CONFERENCIA

La Incorporación de la Función de Inteligencia en las Operaciones de Paz

Por: Andrea Lodeiro Encina

Escuela Superior de Guerra del Ejército de Colombia

26 de Agosto de 2010

Resumen:

Un largo debate acerca de la incorporación de la función de inteligencia, precede la reforma actual que se está llevando a cabo en Naciones Unidas, cuyo objetivo es enfrentar, tanto los problemas que se producen en las misiones de mantenimiento de la paz para alcanzar el éxito en sus misiones de seguridad, como también, para enfrentar el escenario de escases de recursos que se agrava ante demandas simultáneas de intervención de dicha organización. Mientras Naciones Unidas no reconoce aun que debe incorporar la función de inteligencia dentro de la estructura, las condiciones para el desarrollo de misiones de paz empeoran cada vez. Esta es una invitación a los países que ya entienden el valor de la información de inteligencia para la toma de decisiones, a pensar en como ayudar desde su posición a encontrar una solución, principalmente identificando los problemas de Naciones Unidas y creando la definición de función de inteligencia para operaciones de mantenimiento de la paz.

Palabras clave: ONU, Inteligencia, Sitcen, Jmac, JOC.

  1. I. INTRODUCCIÓN

Desde hace varios años se viene produciendo en los círculos militares, académicos y políticos, un debate acerca de la incorporación de la función de inteligencia en las operaciones de mantenimiento o imposición de la paz de la Organización de Naciones Unidas (ONU). Esto obedece, a que en todas las misiones que involucra despliegues militares, vale decir, aquellas misiones que se configuran al amparo de los Capítulos VI, VI ½ y VII[1], se ha hecho necesario contar con información útil y oportuna para responder correctamente a los retos y desafíos a los que se enfrenta. Esto implica desarrollar una capacidad exclusiva en Naciones Unidas para producir información estratégica, en un contexto en que las informaciones que recibe de otros organismos u estados, no es suficiente para adoptar decisiones correctas, ni es lo suficientemente precisa para llevar adelante misiones complejas. Muchas veces esa información externa es parcial, insuficiente y errática.

Tanto para el diseño de los planes y mandatos, así como también, para el desarrollo de las misiones que buscan generar un entorno seguro para la población a la que está asistiendo y para los elementos de la ONU, se requiere de información que ayude a adoptar decisiones en todos los momentos de un conflicto, que permita anticipar escenarios, que eviten los fracasos de las misiones en su contexto general y, en particular, que ayude a proteger a los cascos azules y a los asistentes humanitarios de los ataques frecuentes por parte de actores inconformes con su presencia.

Incorporar esta capacidad, puede dotar a la ONU de una ventaja estratégica que no es fácil de asumir por la comunidad internacional. Concebir un sistema que facilite realizar procedimientos de recolección, procesamiento, análisis y difusión pertinente de información estratégica, que sea realmente adecuada, es aceptar que Naciones Unidas tenga un Sistema de Inteligencia, lo cual involucraría trabajar ciertos temas bajo secreto, una situación que es contraria a los principios de transparencia, imparcialidad y consentimiento que la ONU practica y promueve desde su creación en 1945.

Aun así, por el bien de muchas vidas que necesitan asistencia y por el bien de los componentes militares, policiales y civiles que son puestos al servicio de la paz, una solución a esta falencia es urgente y altamente necesaria para que la ONU sea eficiente en el uso de sus recursos y eficaz en sus soluciones a los problemas mundiales.

Como advierte Robert D. Steele[2] en muchos de sus estudios, tal como se realizan hoy las misiones de paz, los esfuerzos no serán suficientes frente al aumento de situaciones simultáneas que atender. Desde este punto de vista, un trabajo sistemático de monitoreo de los problemas y conflictos políticos a nivel mundial, que permita adoptar medidas anticipadamente antes de que se desaten los enfrentamientos armados entre las partes en conflicto, puede evitar el uso de otras medidas que involucran fuerzas militares, las que deben ser ejecutadas con invitación de las partes y, para entonces, ya muchas vidas se han perdido.

Igualmente un conocimiento más certero de los sucesos mundiales, de las intenciones de los actores que están detrás de los focos de conflicto, de las consecuencias de sus decisiones y acciones, puede permitir planes adecuados, sólidamente argumentados y capaces de establecer soluciones permanentes en el tiempo y breves en su implementación.

Para ello, es necesario que las misiones empleen a las fuerzas militares y policiales con el máximo de su potencial, que sepan dónde poner el énfasis para reducir las posibilidades de que la seguridad se les escape de las manos, de modo que los otros elementos de la misión, los que están a cargo de recomponer políticamente un país en crisis, y también aquellos que hacen labores humanitarias, puedan desarrollar su trabajo, estabilizando las situaciones que les corresponde, con la certeza de que los avances no vuelvan a fojas cero por una nueva crisis.

A julio del 2010 se están desarrollando 16 misiones de paz en todo el mundo, una de las cuales es una misión política (Afganistán), bajo la conducción del Departamento de Mantenimiento de la Paz (DPKO por sus siglas en inglés). De los 192 estados miembros, 115 países están aportando con personas y medios para solucionar estos conflictos; en terreno están participando 101.536 uniformados entre policías y personal de fuerzas armadas; 5.831 personas que son parte del personal de la ONU; 13.809 que corresponden al personal local civil, entre otros miles de voluntarios de otras organizaciones.

Para este año fueron aprobados 7,87 mil millones de dólares para la organización, pero existe una deuda con la ONU de 1,37 mil millones de dólares, lo que nos da una realidad de 6,5 mil millones de dólares para cumplir con los objetivos este año[3].

(Pensemos que más se podría hacer con esos dólares faltantes, si el presupuesto anual de la MINUSTAH es de $612 mil millones de dólares aproximadamente).

Si aplicamos el principio económico, veremos que es mayor la demanda que los recursos disponibles, por lo tanto, hay que buscar la eficiencia y eficacia, quizás, con apoyo de las capacidades que brinda la inteligencia para mejorar las estrategias.

No obstante, encontrar una solución e incorporar la función de inteligencia a una organización multinacional con las características de la ONU, es más difícil de lo que se cree. Existiendo un cúmulo de razones para considerar seriamente el uso de técnicas de inteligencia para resolver los múltiples problemas que se producen en las misiones de paz, sobre todo, cuando es posible observar que cada vez las misiones son más complejas, involucran mayores recursos, mayor cantidad de personas, mayores retos y desafíos de seguridad, la Inteligencia tiene mala reputación; sea aplicada para reducir las incertidumbres en situaciones de alto riesgo, para proteger a las fuerzas de paz o para intervenir proactivamente, antes de que un conflicto degenere en una guerra con el costo de miles de vidas.

Por esto, de cara a la reforma de Naciones Unidas, fundamentalmente en lo que respecta al DPKO, se están intentando introducir mejoras a los problemas de información, pero todavía sin asumir sus necesidades de inteligencia y sin definir su función dentro del organismo.

En los últimos diez años se han creado unidades para el manejo de la información en la misma estructura de las misiones, como el “Centro Conjunto de Análisis de la Misión”[4] (JMAC por sus siglas en inglés), orientadas a fortalecer los aspectos de seguridad en el terreno de las misiones, así como también se creó un departamento de monitoreo en el más alto nivel del DPKO como el “Sit Cell”[5] (1993), orientado a mejorar las estrategias y planes junto con la interacción con las misiones en terreno. Pero ambas iniciativas no han logrado consolidarse del todo y no buscan equipararse a una capacidad propia de inteligencia.

