania. De Vilfredo Pareto a Gianfranco Miglio en Italia. De F. Javier Conde a Gonzalo Fernández de la Mora en España. De Raymond Aron a Julien Freund en Francia, entre otros, y en la cual se llama la atención por la esencia de lo político, por su regularidad y en especial por sus ciclos. En consideración se convoca a no olvidar la historia política y a precaver «ad usum principi» el sueño de una política sin enemigos, sin poder, sin discrepancia;  es el eterno problema de la política ideológica: el poder es salvífico si lo tiene el amigo, demoníaco si lo tiene el enemigo.

 

Para Alvaro Antonio Rafael Calderón Hurtado[12], la inteligencia política es sinónimo de Inteligencia de Estado o de Inteligencia Nacional, término último que considera el más apropiado, en tanto procura la realización de todas las actividades necesarias para  la consecución y la protección de los intereses y objetivos nacionales, pero generando una delgada línea interpretativa en cuanto a su contacto con la Inteligencia Estratégica, que en ocasiones les confunde.

 

Su afirmación se entroniza en establecer que en perspectiva conceptual existe una Inteligencia de Desarrollo Nacional y una Inteligencia Político-Estratégica de Seguridad, que apuntan a determinados objetivos y que proporcionará la información necesaria para definir la existencia, la intensidad, y las características de los obstáculos, de los antagonismos y de las presiones que dificultan el logro de los objetivos nacionales.  Sobre un plano del conocimiento procedimental evidencia que no sólo la guerra como elemento fáctico, es uno de los problemas que la inteligencia permite dimensionar, sino que existen otras formas de agresión comunes, como las económicas, las alianzas político-militares, el apoyo exterior a la subversión, las campañas adversas a través de organismos internacionales, la existencia de subversión terrorista,  el uso y abuso de los principios de la libertad y de protección de los derechos de las personas y las diversas  concepciones ideológicas que tienen el empleo de la fuerza y la violencia como un método de acceso al poder.

 

Todos estos aportes epigráficos, conducen a mostrar en América Latina, a agencias de inteligencia y contrainteligencia que presentan elementos diferenciadores que reflejan sus propias necesidades y cuyos componentes particulares son resultado de la adaptabilidad de los organismos a las circunstancias del  Estado, donde realizan sus actividades.

 

Todos los fenómenos presentes en el entorno, han abonado a los cambios de dichas comunidades, e inclusive conforman la denominada revolución de la Inteligencia. Muchos académicos consideran que las actividades expansionistas del terrorismo en sus diferentes manifestaciones, contribuyeron a ordenar las agencias hacia la  atención de amenazas más sofisticadas, modernas, irregulares y asimétricas.

 

Las tendencias en redefinir los conceptos de seguridad y defensa reorientados hacia el diseño, construcción, empleo y control del componente militar y de la nueva definición de las relaciones internacionales, en tiempos donde la guerra o el conflicto tradicional interestatal, ha variado su teatro de operaciones y sus métodos militares, hacia las guerras de cuarta y quinta generación regladas por el desarrollo cibernético, especialmente de las tecnologías de la información y la comunicación, obligaron a los Estados a considerar como prioritarios el desarrollo integral y la capacidad de respuesta de sus órganos de inteligencia y contrainteligencia, vertidas primigeniamente desde su interior, hacia las actividades externas.

 

En América Latina, predominaban las agencias del Estado que dependían de la Presidencia de la Nación, cuyas competencias comprendían las funciones de inteligencia y contrainteligencia exterior e interior, definidas en sentido amplio, en la cual no existían aspectos doctrinales diferenciadores de las diferentes actividades. En este sentido la Inteligencia se encontraba signada por un alto componente político, considerándose desde esa perspectiva en inteligencia y contrainteligencia política, que personalizaban la figura del Presidente con sus respectivas disidencias. De allí que en muchos países latinoamericanos, los órganos legislativos desdeñen las agencias de Inteligencia y limiten sus actividades a extremos que vulneran la integridad del Estado.

 

El mayor desarrollo lo obtiene la Inteligencia y la contrainteligencia en Colombia, medidas sobre operaciones como “jaque” y “camaleón”, que alcanza con Brasil, Chile  y Argentina, el mayor grado de desarrollo doctrinario, e inclusive compartiendo funciones contradictorias de policía judicial, que no le son propias.

 

Otro modelo evidente en América Latina, se encuentra soportado por organismos de inteligencia de las fuerzas armadas únicos, un organismo de inteligencia interior, dedicado a la seguridad, con espectros compartidos y superpuestos indiferenciadamente en términos de actividad y resultados prácticos. Son evidentes en este sentido Venezuela y México, último que ha venido adaptando sus instituciones de inteligencia para hacer frente a las amenazas derivadas del narcotráfico asociado a otras formas de actividad lesivas para el desarrollo del Estado.

 

La otra tendencia, la constituyen aquellos países, que tienen un solo órgano de inteligencia que reúne todas las competencias desarrolladas por sendas dependencias;  caso muy frecuente en los países de Centro América,  del cual es ejemplo Guatemala.