Tal vez, esta definición de la función de la inteligencia para las misiones de paz deba surgir del debate entre los países que proporcionan equipamiento, medios económicos y recursos humanos, ya sea para comprometer mejores capacidades de inteligencia proveniente de sus propios servicios, o para aceptar consecuentemente que Naciones Unidas desarrolle una capacidad de inteligencia propia que le permita adoptar mejores decisiones, planificar misiones que garanticen cierto éxito, así como también, perfeccionar las condiciones de seguridad de las misiones.

Pienso que los países latinoamericanos, que ya al 2010 han mejorados sus capacidades de inteligencia, han legalizado sus servicios de inteligencia, han establecido criterios coherentes para apoyar a sus decisores en todos los retos de la conducción, en el desarrollo social, económico y político; en tanto que también han demostrado sus compromisos con la paz mundial, ocupándose casi por entero de ayudar a un país de nuestro continente como Haití; pueden tener algo que decir y aportar al respecto.

La siguiente exposición, atiende a la necesidad de motivar este debate, bajo la premisa de que solo el debate puede mejorar la realidad. Es por eso que voy a hablarles de lo que ha sucedido en estos últimos 50 años en torno al debate sobre inteligencia y las operaciones de paz de Naciones Unidas y de cómo, a pesar las buenas razones que tiene la ONU para resistirse a estas prácticas, hoy se hacen más necesarias que nunca para el éxito de las misiones multidimensionales que está desarrollando.

  1. II. UNA LARGA HISTORIA

Naciones Unidas se ha planteado abiertamente en contra de utilizar cualquier sistema de inteligencia en sus operaciones. Pero esto no significa que no haya tenido nunca experiencias con la inteligencia. Si hacemos un poco de historia, podremos observar que la ONU, en esta materia, ha tenido tres tipos de experiencia durante el S.XX -unas mejores que otras-.

La primera experiencia de la ONU con la inteligencia se remonta a la década del 60’. En esa época el Secretario General de la ONU, Dan Hammarskjöld, que dirigió el organismo desde 1953 hasta 1961, se había negado a apoyar la creación de una agencia de inteligencia permanente en la organización, cuando lo habían sugerido algunos estados. Su posición obedecía a que en ese tiempo, algunos de los estados miembros poseían poderosos y controvertidos sistemas de inteligencia y, en el contexto de la guerra fría, si la ONU admitía un vínculo con estos sistemas, se la podía acusar de intervenir en los asuntos internos de un país, sobre todo, si se la descubría sondeando en sus asuntos sin invitación. La integridad de la ONU, su prestigio, podían verse comprometidos en este escenario.

En aquellos tiempos, Hammarskjöld sostenía firmemente que la ONU debía tener “las manos limpias”. -Hoy muchos se preguntan cuál es la fórmula para que la ONU deje de ser ciega y continúe con las manos limpias.-

En la ONU ha prevalecido este principio con los años y lo ha fomentado en muchos aspectos. Así puede verse, por ejemplo, en el Manual de Operaciones de Paz autorizado por el organismo a fines de la década del 70’ y vigente aun en los años 80’, que llegó a señalar lo siguiente: “La ONU ha negado a aceptar resueltamente los sistemas de inteligencia como parte de sus operaciones de mantenimiento de la paz, la inteligencia, asociada a actividades clandestinas, es una mala palabra[6]“. International Peace Academy, Peacekeepers Handbook (NY: Pergamon Press, 1984 edition) There is a growing recognition, however, that the world organization needs much information, some of it secret, when dealing with raging conflicts, nefarious warlords and human barbarity.

Esta premisa se ha intentado mantener en la doctrina de operaciones militares durante el desarrollo de los conflictos en los que interviene la ONU con misiones de paz. Sin embargo, por necesidad, se han adoptado algunas técnicas de recolección de inteligencia y en ocasiones, ha establecido organismos dedicados a este asunto dentro de las misiones. Pero cada uno de estos intentos ha dejado de manifiesto junto con los beneficios, los problemas de incorporar tales prácticas a las actividades de la organización.

En la operación de la ONU en el Congo durante 1960[7] y 1964 (ONUC), una rama de información militar fue incorporada como parte de la operación, luego de varios ataques a los miembros de Naciones Unidas. La Military Information Branch (MIB) fue concebida en el transcurso del primer y segundo año de la ONUC, para mejorar la seguridad del personal de Naciones Unidas, apoyar acciones específicas, advertir focos de conflicto y estimar las posiciones del exterior.

La MIB utilizaba, entre otras cosas, un sistema de señales para recolección de información (SIGINT), así como también otros recursos de inteligencia fotográfica, con sistemas de fotografía incorporada en los aviones y HUMINT, participando en los interrogatorios legales a prisioneros e informantes. La descripción detalladas de las operaciones de la MIB fueron recién reconocidas en 1995 cuando fueron difundidas por Dorn A. Walter y David Bell, en una publicación especializada durante ese año y en el 2003 gracias a los oficios del ex agente de la CIA Robert D. Steele que se ha dedicado a este tema y a abrir la información en su página web OSINT (OSS.NET)[8]Originally published in International Peacekeeping , Vol.

La ONUC fue una operación grande y compleja, llegaron a participar cerca de 20 mil efectivos en un mismo momento y cerca de 234 trabajadores de la ONU perecieron en esta misión.

Este es uno de los primeros mandatos amplios de la ONU e incluía: desarme policial, protección a los asistentes humanitarios, seguridad de las instalaciones, instauración de la Ley y el orden y desminado. Y también se enfrentó a algunos grupos rebeldes con campañas aéreas, una de las pocas misiones en que se ha recurrido a esto.

La alta complejidad del conflicto, el número de actores, entre ellos mercenarios; los tipos de enfrentamientos, el gran problema del tráfico de armas, todo se conjugaba en contra de la misión. Al interior de la misma, también había problemas de liderazgos entre civiles y militares, fricciones cuya naturaleza estaba en la interpretación del mandato y en la poca experiencia del personal en este esquema de participación. Los elementos militares, que eran blancos seguros de la resistencia congolesa, fueron críticos con la falta de un sistema de recolección de información que diera luces sobre cuál sería el próximo ataque y que características podría tener. Esta demanda fue elevada a las autoridades del Consejo de Seguridad, sin embargo entendiendo el problema, aceptar estas prácticas más bien podrían perjudicar la delicada misión y por más de un año, todo siguió desarrollándose en un ambiente de alta incertidumbre hasta el asesinato del primer ministro de la República Democrática del Congo Patrice Lumamba[9] en febrero de 1961 y el estallido de una nueva guerra civil en la región de Katanga.

La ONUC tuvo que transformar su mandato e incluir medidas más enérgicas para enfrentar la guerra civil en ciernes que la pilló por sorpresa. A través de la Res. 161, del 21 de febrero de 1961, se aceptó la aplicación de todas las medidas necesarias para prevenir la aparición de la guerra civil, incluyendo el uso de la fuerza si era necesario y se aceptó también la creación de un sistema de inteligencia en la estructura militar para estos objetivos. Hay que anotar, por cierto, que según nos cuenta Dorn A. Walter, para entonces, ninguno de los países con embajadas en el Congo quería suministrar información de inteligencia, aunque estuvieron de acuerdo en que existiera este sistema, que no se llamó de inteligencia, eufemísticamente se hablaba de “información”. Este eufemismo continúa hasta nuestros días.

La subdivisión de información (MIB) se creó para recolectar información, evaluarla y difundirla a los canales establecidos. Tenía cuatro propósitos: seguridad del personal de la ONU, fundamentalmente, reconociendo las actitudes predominantes de las distintas facciones congoleñas hacia la ONU; dar soporte a misiones específicas, es decir, antes de una campaña militar proveer toda la información para ese fin; estimar las interferencias externas como el tráfico de armas, la llegada de mercenarios y todo lo que pudiera cambiar las condiciones y capacidades militares de los congoleños y; advertir nuevos brotes de conflicto.

Como la ONU, principalmente en estos primeros años de misiones de paz era un imán de controversias, fue criticada, no por la incorporación de la MIB, sino por su falta de eficacia. En las primeras campañas militares contra la Gendarmería de Katanga, sus estimaciones fueron un fracaso: la inteligencia había sido insuficiente para estimar las capacidades militares de los beligerantes y en muchas operaciones fueron sorprendidos por ataques a la misión.

Dentro de los problemas que tuvo la MIB para desarrollar sus actividades, se mencionan en el estudio de Walter y Bell, la escases de recursos, la falta de personal capacitado, profesionalismo y también tecnología. La Unidad estaba compuesta por: un jefe de información militar, un ejecutivo de administración, cinco oficiales y dos interrogadores. Si bien éstos contaban con conocimientos de inteligencia militar, el equipo no era suficiente para reunir información de todos los frentes, además, muchos de ellos tenían problemas con el idioma y carecían de equipos tecnológicos que facilitaran sus operaciones.

Pero también se observaron otros problemas, relacionados con la disposición de los elementos de la misión para colaborar con esta unidad. En la ONUC, los otros componentes de la misión se saltaban a este organismo y a menudo, entregaban directamente información a la sede de Naciones Unidas sin que la MIB analizara dicha información. También otras operaciones se llevaban a cabo sin consultar a la MIB.

Una vez identificadas estas dificultades, en septiembre de 1962, se dictó una nueva resolución por la cual se le destinaron mayores recursos, así mismo, se establecieron funciones para los oficiales de enlace y se aumentó la dotación a 27 personas. De este modo, la unidad llegó a tener un real valor para la ONUC, pudiendo advertir amenazas hacia la misión y prevenir muchos ataques. A través de interceptación de señales podían reconocer cuando se preparaba una actividad concertada por fuerzas ubicadas en distintos puntos, descifrando mensajes, realizando reconocimiento aéreo y participando en los interrogatorios a combatientes capturados.

De las prácticas de esta unidad, se tuvo especial cuidado por parte de la ONU de distribuir memos a las fuerzas militares para dar cumplimiento a la Convención de Ginebra de 1949 sobre el tratamiento de prisioneros. Esto fue y sigue siendo muy importante; por un lado puso límites a los interrogatorios preliminares y por otro, se mantuvo estricto al Derecho Internacional Humanitario Bélico. El Convenio IV que entró en vigor en octubre de 1950 es parte de los cuatro convenios de Ginebra para limitar los abusos de la guerra. Es en este capítulo donde se resuelven los asuntos del trato a los espías en su artículo 5[10].  Aunque el espionaje internacional es aceptado casi universalmente, en caso de guerra, si se atrapa a un espía, éste puede perder sus derechos como prisionero de guerra. ¿Qué ocurriría si uno de estos miembros de la ONU fuera acusado de ser espía? Es una pregunta que debió tener presente la ONU en ese tiempo.

Fuera de este problema y aun cuando un manejo de inteligencia aunque muy limitado, tiene efectos profundos en las misiones de paz, esta práctica obliga, de alguna manera, a revisar la naturaleza de la ONU y sus principios básicos para establecer misiones de paz, a saber: imparcialidad, consentimiento de las partes y uso limitado de la fuerza, solo como legítima defensa. Desde esta perspectiva, la incorporación de actividades de inteligencia tiende a contravenir el primer principio, algo que no es muy aceptable. Desarrollar inteligencia que brinde una mejor comprensión de la situación, aunque sea en una situación de alto riesgo, como es la característica de las misiones actuales de la ONU, topa con que los países que aceptan y solicitan la ayuda de la organización, no pretenden que ésta finalmente tome partido por algunas de las facciones en conflicto y termine jugando en contra de quien ha solicitado la ayuda.

Quizás en esta primera experiencia, se encaró el problema real de desarrollar estas prácticas y por eso se ha tratado de eludir una fórmula similar en lo sucesivo. Por un lado, pretender tener una posición de ventaja estratégica en una situación bélica, aunque sea para imponer la paz, tiende a empujar a la ONU a aceptar que es parte del conflicto y ello tiene peores consecuencias, tanto para las fuerzas de paz que puedan ser acusadas de espionaje, como para la legitimidad de la organización, que depende del consenso de sus colaboradores.

Otro tipo de experiencias, devela además otros inconvenientes para trabajar con inteligencia propia o asistida por otros sistemas de inteligencia en las operaciones de paz. Durante la década de los noventa la fallida misión en Somalia demostró en cierta forma, que la inteligencia militar puede escaparse de control con facilidad; esto sepultó por un buen tiempo el debate de la inteligencia dentro de la ONU.

Este es un caso muy emblemático. El personal de inteligencia, militar y civil, de algunos países contribuyentes a la Fuerza de Tareas Unificada, autorizada por el Consejo de Seguridad, no se portaron a la altura de las circunstancias, generando nefastos efectos para las misiones siguientes de la Organización.

Desde 1991, la ONU se había comprometido junto con la Unión Africana (UA) a reducir el sufrimiento causado por la guerra civil en que estaba sumida. Para entonces, más de la mitad de la población somalí se encontraba en peligro de morir de hambre.

Una serie de resoluciones del Consejo de Seguridad dieron forma a tres misiones: la UNOSOM I (Res. 733, 04/1992-03/1993)[11], la Fuerza de Tareas Unificadas UNITAF (12/1992- 05/1993) y la UNOSOM II (03/1993- 03/1995).

La UNOSOM, fue establecida por el Consejo de Seguridad en virtud del Capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas, imponiendo un embargo general y completo de armas a Somalia, a raíz de la cruenta guerra civil entre al menos 14 tribus que disputaban tanto el poder político, como el económico y el religioso. En un primer momento, las hostilidades y la intransigencia de los grupos rebeldes hicieron fracasar la misión UNOSOM I, que por lo demás, no llegó a completar la fuerza necesaria para detener el conflicto y para lograr apoyar la distribución de la necesaria ayuda humanitaria. Fuera de eso, la ONU fue blanco directo de los ataques y del rechazo de la facción más fuerte encabezada por el general Mohamed Farrah Aidid, quien exigió el retiro de las tropas de la UNOSOM. Frente a esto la ONU, viendo que el conflicto estaba fuera de control, invocó por primera vez las facultades que indican el Capítulo VII para desestimar el consentimiento de parte del Estado de Somalia y autorizó un mandato que permitía el uso de medios aéreos, marítimos y terrestres para restablecer la paz, vale decir, casi todas formas necesarias de coerción para defender la misión. En este contexto aceptó la oferta de Estados Unidos de crear una Fuerza de Tareas Unificada (UNITAF), cuyo mando y control quedó en manos de EE.UU.. Se dice que esta misión fue exitosa, desde el punto de vista del cese de las hostilidades más cruentas, aun cuando, fallecieron varios miembros de fuerzas especiales en estas tareas. Hay imágenes horrorosas de militares norteamericanos arrastrados y despedazados por somalíes.