 

Aún con la existencia de tan disímiles estructuras, los Estados Latinoamericanos lideran la adaptación de sus sistemas de inteligencia y contrainteligencia hacia organismos de inteligencia especializados e independientes, con misionalidades particulares, reunidos en lo que se denomina “comunidad de inteligencia”. Tendencia que permite particularizar y especializar los procesos de inteligencia y contrainteligencia, sus medios, métodos y fuentes, con mayor versatilidad y aprovechamiento integral de sus recursos, en torno de un Sistema Nacional de Inteligencia, cohesionado en derredor de sendos desarrollos legislativos.       

 

La doctrina de los Estados Unidos, ha sido la más difundida a nivel latinoamericano, provocando entre otros aspectos la propensión imitativa de establecer una Agencia Central de Inteligencia. En complemento, las democracias latinoamericanas han generado una tendencia hacia la normatización de las actividades de  inteligencia bajo estructuras jurídicas que establecen sus objetivos, finalidades, límites y controles internos y externos, protección de la información, de sus agentes y un entorno punitivo, entre otros.

 

Preciso es determinar que debido a estas dinámicas y a la falta de difusión de las finalidades y objetivos de los organismos de inteligencia y contrainteligencia y de su entendimiento por parte de los diferentes Actores con Poder en el Estado, la relación entre inteligencia y política es cada vez más difusa, con profunda erosión de la estructura misma del Estado.  Muchos de esos Actores, se presentan reticentes a ser objeto de las actividades de Inteligencia y contrainteligencia, aún cuando dichas actividades estén orientadas a la obtención de los fines esenciales del Estado y su actividad se encuentre reglada. El temor infundado que se propicia sobre el desconocimiento de las actividades de inteligencia y contrainteligencia, sigue una directriz de exclusión generalizada de altos dignatarios del Estado, que provoca una franja exceptiva de alta sensibilidad para el normal funcionamiento del Estado, vulnerabilidad en los más altos centros de poder, y en una mayor facilidad de infiltración y penetración por las diferentes amenazas. Esa concepción errada es proporcional a la facilidad como las heterogéneas amenazas pueden afectar el normal desarrollo del Estado, y  propiciar sus diferentes, injustas y torticeras manifestaciones.

 

Se aprecia connaturalmente, que aún cuando las competencias de los organismos de inteligencia y contrainteligencia engloban aspectos de política interna y externa, su vinculación y relación con los Ministerios que formulan dichas políticas, como los casos de Colombia, Argentina, Brasil y Perú,  es inexistente o nula y aún cuando dependan administrativamente de algún Ministerio, como Chile o México, sus competencias  exceden las propias del respectivo Ministerio. En este sentido las dimensiones de la Inteligencia y la contrainteligencia, no se adecuan a las estructuras de quienes realizan sus tutelas administrativas.

 

En términos generales en Latinoamérica, los organismos de inteligencia y contrainteligencia han desbordado sus estructuras funcionales y organizativas, como evidencia y respuesta a la evolución sistémica y acelerada de las diferentes amenazas y el Estado político, no ha podido realizar un dimensionamiento real de sus componentes, de sus realidades, de sus facultades y objetivos, subutilizando o utilizando inadecuadamente la mayoría de sus elementos, convirtiéndolos en estructuras reaccionarias que responden a eventos coyunturales y a decisiones de orden gubernamental, que solo se activan por razón de la ocurrencia de eventos excepcionales.     

 

LA INTELIGENCIA POLÍTICA Y LAS NECESIDADES POLÍTICAS

 

Para introducirnos en esta simbiosis, es menester determinar que dentro de  los estudios políticos que han repercutido en la formación de conceptos y prácticas políticas, se tiene el enfoque de Harold Lasswell cuando enuncia varios aspectos básicos que se constituyen en los valores esenciales  a los cuales aspiran todos los individuos  y que se instituyen en el objetivo de la ciencia política;  La Inteligencia y la Contrainteligencia Política, tienen como designio, el conocimiento integral de tales componentes. Lasswell estipula que dichos valores son el poder, la ilustración, la riqueza, el bienestar, la habilidad, el afecto, la rectitud (la justicia y la moralidad) y la deferencia (el respeto)[13], dentro de un espectro permanente de seguridad y libertad.

 

Los administrados desean disfrutar de cada uno de esos valores y de una manera prolongada, permanente y sin las afectaciones externas que pongan en riesgo o peligro su patrimonio material e inmaterial y de los cuales el  Estado debe ser garante.

 

Esto resulta en la eficacia de lo político, que se debe sustentar en sus propias capacidades, en aquello que puede hacer y realizar con los recursos disponibles y en un entorno real existente, en la determinación de sus prioridades, esencialmente en el conocimiento de aquello que le es propio. En esta situación, las necesidades políticas se hallan signadas por la pre-existencia de un organismo del Estado dedicado a la realización de esos estudios y a la producción de los activos de información necesarios para materializar los valores y el entorno antes determinados. Es sin duda alguna la Inteligencia (y la Contrainteligencia) Política.

 

En este entendido, la política coordina las expectativas humanas relacionadas con sus valores esenciales y los orienta hacia la consolidación de su imaginario, de tal manera que desde allí se ordenen los objetivos nacionales.