En este caso, la ONU aceptó que las operaciones militares fueran conducidas por el Comando Central de EE.UU. sin tener ella misma el mando total de la misión. De este modo, el asunto fue tratado como un conflicto bélico tradicional, con participación de expertos en inteligencia cuya misión no era llevar a cabo una recuperación política del país, sino que directamente poner fin a los focos de conflicto armado. Una de sus misiones fue atrapar a Mohamed Farrah Aidid.

En este contexto, la relación con los otros países que contribuyeron con la UNITAF fue complicada por las múltiples interpretaciones del mandato de Naciones Unidas y los métodos empleados por algunos contingentes conformados por personal de inteligencia. No todos los países estaban de acuerdo, por ejemplo, de que las unidades de inteligencia de Australia obtuvieran información de los lugareños para desarmar a los grupos rebeldes[12]. El contingente proveniente de Italia, por otra parte, fue acusado de usar métodos poco ortodoxos en sus interrogatorios y otras operaciones que no eran parte de los objetivos de la UNITAF[13].

Con esta experiencia, la ONU enfrentó la situación de Ruanda con muchas más precauciones respecto al empleo de de medidas mas robustas[14]. Pero esto le costó caro. Esta posición tan enérgica, terminó condenando a miles de personas al mismísimo infierno. En Ruanda, en el transcurso de las investigaciones del Tribunal Penal Internacional para el caso del genocidio ocurrido en abril de 1994, se ha llegado a determinar que el jefe militar de la  UNAMIR (Res.872, 10/1993-03/1996), el General Roméo Dallaire, unos meses antes, había obtenido información de una fuente secreta de la parte de los hutus, que confirmaba la planificación de un gran exterminio en contra de la etnia tutsi. Él mismo afirma después en sus memorias[15] que, en efecto, el genocidio podría haberse evitado. Sin embargo, al advertirle al jefe del DPKO (Departamento para Misiones De Mantenimiento de la Paz), que en ese momento era Kofi Annan, de que podía producirse una masacre y requerirle en dos oportunidades autorización para incautar las armas en la población y proteger también a su fuente y a su familia, la ONU optó por mantener la prudencia y más aun, tratándose de información obtenida por una fuente secreta. Se le recordó al general Dallaire que por su naturaleza, Naciones Unidas no podía desarrollar actividades de reconocimiento, vale decir, de inteligencia y que adoptar otras medidas, sería sobrepasar el mandato de la resolución 872[16]. Posteriormente, ante los ojos de Naciones Unidas, de la UNAMIR reducida de 2.000 a 250 cascos azules, cerca de un millón de seres humanos fueron aniquilados, entre ellos el 75% de la etnia tutsi[17], durante abril y julio de 1994.

Estos tres casos nos abren un mundo de posibilidades de debate acerca de cual es el rol de la Inteligencia y si su presencia o ausencia tiene incidencia relevante en la ONU, como para considerarla o descartarla, pese a lo complejidad de la decisión. Debate que aun prevalece hoy en día, por cierto, mientras que perfectamente podría haberse definido la función de inteligencia en las operaciones de paz para evitar este tipo de situaciones.

  1. III. SIGLO XXI

Entrado el S.XXI las misiones de paz han debido abarcar más aspectos asociados a la recuperación de los países que han caído en manos de actores hostiles, en vez de participar como mediador entre dos o más actores estatales en disputa. Esto no solo demanda un esfuerzo mayor en despliegues de todo tipo de elementos (Civiles, Militares, Policiales), también requiere formular estrategias multidimensionales para ser ejecutadas estando el conflicto en curso. No solo eso, sino que identificar si la misión es mediadora o también partícipe del conflicto; tiene que identificar si ella misma tiene adversarios. En ese caso, las operaciones de paz que realizan la Unión Europea (UE) o la Organización del Atlántico Norte (OTAN), serían formas no solo compatibles, sino que similares de abordar el equilibrio mundial. No obstante, cada alianza responde a objetivos diferentes y mas vale que siga así.

Hay abundantes descripciones respecto de las características de las operaciones de paz actuales, las cuales se definen como: multidimensionales y complejas. Sin embargo, a un nivel macro, Naciones Unidas brinda el siguiente contexto y argumento de su condición actual y sus objetivos: El contexto estratégico de las operaciones de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas cambió fundamentalmente con el fin de la guerra fría, y la Organización se vio impulsada a modificar y ampliar su campo de operaciones, de las misiones habituales, con tareas estrictamente militares, a empresas “multidimensionales” concebidas para lograr la aplicación de acuerdos de paz amplios y ayudar a establecer las bases de una paz sostenible. En la actualidad, los integrantes de las operaciones de mantenimiento de la paz realizan una gran variedad de tareas complejas, desde ayudar a establecer instituciones de gobernanza sostenibles, a la vigilancia de la situación de los derechos humanos y la reforma del sector de la seguridad, y el desarme, la desmovilización y la reintegración de los excombatientes”.[18]

Siendo que Naciones Unidas se enfrenta a un escenario más complejo, sobre todo a medida que abarca más funciones en su cometido de promover la paz, tanto en el nivel superior de planeamiento como en los niveles de ejecución de los mandatos (en terreno), la información requerida para cumplir en todas las dimensiones es mucho más difícil de obtener, puesto que debe cumplir ciertos requisitos: debe ofrecer certezas acerca de lo que está ocurriendo en la zona de conflicto, debe ser actual, pertinente y oportuna y, debe tener consecuencias positivas en la decisión temprana. A esta información se la llama comúnmente Inteligencia, porque debe captar no solo hechos, sino que intenciones de los seres humanos, de los actores que participan del conflicto. Debe tener además una interpretación del porqué se producen los diferentes escenarios y un uso estratégico orientado a resolver esos focos de inestabilidad.

La inteligencia es el conocimiento útil adquirido a través del ciclo de información[19] que brinda apoyo a la toma de decisiones.  Existen varias definiciones de inteligencia que se ajustan de acuerdo al nivel decisional al que sirve (militar, policial, político estratégica, etc.), no obstante, todas las definiciones apuntan básicamente a lo mismo: a la función de proveer al decisor aquella información que hace el diferencial en el equilibrio de poderes, por eso su carácter confidencial y secreto, cuando esta información es obtenida.

La inteligencia también provee seguridad. Mientras un equipo avanza en sus tareas, otro equipo brinda la información sobre lo que ocurre más adelante. Imaginemos al policía que patrulla una zona tras la pista de un grupo de narcotraficantes, como ha de seguir las huellas, recogiendo pistas, con su cabeza agachada mirando el camino, no puede mirar al frente, puede perder el rastro, y la idea es que mientras sigue estas pistas no tropiece con un grupo de 15 que lo está esperando. Otros son los que ven hacia adelante en el camino.

Si la ONU ha sostenido hasta el cansancio que no cuenta con un mecanismo eficiente para obtener este tipo de información, porque para eso debe emplear técnicas intrusivas; que no hace inteligencia por si misma, porque la inteligencia tiene mala reputación ¿cómo garantiza a los estados miembros que aportan personal y medios, el éxito de sus ambiciosas misiones? Y ¿cómo garantiza que las tropas saldrán de esos lugares con vida?.

Este problema es abordado en lo que se conoce como “Informe Brahimi”, que es el referente de la actual reforma de la ONU, la más importante desde su creación. El 17 de marzo de 2000, el Secretario General de la ONU, Sr. Kofi Annan, reunió a un grupo de expertos para que efectuara una profunda revisión de las actividades que realizan las Naciones Unidas, relacionadas con la seguridad y la paz, solicitándoles además, que formularan recomendaciones claras y prácticas para ayudar a la Organización en el futuro. Esto ocurrió luego que el Secretario General publicara dos informes en 1999, en los cuales destacó el fracaso de las Naciones Unidas para prevenir el genocidio en Ruanda en 1994 y para proteger a los habitantes de Bosnia y Herzegovina en 1995. El grupo consultor fue presidido por el Sr. Lakhdar Brahimi, ex Ministro de RR.EE. de Argelia.

Allí se destacó el hecho que muchas situaciones podrían haber sido enfrentadas con mejor conocimiento de lo que realmente ocurría en las zonas de conflicto y recomienda, no solo mantener la figura del Centro Conjunto de Análisis de la Misión (JMAC), una unidad cívico militar, que comenzó a ser considerada en las misiones a fines de los noventa y que apoya a las unidades en terreno con información actualizada de los acontecimientos, porque interactúa con todos los elementos de la misión, sino que también crear un centro de análisis de informaciones permanente, pero que no debe confundirse con un centro de inteligencia, sostiene enérgico. Esto porque, a diferencia del JMAC, operaría en los niveles de planificación superior del Consejo de Seguridad, y pese a ser compatible, su ámbito de acción es más general y no particular a una misión en desarrollo. De este modo se podría trabajar en soluciones más preventivas. Textualmente señala: “Las funciones de información y análisis de dicho departamento no deben interpretarse de ningún modo como elementos para la creación de una “capacidad de obtención de inteligencia” en la Secretaría. El departamento serviría para mejorar el uso de información ya existente en el sistema de las Naciones Unidas o generada para ser divulgada por los medios de difusión, las organizaciones no gubernamentales, las instituciones académicas, etc”[20]. Es decir, es un organismo que crea (levanta datos) y usa información para interactuar públicamente.

Lo cierto, es que poco de estas lecciones fueron aplicadas en la misión de Haití que fue desplegada el 2004, y para el año en curso, se siguen discutiendo las fallas de estas disposiciones.

Como muchos ya saben, en febrero del año 2004, estalló el conflicto armado entre las fuerzas armadas del gobierno de Jean Bertrand Arístide en Haití y varios grupos de insurgentes que amenazaban con una guerra civil de proporciones. Al salir del país el presidente Arístide, en circunstancias aun bastantes confusas para algunos sectores de la comunidad internacional, asumió el cargo de presidente interino, quien era entonces presidente de la corte suprema, Boniface Alexandre. Éste solicitó a Naciones Unidas asistencia para poner fin al conflicto y autorizó la entrada de tropas de cascos azules al país.

El Consejo de Seguridad a los pocos días, el 29 de febrero, aprobó la resolución 1529 en que autoriza el despliegue de la Fuerza Multinacional Provisional para Haití (FMP o MIFH por sus siglas en inglés) y declaraba su disposición a establecer una fuerza de estabilización y seguimiento de las Naciones Unidas para apoyar la continuación del proceso político y constitucional y a mantener un entorno seguro y estable.

Para el 1 de marzo un grupo de marines norteamericanos, soldados franceses y canadienses empezaron a tomar posiciones en Puerto Príncipe. Los rebeldes tenían tomado más del 50% del país, las ciudades de Puerto Príncipe, Gonaives y Hinche, estaban en manos de milicianos pro Arístide y anti Arístide. Brasil, Chile y Argentina anunciaron ese mismo día que también enviarían tropas para integrar esta Fuerza Multinacional Provisional. Esto, en el marco de los acuerdos y compromisos asumidos por Chile, de tener disponible una fuerza de respuesta rápida para casos como este[21].

El día 3 de marzo el presidente Ricardo Lagos, la entonces Ministra de Defensa Michelle Bachelet y el Comandante en Jefe del Ejército Juan Emilio Cheyre despedían al primer contingente de 120 hombres de fuerzas especiales al que se sumarían en las próximas horas otro contingente de mayor volumen.

El compromiso que asumió Chile generó varias reacciones y el envío de las tropas nacionales fue aprobado por el Senado, un día antes, con 31 votos a favor y 11 en contra. La decisión era difícil, en 78 horas se debía disponer de un contingente de 270 hombres listos para actuar en un conflicto armado bajo el capítulo VII de la Carta de Naciones Unidas, que admite el uso de la fuerza para la imposición de la paz.

Y como no iba a ser difícil la decisión, si la misión tenía ciertos riesgos – había cerca de cinco mil milicianos armados- y no se sabía claramente cuales iban a ser los desafíos que tendrían que enfrentar nuestras tropas. Tampoco se tenía certeza del tiempo que duraría esta misión. La primera impresión -como se leía en la prensa chilena –era que esto duraría dos meses. Luego vendría la misión de mantenimiento de la paz que también se desarrolla al amparo del Capítulo VII (Resol.1542), pero  en cuanto a los tiempos los análisis eran demasiado optimistas por la ignorancia que había de la situación real de Haití.

Por cuanto a las tareas que cumplirían estos militares -en primera instancia -serían de custodia de instalaciones, control de caminos, búsqueda y allanamiento de armas, control de ciudades y acciones antidisturbios. Pero ocurrió que la situación fue empeorando y exactamente un año después el escenario había cambiado por completo. La violencia había aumentado a niveles considerables, ya debían enfrentar secuestros (130 solo en abril de 2005, llegaron a ser 250 en un mes), otros focos de conflicto, tráfico de drogas, de armas, de personas, etc.

¿Cómo podía explicarse esta situación? Las soluciones de la ONU para el proceso de producción y gestión de información no existían en ese momento. A más de un año de haber iniciado la Misión, estaban en una zona de conflicto a ciegas, quizás veían la superficie pero no el fondo del problema, como dice el General Aldunate, de quien me referiré luego. De hecho, el informe la misión del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en Haití entre el 13 y 16 de abril de ese año 2005, señala que las autoridades haitianas atribuían a la desestabilización de seguridad a su falta de información y que era necesario con urgencia poner en marcha el JMAC o Centro Conjunto de Análisis de la Misión, el cual podría mejorar esta situación.

El JMAC o Centro Conjunto de Análisis de la Misión, es una unidad que responde las necesidades de manejo de la información en terreno. Es una estructura cívico militar donde las fuerzas de paz cumplen un importante rol en el ciclo de información. Ha sido incorporada en las misiones de Etiopía y Eritrea, en Libera desde más o menos el año 1999.