 

Explorado este espectro, se evidencia que la Inteligencia (y la contrainteligencia) Política, tienen la facultad y la obligación de conocer los aspectos políticos desde sus diferentes perspectivas o niveles, que ofrezca al decisor político, la inteligencia suficiente y necesaria para la dirección Nacional, sobre el conocimiento real de patrones legítimos de valores, la reevaluación de las prioridades fundamentales, el entendimiento del imaginario colectivo y de sus objetivos, inclusive la tasación y cambio de los mismos o determinación de otros nuevos, que en términos de Deutsch orientan el  devenir Nacional.

 

INTELIGENCIA POLITICA Y PODER

 

La historia política del hombre se resume en una ecuación con dos elementos: mando y obediencia; donde el primer monomio es reducido y el segundo el abrumante mayoritario. Determinar la relación entre uno y otro depende de los diferentes factores, fenómenos, actores y escenarios, que conforman su contexto. En la gran mayoría de estudios antropológicos es evidente el mando y la sumisión, el matriarcado, el patriarcado, la monarquía, la poliarquía, la democracia, la tiranía,  entre otros. Desde las más primigenias y simples estructuras políticas, relacionadas con el Hombre, hasta su tránsito por las corrientes tribales que derivan en la formación de los Estados modernos y sus complejas estructuras, el componente mayoritario de estas comunidades se ha sometido a reconocer a quienes les dirijan,  que conforman una minoría sustancialmente mínima, bien sometiendo por coacción, represión o voluntad de la mayoría, es decir o se acepta el obedecer o se somete a diferentes factores que lo subyugan y que lo reducen a la presión de la mayoría obediente. Sea la forma o las circunstancias,  se encuentran estas dos polaridades, unos “mandan” o ejercen el poder y otros son “mandados” o sometidos al poder, manteniendo un orden de difícil datación, pero que se presume tan antiguo como el Hombre. Si observamos las culturas como la Griega, o la Romana, o la Egipcia, en la protohistoria o en los tiempos modernos esa relación ha existido como una constante universal. Como corolario,  la ecuación de poder es el resultado de mando y obediencia; en ilación todo poder es político, no existe un poder que sea solo económico, social o militar, todos están relacionados con el fundente primigenio “Lo  Político”.

 

Es un fenómeno Psicosocial, de actitudes y comportamientos en las cuales unas voluntades aceptan otras que se imponen por la razón o por la fuerza o por el mayor o menor grado de mixtura de ambas.

 

Karl Friedrich[14], concluía que el poder “Es una reacción humana en la cual el líder y sus secuaces están unidos por el logro de algunos objetivos comunes, en parte por el consentimiento y en parte por la coacción”.

 

Según Agnes Heller[15] esta ecuación solo se da en el espectro de la sociedad política y abarca el conjunto de elementos que en ella actúan, incluyendo el gobierno, que puede dividirse en dos o tres poderes u órganos (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) o sólo en dos (Ejecutivo-legislativo y Judicial) y a los grupos de interés, quienes serán los que conformen los grupos de presión en el lenguaje de Georges Burdeau o los contrapoderes, en el esquema de pensamiento de Bertrand de Jouvenal. En inferencia el Poder no lo detentan de manera exclusiva  quienes gobiernan formalmente el Estado, sino aquellos que  lo comparten desde los otros factores de poder, que operan detrás de los diferentes escenarios  y tienden a dominar o a influir en aquéllos, como se evidencia en las actuaciones de sindicalistas, periodistas, líderes de asociaciones intermedias, organizaciones no gubernamentales, asociaciones, organizaciones Internacionales, entre otros, con la ayuda de elementos amplificadores de la modernidad,  como las Tecnologías de la Información y la Comunicación. 

 

Un elemento propio del poder es el componente psicológico que se suma a la gran mayoría que lo reconoce, e incluso del otro componente minoritario que se le adhiere. La evidencia del poder es la Ley promulgada, la orden cumplida, la sentencia acatada y el respeto del espectro que los unos generan respecto de los otros en el Estado.

 

Duverger[16] pensando en los espectadores de estos escenarios del poder,  manifiesta: “La aceptación por parte de los gobernados no siempre viene después de la fuerza o acompañada por ella. A menudo la precede y sea como fuere se basa en ella. Los gobernados creen que deben obedecer, que es necesario hacerlo respecto de los gobernantes establecidos de cualquier manera que sea”.

 

Entonces uno de los factores importantes del poder es el reconocimiento de quienes lo obedecen, sin importar sustancialmente quien lo detenta, correspondiéndose con la institucionalización del poder propio de los sistemas representativos. De esto la importancia de la democracia o la utilización de las mayorías en los Estados modernos,  en tanto y que mediante un acto,  legitima la entronización del poder. En porfía el Poder es una Estructura: LA ESTRUCTURA DE PODER.

 

Bertrand Russel, cavilaba:   “hay que distinguir entre el poder tradicional, el revolucionario y el desnudo. En el primero impera el consentimiento, en el segundo la ideología, la utopía o el mito y en el tercero, la coacción”,

 

Max Weber, en cambio, sostenía que hay tres tipos puros de dominación legítima: a) la racional (o sea la dominación legal con administración burocrática); b) la tradicional; y c) la legítima. En la racional –nos dice- se obedecen a las normas impersonales y objetivas y a las personas, que de acuerdo con ellas ocupan los cargos en el gobierno. En el segundo supuesto se obedece a la persona establecida por la tradición (monarquía absoluta) y en el tercer caso se sigue al caudillo en base a la fe y confianza que personalmente suscita por razones de atracción psicosocial o heroicidad. En todos los casos la acción de unos determina el comportamiento de otros.

 

En armonía, la fórmula de PODER está contenida en el Capítulo VI del libro XI de “L’Esprit des lois”, publicado en París en 1748. Decía allí Montesquieu, que “En todo Estado hay tres poderes que se diferencian entre ellos por sus diferentes funciones o tareas. Estos tres poderes -continúa- son el Legislativo, el ejecutivo de los casos relacionados al derecho de gentes y el ejecutivo de las cosas que dependen del derecho civil. El primero consiste en hacer las leyes transitorias o definitivas y derogar las existentes o vigentes. El segundo, que también puede denominarse Poder Ejecutivo del Estado actúa en materia de defensa y de relaciones exteriores tanto en tiempos de guerra como de paz y el tercero es el Poder Judicial, cuya función es castigar los delitos y resolver los conflictos entre los particulares…”, y luego agregaba: “Tales poderes pueden ser ejercidos por la misma persona o cuerpo o no … En el primer caso, no hay libertad … porque para que exista la libertad debe haber un gobierno tal que ningún ciudadano pueda temer a otro. Y por ello -concluye- deben atribuirse distintos poderes (con sus respectivas funciones) a distintas personas o cuerpos”.

 

Para complementar las dilucidaciones pertinente es auscultar lo elaborado por John Adams, segundo presidente de los Estados Unidos, que en carta a John Taylor en 1814, relataba: “¿Hay en la historia una Constitución más complicada en sus equilibrios que la nuestra? … En primer lugar, dieciocho estados y algunos territorios contrapesan al gobierno federal; en segundo lugar, la Cámara de Representantes contrapesa al Senado y el Senado a la Cámara (The House). En tercer lugar, la autoridad ejecutiva contrapesa en una cierta medida a la autoridad legislativa. En cuarto lugar el Poder Judicial contrapesa a la Cámara, al Senado, al Poder Ejecutivo y a los gobiernos de los estados. En quinto lugar, el Senado contrapesa al Presidente en todos los nombramientos de los funcionarios públicos y en todos los tratados con naciones extranjeras. En sexto lugar, el pueblo tiene en sus manos el control sobre sus propios gobernantes por las elecciones bianuales. En séptimo lugar, las legislaturas de los diferentes estados contrapesan al Senado por las elecciones sexenales (de los senadores). En fin, en octavo lugar, los electores secundarios (en los colegios electorales) contrapesan al pueblo en las elecciones de Presidente…”. Y agregaba: “Hay una complicación de equilibrios que en mi parecer es una invención propia y original…”

 

El poder en conclusión comprende el camino y la esencialidad para la obtención de los valores Nacionales;  su ejercicio se evidencia en la capacidad de orientar la acción e inclusive los resultados hacia un orden determinado. Robert Dhal, lo enuncia como aquella capacidad de cambiar la probabilidad[17]. El poder es sin lugar a duda,  además de una ecuación de mando y obediencia, una capacidad, que se demuestra en  la mayor o menor atribución de cambiar la realidad, o de incidir en los cambios que se encuentran en proceso.   

 

No es suficiente detentar el PODER,  a lo anterior es meritorio resaltar que Nicolás Maquiavelo, consideraba la existencia de una ética del poder, tanto como la existencia de una política de poder sustentadas en la honestidad, la generosidad, el valor y la piedad; haciendo lo necesario para detentarla con prudencia, habilidad recursos y singularidad. La importancia de la máxima es considerar al Estado mucho mas allá que un instrumento, para la distribución de recursos, con capacidad para “incluir” y “tolerar”, que desarrolle un sentimiento social de pertinencia y considere a la propia comunidad y sociedad en el logro sostenido de los Intereses Nacionales.

 

Bluntschli[18] considera: “El poder es necesario por dentro y por fuera, no pudiendo ningún Estado nacer ni afirmarse sin él. Allí donde las relaciones del poder se han afirmado, la fuerza tiende á unirse al derecho, y generalmente lo consigue, haciéndose reconocer, purificar y santificar por él. Sin el derecho, la fuerza es bestial, es el lobo que devora al cordero; unida al derecho, hácese digna de la naturaleza moral del hombre”.

 

Las características del poder conforman un amplio espectro que se sustentan en los motivos y en las oportunidades de su ejercicio, inclusive en sus diferencias y similitudes; de igual manera derivan en influencia y en autoridad como grados.

 

Compaginan con la definición de poder las actividades de Inteligencia y Contrainteligencia, por cuanto sus finalidades se encuentran signadas por el conocimiento y la defensa de todos los componentes del Estado, quienes ejercen diferentes y diversos grados de poder y de su entorno holístico; la producción de inteligencia debe orientarse a minimizar los riesgos en el ejercicio del poder, e inclusive en señalarle las alternativas para el mantenimiento del Poder Nacional y la definición de la Política Nacional, que lo legitima.