En teoría este centro integra las informaciones de la conducción civil/militar, para el análisis de la amenaza, el riesgo y el gravamen de la seguridad en el área de la misión, con énfasis particular en la prevención del conflicto de baja-intensidad y la gerencia de la crisis[22]. Según el Manual de Operaciones de paz de la ONU (vigente al 2005)[23] esta célula es responsable de administrar (recolectar, coordinar, analizar y distribuir información y reportes) la información de la misión civil y militar para brindar apoyo a los procesos decisionales del Representante Espacial del  Secretario General de las Naciones y del Comandante de las Fuerzas de Paz.

La guía para establecer en las misiones de paz un Centro de Operaciones Conjuntas (Joint Operation Center, JOC[24]) y un Centro Conjunto de Análisis de la Misión, organismos vinculados entre sí, junto con el SitCell o Sitcen, organismo que monitorea el avance de las misiones en terreno las 24 horas del día y que debe brindar apoyo desde el exterior con información, recién fue elaborada el año 2006[25]. Así que cuando se incorpora el JMAC a la MINUSTAH, 14 meses después, las directrices para su implementación no existían. Solo algunas nociones, pero que no permitían deliberar respecto a los métodos de obtención y análisis de información, dejando un vacío significativo acerca de las medidas de confianza entre los países que componen las fuerzas multinacionales, que por cierto, temen exponer sus tipos de procedimientos para obtener información. Quienes asisten, también observan las capacidades de sus pares.

Eso tuvo sus efectos.  Para el General Eduardo Aldunate Herman, segundo Comandante de las Fuerzas de Paz de la MINUSTAH, durante el 2005 y 2006, la falta de inteligencia, pero no estamos hablando de la información acerca de quien conforma las bandas, de cuántos haitianos están armados, sino que de inteligencia que explicara las causas profundas de la situación que se presentaba en el escenario; esa ausencia y falta de inteligencia, solo lleva a calmar la fiebre y no la enfermedad, en palabras de este general.

Inteligencia que no se conforme con describir lo que ha ocurrido, sino la que explica porqué están sucediendo así las cosas es la que hay que conseguir y es la que no le ofrecía Naciones Unidas a la misión, ni los países que estaban aportando inteligencia a la organización, la que luego llegaba a las tropas a las que se les pedía generar un marco de seguridad y, además, que ayuden a limpiar las calles, que construyan caminos, que participen en el conteo de los votos en las elecciones y que ganen la confianza de la población, etc. ¿Cómo podía entonces un mando militar, un casco azul, cumplir con esa misión tan importante de brindar un entorno seguro?. La inteligencia táctica tan solo permite parchar la situación; provocar, con la presencia de las tropas, un alto al fuego momentáneo pero no permanente. Entendiendo esto, hay otra cosa, las fuerzas de paz de la MINUSTAH, llegaron allá sin poder contar con inteligencia para operaciones tácticas, el general Aldunate, el mando militar, organizaron su propia estructura que les permitiera desarrollar inteligencia, claro que sin la estructura adecuada ni el concurso de los otros apoyos civiles y policiales de la misión, estructura que debe ofrecer el JMAC. No había forma de obtener la inteligencia que les permitiera algo tan simple en el papel, pero tan complejo en la práctica, como cumplir con la misión de seguridad. Si a ello le sumamos los aportes de inteligencia externa el panorama no es alentador. Un relato del general Aldunate nos ofrece un escenario de esta situación:

“…en Haití no hay grupos armados, no existe un ejército rojo, azul, no hay movimientos de liberación. Lo que hay son bandas de delincuentes armados. Informes de inteligencia de algunos sectores nos decían que estaba actuando el llamado Ejército Dessalines en la zona norte. Yo preguntaba a estos asesores: “y ¿cuántos son?”. 300 ó 400 me respondían. Conocí el territorio completo, lo volé entero, y me preguntaba dónde están, dónde se pueden esconder 300 ó 400 hombres si no hay ni árboles ni selva. Enviábamos patrullas y nunca encontramos nada. Ahí me di cuenta que algunos asesores habían sido contagiados con algo más peligroso que la malaria y el dengue tan típico de este país: el rumor, tan propio de la cultura haitiana”. (Conferencia dictada por el General Aldunate en el Colegio Interamericano de Defensa (CID). Washington DC, 11 de diciembre de 2006.)

Aportándoles a esos cascos azules esa información, les pedían “Mano Dura”.

Voy a enumerarles los problemas que existieron en la MINUSTAH respecto de la inteligencia y las soluciones de Naciones Unidas, basándome en los textos y conferencias que ha realizado el general Aldunate, en las investigaciones que he llevado por mi cuenta y en las entrevistas que he hecho anteriormente, porque pienso que es el argumento más importante para defender la tesis de que se debe buscar una solución con cierta urgencia al problema de la inteligencia en Naciones Unidas, entender primero cual es su función y desarrollar una estructura que sea a fin a ésta:

-         Con varias misiones anteriores en Haití, llegó la ONU nuevamente a contribuir a una solución. La MINUSTAH, que tuvo 7.500 hombres de tropa desplegados, al momento de lograr que se desarrollaran elecciones democráticas, por un buen tiempo no pudo cumplir con la misión de generar un entorno seguro porque las tropas carecían de Inteligencia que permitiera conocer las causas profundas de los problemas que enfrentaban.

-         No estaba la estructura. Luego de 14 meses de haber iniciado la misión se constituyó el JMAC una unidad de coordinación, recolección de información y análisis que podría haber ayudado.

-          El JMAC no tenía realmente clara su función. Reunía y analizaba información de muchas fuentes pero sus análisis solo iban dirigidos al Representante Especial del Secretario General de Naciones Unidas (SRSG) no al Comandante militar, su foco era político no estratégico.

-         No había profesionales que entendieran el idioma creole, que no es francés. Ni en el JMAC ni en las tropas (hasta bastante tiempo después cuando en las unidades de entrenamiento, algunos soldados tuvieron clases del idioma local).

-         Por cuanto a la inteligencia militar, los militares en terreno reúnen información, una serie de datos que solo ven una parte de la realidad, con ausencia de información de otro tipo, sin integración, era difícil entender a qué se enfrentaban para dar un marco de seguridad estable.

-         La información o inteligencia que aportaban otros elementos y países era insuficiente y de mala calidad. No se puede confiar una misión de paz de informaciones y análisis hechos en las afueras del lugar. Esa información se genera de la siguiente manera: servicio de inteligencia A pide información al Servicio de inteligencia del país B,  de lo que ocurre en el Cite Soleil, Servicio de inteligencia del país B consulta a su gente en terreno y otras fuentes, elabora un análisis y se lo entrega al país A; el país A realiza un nuevo análisis y se lo entrega a sus tropas que están en el mismo lugar. De paso le entrega la misma información a las Naciones Unidas. ¿No parece extraño?

-         El JMAC entrega reportes al Sit Cell, pero en la misión militar ni siquiera conocen esa figura.

-         La rotación cada 6 meses del personal, en todos los niveles, dificulta el hecho de dar continuidad al proceso de conocimiento y a la integración del conocimiento para producir uno nuevo.

Naciones Unidas está consiente de esta situación; por una parte sus soluciones están dirigidas a reformar el DPKO integrando nuevos departamentos como el de Desmovilización, Desarme y Reintegración (DDR) y el departamento de Apoyo a las Actividades en Terreno (DFS o DAAT) creados el 2007 y por otro, fortaleciendo las capacidades del JMAC y la coordinación de esta unidad con los nuevos departamentos. Pero también hay más. A fines de 2009 el DPKO y el DAAT formularon el documento llamado  Nuevo Horizonte[26] que es un grupo de reflexiones desarrollado para mejorar la interacción del DPKO con los socios de las operaciones de mantenimiento de la paz. Con este fin, Nuevo Horizonte propone una “nueva alianza”, en donde el diálogo acerca de los retos actuales y futuros de las operaciones, se basen en una comprensión compartida de los objetivos del mantenimiento de la paz y del papel que desempeña cada uno en su realización: los que autorizan el mantenimiento de la paz, los que la ponen en práctica, los que contribuyen, los que reciben y los que se asocian a las fuerzas de paz de la ONU. Esta asociación es la base para la creación de capacidades en el futuro.

La cohesión de los socios de la ONU es fundamental para apoyar la nueva estrategia que debe desarrollar la organización, más proactiva que reactiva. Estos socios también deben contribuir con capacidades para el éxito. Apoyando con mejoras técnicas para la evaluación exhaustiva de la situación en el terreno, de modo de brindar apoyo al planeamiento de misiones y estrategias alcanzables. Siendo así, parece ser hora de que los países lleven a debate la función de inteligencia para apoyar este objetivo. Responder si pueden brindar mejores análisis, para desarrollar una planificación de operaciones complejas con anticipación, si pueden ofrecer elementos espacialmente entrenados para brindar desde las misiones información para las alertas tempranas sobre las condiciones de seguridad.

Hoy día se están desarrollando foros y consultas con los estados miembros y los otros socios de las misiones para definir una cosmovisión común y consensuada acerca de los nuevos retos mundiales, los mecanismos para mejorar la comunicación entre ellos, los mecanismos para facilitar el intercambio de información, para establecer los requisitos de información, para fortalecer los compromisos y asegurar los apoyos, etc.

El General Eduardo Aldunate Herman (Segundo Comandante de la Fuerza Militar de la ONU) en su libro “Misión en Haití: Con la mochila cargada de esperanzas”( 1) señala que la falta de un organismo que cumpliera con labores de Inteligencia durante la Misión, afectó a las fuerzas militares esencialmente en lo operativo. Se requería de una unidad que contribuyera con el mando, reuniendo y analizando información que básicamente proporcionara dos productos básicos: inteligencia estratégica para la conducción superior de la misión e información útil para los soldados respecto de la amenaza que enfrentaban diariamente en un empleo operativo. Asimismo confiesa que: “Sin duda un error de la propia misión fue el no considerar la organización de la inteligencia militar en el Cuartel General, algo que aproximadamente en julio de 2006 se logró organizar, por la persistencia del General Elito Siqueira, Comandante de la fuerza militar que reemplazó al General Urano Bacellar”( 2). Afirmando además, en virtud de la falta de personal adiestrado en Inteligencia en operaciones de paz, observó durante su experiencia que: “Lo que se necesita en situaciones como ésta es vincular bien los distintos hechos. Predecir las capacidades que pueden estimarse del adversario y ver los hechos, más que mirar las situaciones, es la clave en estos asuntos”.

1 ALDUNATE, Eduardo Gral. (R) “Misión en Haití, con la mochila cargada de esperanzas”. Centro de Estudios Bicentenario, Santiago 2007 Pág. 106-110. En inglés: “Backpacks full of Hope, the UN Mission in Haiti” CIGI and Wilfried Laurier Universtity Press, Canada, 2010.

2 En circunstancias de que Centro Mixto no lograba proveer información útil a las tropas. Siendo necesario crear una unidad aparte de carácter netamente militar. ALDUNATE, Op. Cit. Pág.109. (Nota de la autora)

  1. IV. LAS PROPUESTAS

En tanto se llevan a cabo estos debates para mejorar las capacidades de Naciones Unidas, fundamentalmente en lo que respecta a todo lo que pueda mejorar la eficiencia de los mandatos y la eficacia de las operaciones, especialmente, orientados a mejorar el intercambio de información y comunicación entre los actores involucrados, algunos ya han planteado que lo que se ha hecho debe conducir a incorporar la función de inteligencia. Definirla claramente e incorporarla definitivamente en un sistema bien formulado. Las iniciativas planteadas en Nuevo Horizonte no lo considera así aun, pues busca mejorar las alianzas y los mecanismos de intercambio de información entre las estructuras existentes, mejorar el tipo de aportes que están ofreciendo los estados y otros organismos internacionales que desarrollan tareas similares y mejorar al interior de la ONU el sistema de integración de esas informaciones y los canales de distribución de ésta.

Lo cierto es que se han formalizado acuerdos entre las distintas alianzas que fortalecen las capacidades de la ONU en materia de información e inteligencia, pero no sustituyen la “comida hecha en casa”.

De estos acuerdos, los interesantes son aquellos que se establecen entre la ONU y otra alianza de países que cuenta con su propio modelo o sistema de inteligencia multinacional. Cabe destacar que la UE y la OTAN tienen sus propias dificultades para contar con estos sistemas, las alianzas no dependen de un gobierno central que haga más efectiva la coordinación de inteligencia, pero al menos lo intentan.

La UE, que tiene ciertos intereses conjuntos, aunque algunas percepciones de amenazas contrapuestas, tiene ciertas competencias establecidas en su marco institucional. Aplica la cooperación en inteligencia entre sus miembros, a través de la Europol y Eurojust. Pero cuando el problema no es policial ni judicial y se trata de misiones de paz, las cosas cambian. Informes de la UE, ponen de manifiesto la necesidad de incrementar la cooperación en materia de inteligencia, tanto entre los distintos miembros, como con otras organizaciones internacionales, para estas misiones. Con la ONU, reconoce la necesidad de establecer oficiales de enlace en la organización, que coordinen la cooperación de inteligencia en todos los niveles. En tanto que entre ambos organismos se firmó el 2003[27] un acuerdo de colaboración en gestión de crisis que establece el marco de cooperación, planeamiento, entrenamiento y comunicación tanto civil como militar en estas operaciones, que irían en la dirección de la cooperación en inteligencia.

La visión estratégica conjunta de la UE que da forma al “European Security Strategy”, admite la cooperación en materias de inteligencia militar entre los aliados y, no solo se encuadra en el apoyo a las misiones Petersberg, para el aporte de inteligencia estratégica y táctica ante requerimientos concretos de la alianza, tiene un sistema de inteligencia estratégica, funcional a la UE en su conjunto. (Ver recuadro anexo al final del artículo).  Este sistema, sin duda puede ofrecer apoyos adicionales a la ONU, pero ha costado la coordinación, lo reconoce la UE y lo reconoce Naciones Unidas en Nuevo Horizonte, toda vez que se concentra en solucionar la comunicación e intercambio de información entre ésta y las otras alianzas. De todos modos, no se reconoce  que se deba a la ausencia de una estructura y una idea clara hacia donde irá esa ayuda de inteligencia.