 

Si ello es así, la importancia de la Inteligencia Política, (y Contrainteligencia) es sustancial para la existencia de los Estados Democráticos, dada la concepción de lo Nacional y entendida  como el conjunto de principios, políticas, objetivos, estrategias, procedimientos, organismos, funciones y responsabilidades de los diferentes componentes del Estado, en los cuales se centra la responsabilidad de garantizar su independencia, soberanía e integridad, sobre postulados de respeto a  los derechos fundamentales establecidos en la Constitución Política y con la capacidad de consolidar  la paz, el desarrollo y la justicia, dentro de un Orden Constitucional que además deben defender, como finalidad primordial.

 

El poder deberá  ejercerse dentro de un componente que se corresponda con el conjunto de lineamientos que definen los cursos de acción para prevenir y contrarrestar amenazas y vulnerabilidades de la sociedad y sus instituciones, que solo pueden ser procesados dentro de las actividades de Inteligencia y contrainteligencia.

 

De igual manera la Política Nacional como expresión del Poder Nacional y especialmente la Política de Seguridad, debe corresponder con la Agenda Estratégica  que el Estado utiliza, definiendo las temáticas para garantizar la seguridad nacional y debe coordinarse con la Agenda de Riesgos y Amenazas en las cuales es necesario  enumerar los diferentes  temas producto de análisis permanente, identificando,  determinando y modelando las diferentes  amenazas, vulnerabilidades y riesgos a la seguridad del Estado, al bienestar de las personas, al desarrollo de la sociedad y la estabilidad de las instituciones.

 

No obstante, como componente político de gran importancia: del Plan Nacional de Desarrollo, se debe derivar un plan estratégico sectorial, que determine los conjuntos de acciones que las Instituciones del Estado en su conjunto deben desarrollar para garantizar su viabilidad, orientando su misión, sus acciones,  sus estrategias y definir los objetivos Nacionales, de los cuales debe emanar el Plan Nacional de Inteligencia y Contrainteligencia,  como determinante del marco institucional, instrumental y funcional del Estado para hacer frente a los desafíos y amenazas,  que se presentan en el entorno (interno y externo), generando acciones de coordinación interinstitucional al más alto nivel y sujeto a los diferentes controles democráticos, dirigidos a garantizar y depurar las acciones que le permitan el cumplimiento de su función, en conjunción con una ley Seguridad y Defensa Nacional que consolide y legitime toda la estructura y sistema. Su finalidad es el fortalecimiento de las instituciones del Estado que desarrollan  actividades de Inteligencia y Contrainteligencia, la anticipación y control de las amenazas, la minimización de las vulnerabilidades y  la prevención de los riegos que impidan al Estado cumplir con sus fines;  por ello la importancia de conformar un sistema institucional del más alto nivel en materia de relación, para coordinar las diferentes instituciones en el ordenamiento de sus políticas de manera integrada.

 

El ejercicio del poder patentizado en las decisiones políticas, en lo que se refiere a inteligencia y Contrainteligencia Política, requiere el conocimiento de sus principales componentes, de sus problemáticas, de sus diferentes alternativas y escenarios,  que faciliten y permitan su ejercicio y el fortalecimiento de la actividad. Esta es la importancia del organismo como instrumento estratégico y prospectivo, en y para la realización de los fines esenciales del Estado, a partir de su necesidad de conocimiento.

 

Para garantizar que la actividad de Inteligencia (y Contrainteligencia) Política, conforme y reafirme las expectativas en el adecuado uso del poder,  es menester para el éxito de sus actividades y su desarrollo, crear un régimen especial de carrera,   que establezca los requisitos de ingreso, los procedimientos de selección, sus perfiles, sus derechos, sus deberes, sus obligaciones, sus prohibiciones, su formación básica y especializada, su proyección, su perfil profesional, su protección personal, jurídica y familiar, y en especial el régimen de promoción y de calificación en la carrera misma, que sea tan diferente a los demás empleos públicos, como lo son sus actividades. Solo a través del mayor grado de  idoneidad de sus recursos humanos, se podrán garantizar los objetivos compartidos de manera integral.     

 

LA INTELIGENCIA POLITICA Y LOS FACTORES GENERALES DE ANALISIS:

 

Armónicamente con lo determinado en el antecedente, los factores generales de análisis para la elaboración de la visión estratégica de un Estado, a realizar por los organismos de Inteligencia y contrainteligencia política,  son entre otros los siguientes:

 

1.  Las descripciones  generales y específicas de los sistemas predominantes en el entorno, internacional, regional, nacional y local.

2.  La identidad de los diferentes  actores, sus valores, sus intereses y sus objetivos tanto generales como específicos,  a largo,  mediano y corto plazo.

3.  Los escenarios generales y/o específicos  de interés estratégico para cada uno de los  actores.

4.  La identificación y caracterización de los demás actores involucrados en sus diferentes escenarios.

5.  La deducción y proyección de los intereses y objetivos estratégicos de los diferentes actores.

6.  La descripción y evaluación de las relaciones entre los diferentes actores.

7.  La definición de las debilidades, fortalezas,  amenazas y oportunidades, actuales y potenciales, de los sistemas existentes, en los diferentes escenarios probables y posibles.

8.  La determinación y evaluación de los diferentes factores determinantes y condicionantes del ámbito estratégico del Estado.

 

Este análisis conforma el compendio de elementos de “Inteligencia Estratégica”, que compone la herramienta fundamental, con los elementos mínimos cognitivos necesarios para la toma de decisiones políticas. Los productores de Inteligencia y contrainteligencia, en cualquiera de sus niveles, deben encontrarse muy cercanos de aquellos que consumen sus productos, es decir debe estar lo más cerca de aquellos a quienes sirve.

 

Manuel Ugarte[19], resalta que: “resulta indudable que la relación entre el productor y el consumidor de inteligencia o entre la inteligencia y la política, además de cercana –como aquí lo postulamos- debe ser adecuada. Mientras que la cercanía –física o electrónica- permite mejorar sustancialmente la pertinencia del producto, ello no puede significar detrimento a la calidad de aquél, es decir, tanto la calidad de la información –su rigurosa exactitud, su oportunidad –como a la profundidad y objetividad del análisis.”

 

La inteligencia estructura su éxito en los cursos de acción que su información producen en el entorno a partir de las decisiones adoptadas y en la capacidad para prever las consecuencias de dichas decisiones, en su exactitud, pertinencia, oportunidad y objetividad. El decisor político, como usuario de la inteligencia es quien puede excitar o culminar los procesos adelantados por las agencias de inteligencia y contrainteligencia.   

 

CULTURA DE INTELIGENCIA POLITICA COMO PARADIGMA ESTRATEGICO

 

La cultura de Inteligencia se encuentra influenciada por los diferentes factores teóricos provenientes de disímiles tendencias doctrinarias del mundo, donde confluyen y se mezclan apreciaciones que van desde las estructuras jurídicas dominantes y desconocedoras de los contextos en los cuales se desarrollan las actividades de inteligencia y contrainteligencia, hasta los grupos de resistencia y de guerra jurídico-política, que tratan de influir en la dirección, caracterización y objetivos de las mismas, interviniendo y mediando en los resultados de quienes legítimamente detentan el poder. 

 

Los organismos de Inteligencia y contrainteligencia deben entender y asumir de manera coordinada y colaborativa los nuevos retos evidenciados a partir del 9/11; todos los componentes políticos, en especial el cuerpo parlamentario debe conocer, discutir y apropiarse de  sus conceptos y defenderlos frente a las vulnerabilidades mediáticas que procuran orientar las decisiones políticas a partir de la utilización de la influencia de los diferentes medios de comunicación. Se observa que desde la fecha arriba indicada, los medios de comunicación resultan los más vulnerables a los procesos de penetración e infiltración por diferentes amenazas, dada su cobertura y capacidad de relación, en especial cuando el contexto social se vuelve ávido de los asuntos de Inteligencia y contrainteligencia, dada su atracción.

 

Otros grupos vulnerables que pudieran aportar en la construcción de una cultura de inteligencia y contrainteligencia,  son los grupos universitarios estudiantiles, dada su cercanía con las realidades sociales y a las diferentes disciplinas que abordan desde perspectivas disímiles, como el derecho, la política, la economía y la historia, entre otras. La Universidad que incluye sus docentes y actores académicos, podría constituirse en pivote de las diferentes relaciones y  de la construcción doctrinaria de soporte de las actividades enunciadas; por su importancia en el desarrollo nacional, son centros de pensamiento que deben coordinar sus propios objetivos con los nacionales.

 

Como se manifiesta, es necesaria la educación integral para desarrollar el entendimiento y apreciación de las actividades de Inteligencia en una sociedad democrática, que implique inclusive la colaboración directa de la misma en el logro de sus propósitos.

 

Las actividades académicas relacionadas con los organismos de inteligencia y contrainteligencia, solo se dan dentro de sus especiales y reservados claustros de formación y su socialización es en extremo inferior al mínimo, sometiéndose en consecuencia a los imaginarios construidos desde los libretos de Hollywood, o desde la creatividad literaria reflejada y promocionada a través de los cinéfilos “super-agentes” como James Bond (Agente 007).  Las actividades académicas que nutran y propendan por la construcción de una cultura de Inteligencia desde la investigación o desde los centros de educación, es muy distante en los actuales tiempos; ello se evidencia en los estudios de las actividades de inteligencia y contrainteligencia realizados a nivel académico, en las instituciones Universitarias y en las agendas investigativas.

 

Obsérvese que las agencias de inteligencia y contrainteligencia, operan bajo una estructura burocrática, que organiza sus comportamientos en forma muy similar a las demás instituciones del Estado.

 

La Política no ha  conducido a la conciliación de fines y medios de una estrategia de inteligencia nacional y procura la inexistencia de la Inteligencia y la Contrainteligencia Política sobre elementos conceptuales que no le son aplicables y que produce una mayor vulnerabilidad del Estado.  En la mayoría de los Estados, la inteligencia y la contrainteligencia política se encarga del diseño de la política estratégica nacional y de sus relaciones internacionales, es un proveedor de insumos para las decisiones estratégicas nacionales. 

 

Con todo, en términos de la actividad de inteligencia político estratégica y en la confección de estructuras cognitivas para la formulación de políticas públicas, la información relieva su importancia. Este insumo que deriva en importante  producto  de una actividad del Estado, que transita por el denominado “ciclo de inteligencia”, es de las instituciones su mayor graduación en el desarrollo político del Estado. El proceso procura distinguir entre los datos relevantes y la convicción, que faciliten el desarrollo eficiente de las actividades del Estado. Las labores de inteligencia, en especial la política siempre ha estado presente en el desarrollo nacional, acrecentándose su certidumbre en los tiempos modernos[20].

 

Las agencias de inteligencia, orientan su actividad hacia asuntos estratégicos, en especial a la preparación de agendas de defensa exterior y de relaciones exteriores, alcanzando su máximo apogeo en términos de la segunda guerra mundial con la proliferación de la “información científica”. En la actualidad continúan su dinámica, adecuando sus estructuras a los fenómenos jurídicos de los correspondientes Estados, en especial se prueba su presencia y protagonismo en la definición de políticas públicas a partir del 11 de Septiembre de 2001, fecha desde la cual el sistema político, percibe la necesidad de inteligencia como insumo para que el Estado provea su seguridad integral y garantice los derechos de su componente social.

 

LA INTELIGENCIA Y CONTRAINTELIGENCIA POLITICA Y LA GUERRA POLITICA

 

Las guerras se originan por  circunstancias y decisiones  políticas, su espectro se consume en la actividad política, y sus resultados son plausibles dentro del contexto de la guerra política, originada por las diferentes amenazas que se ciernen y estructuran contra el Estado.

 

Los Estados modernos, en el presente y con mayor razón en el futuro, no tendrán necesidades de enfrentamientos bélicos o armamentísticos o de recurrir a las armas convencionales para dirimir sus conflictos o diferencias; ello evoluciona rápidamente  a otros ámbitos donde las relaciones políticas, adquieren su suma importancia en la resolución de dichas controversias.

 

El enfrentamiento entre ejércitos tradicionales, propio de las guerras de generaciones pasadas, cede el paso a otras formas más especializadas y sofisticadas de hacerla, con alto gradiente de éxito y donde los teatros de operaciones y la temporalidad de los enfrentamientos son adimensionales o procuran serlo en su intervalo más extenso.

 

La razón de las guerras futuras será “la estrategia y lo estratégico” entendidos como aquellos que garantizan el éxito del emprendimiento, sobre un sustrato netamente político. Las dimensiones de la guerra política son holísticas y los actores vinculan un gran número de colaboradores ajenos e impropios a las organizaciones, que sin saberlo siquiera abonan a los intereses políticos de las partes.

 

Es en estos escenarios y en las futuras épocas donde la guerra política adquiere y alcanzará su mayor protagonismo, y los epítetos de CHIANG KAI SHEK y MAO,  adquirirán gran importancia por su contenido orientador: “Nuestro objeto en las operaciones políticas está encaminado a ganarnos el apoyo del pueblo y destruir el espíritu combativo del enemigo, concluye diciendo ´´Si deseamos regresar al continente Chino y destruir el régimen comunista chino, tendremos que luchar contra el enemigo no solo militarmente, sino también políticamente¨.

 

La guerra política enfatiza el desarrollo de la fortaleza política  en diversas  condiciones de maniobrabilidad que se plasman en los heterogéneos componentes que la conforman; esto se hace palpable en la locución del Señor Presidente de los EE.UU., JOHN F. KENEDY, que procuró hacer una aproximación a la definición de la Guerra Política en términos de considerarla: ¨ (…) un nuevo tipo de guerra, nuevo en su intensidad; antiguo en sus orígenes, guerra de guerrillas, subversión, rebeliones, asesinatos.  Una guerra de emboscadas que reemplaza al combate abierto, técnicas de infiltración en lugar de agresión manifiesta … es esta una clase de contienda que se libra en los campos de la insatisfacción económica y de las inquietudes étnicas del mundo actual¨.

 

Edgar Javier García Nieto, considera que ´´La guerra política es un nuevo tipo de guerra, guerra integral; está encaminada a destruir la voluntad de combate del enemigo mediante acciones políticas, económicas, sicosociales y militares, orientadas a minar las estructuras básicas del Estado y a la toma violenta del poder, apelando a la combinación de todas las formas de lucha.´´Observando los componentes así enunciados, nos encontramos frente a una guerra de carácter estratégico. Por esta razón muchos tratadistas, consideran que la verdadera inteligencia y contrainteligencia estratégica alcanza su finalidad en la Inteligencia y contrainteligencia Política.

 

La Guerra Política se satisface y compone según el modelo Chino Nacionalista, difundido por el Colegio de Guerra Política de Fu Shing Kang, (TAIWAN) – en seis tipos de guerra: Guerra Ideológica o Guerra de Ideas, Guerra de Inteligencia, Guerra Sicológica, Guerra de Organizaciones, Guerra de Estratagemas (Guerra Jurídica, Guerra Informática o Ciberguerra) y Guerra de Masas, de cuya conjugación se engendra lo que hoy se denomina guerra asimétrica.

 

Esta Guerra Política se realiza rebasando múltiples manifestaciones y concepciones, con contenidos disímiles, que transitan y se promueven desde implícitos  políticos a los religiosos y fundamentalistas; no obstante, es asumida como forma de lucha que atenta contra los Estados democráticos y sus instituciones, que  aprovecha el alto grado de vulnerabilidad de los objetivos e intereses nacionales. En su ejercicio, las diferentes amenazas procuran organizarse integralmente, en niveles políticos, complementados con aspectos militares que patenticen su existencia y que  siguen una tendencia Maoísta (Mao Tse Tung), implementando sistemas clandestinos en círculos vecinales mínimos, que conducen hasta el desarrollo de  actividades locales, municipales,  regionales, nacionales e inclusive internacionales.

 

Siguiendo su estructura ideológica para generar un imaginario identitario, consideran que su actividad debe iniciarse en las zonas rurales, donde conforman y mimetizan sus organizaciones, para luego consolidarlas en las zonas urbanas, como mecanismo de legitimación y de maximización de sus finalidades y objetivos. Procuran el mayor impacto en los planes establecidos,  usando un mínimo de recursos, estilando además medios amplificadores que magnifiquen sus actividades.

 

El desarrollo de la guerra política se difumina y potencializa en los tiempos de las TICS mediante el uso de redes, de gran alcance, magnitud y tramado, buscando la utilización de rutas idénticas en nodos y rutas incomparables,  para la obtención de un mismo logro, buscando con esta dinámica, evadir las actividades de Inteligencia y contrainteligencia del Estado, pero obteniendo al finalizar el proceso,  un provecho ampliado.

 

Sus estructuras identitarias y organizativas se ubican en las periferias de los sistemas y las actividades de control se delegan a un grupo nodal con esta particular función. Si un entramado es detectado, no afectaría el planeamiento de la actividad por la dimensión multipropósito de la red que potencializa factorialmente sus alcances, reemplazando ipso facto, el tramado anulado, regenerándose casi instantáneamente. Lo evidente en este procedimiento es el componente operacional y táctico, que ha llevado a la comunidad de inteligencia y contrainteligencia a ser correspondiente con dicho proceso y a ceñir sus actividades en estos rediles, limitando e inclusive confundiendo el real sentido de la Inteligencia y la Contrainteligencia Estratégica.

 

En estas condiciones, la Guerra Política, es multifacética y multiactiva, holística e integral, sus expresiones son convenientes y sometidas a grados extremos de reserva, aprovecha las mínimas vulnerabilidades y maximiza sus alcances y magnitudes, se nutre de la desidia del Estado, de la corrupción, de las faltas de poder y autoridad, de las necesidades insatisfechas y en general del déficit  de Estado, desarrollada por las diferentes amenazas contra el Estado y sus instituciones, que solo puede ser combatida mediante actividades de Inteligencia y Contrainteligencia, que cuente con un alto grado de legitimación, en un entorno Holístico, sistémico e integrado, donde su mayor fortaleza lo debe constituir la Inteligencia y Contrainteligencia Política. 

 

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[1] DEUTSCH, Karl W. Política y Gobierno, como el  pueblo decide su futuro, Fondo de Cultura Económica, México, 1970, Página 15.  

[2] Hannah Arendt, Qué es la política?, Ediciones Paidos, Barcelona 1997,  traducción de Rosa Sala Carbó.

[3] Crik Bernard, In defense of politics, 4a Edición, revisada y aumentada, Londres,  1992. 

[4] Cfr.

[5] Sánchez A. Luis, Principios de teoría política, 6ª Edición, Madrid, 1976, Página 68.  

[6] Schmitt. Carl, legalidad y legitimidad, Editorial Duncker & Humbolt, 6ª Edición, Berlín, 1998. 

[7] Duverger. M, Los regímenes políticos, Editorial Difel, 1966.

[8] Ibid.

[9] SHERMAN, Kent, Inteligencia Estratégica para la política mundial norteamericana, Editorial Pleamar, Buenos Aires, 1986, Capítulo XI, pág. 213.

[10] FUENZALIDA, Patricio, La Nueva Inteligencia de Chile. Análisis del Sistema Político de Toma de Decisiones en Seguridad y Defensa, Estudios de Defensa, Documento de Trabajo Nº 20, Santiago de Chile, Universidad Católica de Chile, 2007.

[11] MOLINA, Jerónimo, Julien FREUND, lo político y la política,  Madrid, Sequitur, 2000.

[12]  CALDERON H. Alvaro,  en http://meltingpot.fortunecity.com/alberni/698/revista_docente/iii_v/c2.html (25de Julio de 2010).

[13] Opus Cit. Página 26.

[14] Pellet, L. Arturo, Teoría del Estado, Editorial Abeledo-Perrot, Buenos Aires, Argentina,  1998.

[15] Op. Cit.

[16] Duverger,M, Los partidos políticos, Fondo de Cultura Económica, México, 1987.

[17] MEADOWS, D.H y Otros, Los límites del crecimiento, Fondo de Cultura Económica, México, 1972. 

[18] BLUNTSCHLI, J.G. Derecho público Universal, Universidad de Sevilla, Sevilla,  1880.

[19] UGARTE, José M. La relación entre Inteligencia y política; y sus consecuencias en las estructuras y normas de los Sistemas de Inteligencia. Brasilia,  2005. 

[20] En muchos Estados existieron las denominadas Logias de Asuntos Secretos, caracterizadas por la estrictez en el manejo de dichos asuntos;  se hicieron evidentes a finales del Siglo XVII y aún hoy mantienen dicha disciplina.

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