Con la OTAN también se considera ampliar los niveles de coordinación y colaboración. La Alianza se vio implicada en operaciones de apoyo a la paz a partir de su misión de vigilancia marítima en 1992, y ha ido emprendiendo cada vez más misiones y más diversas, como las operaciones de pacificación (en Bosnia-Herzegovina y Kosovo). Actualmente la OTAN está llevando a cabo dos operaciones de apoyo a la paz (Kosovo y Afganistán). También tiene una larga tradición de colaboración con la ONU y con las otras alianzas, pero la OTAN no es la ONU y no tiene ni la capacidad ni la voluntad de llevar a cabo tareas complejas y no militares, es una alianza militar en todos los aspectos y no podría aceptar en sus operaciones fuerzas de países no pertenecientes a la alianza. Su sistema de inteligencia se enmarca en el Acuerdo de Normalización de la OTAN  para operaciones militares (STANAG), en uno de sus acápites el STANAG 2022 ofrece las recomendaciones para el marco de inteligencia. El STANAG 2022 da una metodología para la colección, procesamiento y análisis de inteligencia, pero no para compartirla. Será necesario buscar un punto de acuerdo sobre la colaboración entre ambos organismos. ¿Pero cómo si hay tanta diferencia en sus estructuras y objetivos?

Una estructura que sirva como interlocutor entre los sistemas de inteligencia de estos organismos con la ONU, debería parecerse a nuestro juicio a un sistema propio de Naciones Unidas de Inteligencia. E insisto en que para dar este paso, debe existir el debate sobre la función de inteligencia, ahora que se está llevando un proceso de consultas, debate que pueden impulsar los países involucrados, también en circunstancias de que los países latinoamericanos cuentan con nuevas capacidades de inteligencia en sus países, por la formalización que existe de los sistemas de inteligencia en sus estados.

Robert D. Steele comparte el diagnóstico que hace la ONU y nos habla de incorporar en la ONU un organismo de inteligencia que sea proactivo, que coordine la información que llega por múltiples canales y que a su vez sepa explotar los recursos de otras entidades externas que son fuente de inteligencia colectiva.  Señala que en gran medida la inteligencia en mantenimiento de la paz es reactiva, y busca mantenerse en el campo del Derecho sosteniendo el mandato para resolver un conflicto existente en vez de adoptar una actitud proactiva. La diferencia es que de este modo, se pueden definir cursos de acción para evitar que ocurran conflictos u ocuparse de los muchos grandes retos existentes que socavan la gobernabilidad, la estabilidad económica y social, que derivan en gobiernos estables y en la participación democrática. En ausencia de ambos temas, información e inteligencia en la ONU, la inestabilidad puede convertirse en la norma. No obstante, Steele también se hace la pregunta que exige una respuesta acerca de cuál va a ser la función de inteligencia y lo plantea señalando que debe definirse cuáles deben ser nuestros objetivos en el desarrollo de una disciplina o práctica centrada en la en inteligencia[28].

Mi invitación es a encontrar la función de inteligencia en las operaciones de mantenimiento de la paz.

Función es lo que caracteriza el servicio. Si miramos la definición de “función” en el Diccionario de la  Real Academia Española (RAE) hay solo una acepción que nos aproxima vagamente al término función de inteligencia. La RAE en su segunda acepción  señala que “función” se refiere a: “Tarea que corresponde realizar a una institución o entidad o a sus órganos o personas[29]. Siendo una tarea, la relación que se establezca con los intereses, objetivos y programas debieran acotar bastante sus márgenes de acción. En la función de la inteligencia en operaciones de paz, radica posiblemente lo que ha complicado a Naciones Unidas para reconocerla como parte de sus dinámicas y acciones. Puesto que no hay consenso sobre cuál es la “función” que queremos asignarle a la inteligencia para operaciones de paz. El enunciado por si mismo no lo aclara, porque lo que se necesita no son acciones clandestinas y represivas para neutralizar los elementos que quebrantan la paz, son acciones discretas para conocer todo aquello que contribuirá a la concreción de los  planes de la organización. Por eso, es que en la definición de la “función” es donde está el desafío y la respuesta para diseñar la fórmula más cercana a la voluntad de los Estados miembros de Naciones Unidas.

En nuestra opinión, la función de inteligencia en operaciones de paz a nivel de la organización es reconocer focos de conflicto que puedan ser neutralizados con todos los medios disponibles para tal fin; a nivel estratégico, responder a las inquietudes de la autoridad para crear la estrategia, conducir sus acciones y proteger sus conocimientos para asegurar el éxito de sus objetivos; a nivel táctico, proveer información útil para la seguridad de las operaciones en terreno y del personal comprometido.

Esta función debe desarrollarse en una estructura definida en términos de lo que se necesita realmente para alcanzar los objetivos de la ONU, información orientada a la respuesta temprana y a la seguridad de la misión y el mandato.

En el siguiente cuadro hay una representación del tipo de información que se necesita para asumir una actitud proactiva y de alerta. Como puede observarse el requerimiento de información e inteligencia es más necesario en los inicios del ciclo del conflicto y requiere de apoyos externos de inteligencia en ese momento para diseñar estrategias e implementar programas preventivos, si el conflicto pasa a una segunda etapa, se requerirá otro tipo de inteligencia más concentrada en asuntos que sirvan al planeamiento de operaciones y pensada en la inminencia de una acción más enérgica y robusta, en una tercera fase será otra inteligencia la necesaria e involucrará a los elementos de la misión como generadores de inteligencia y así sucesivamente.

¿Cómo responder a estas necesidades sin la estructura adecuada, sin un trabajo continuo y sin los canales para sumar apoyos adicionales de inteligencia?

  1. V. CONCLUSIONES

Como lo he planteado anteriormente, parece que tenemos que llegar a un acuerdo sobre la función de inteligencia, pero debemos buscar la solución entre todos y para eso estoy aquí haciéndome parte. Fundamentalmente porque observé de cerca los efectos de no contar con inteligencia en Haití y fui observadora de la definición del  rol que tienen los servicios de inteligencia frente a este problema. Me refiero a las consideraciones que se debatieron en el parlamento chileno respecto de lo que podía aportar la Agencia Nacional de Inteligencia en los compromisos de Chile con la ONU.

No tengo sin embargo, la fórmula mágica, pero tengo el convencimiento que es necesario diagnosticar correctamente la situación junto con asumir una actitud que vaya en la dirección de resolver el problema.

Chile, Argentina, Colombia, Brasil, Perú, todos los países que entienden los retos de la paz, deben reflexionar sobre lo ocurrido. Y trabajar por una solución exigiendo que sus observaciones sean consideradas en la reforma de Naciones Unidas, pero también definiendo claramente cuáles serán las capacidades que comprometerá a futuro. Fortalecer sus propios sistemas de inteligencia, incorporar en ellos el análisis de las situaciones que puedan afectar al equilibrio mundial. Ser partícipes formando personal de inteligencia que entienda las misiones de mantenimiento de la paz, como misiones políticas más que militares.

La ONU por su parte, también tiene que hacer un mejor diagnóstico y definir sus necesidades de información entendiendo que deberá generarla por si misma si los apoyos adicionales de inteligencia no satisfacen los contenidos necesarios para actuar con premura. El tiempo corre y hay que tomar decisiones.

Fomentar el intercambio de información es una cosa, decidirse a actuar proactivamente implica otras variables.

Un diagnóstico objetivo deberá considerar lo siguiente:

-         No hay suficientes recursos comprometidos con Naciones Unidas y las demandas de misiones aumentan vertiginosamente.

-         Para enfrentar el nuevo estadio de conflictividad mundial se deberán definir acciones diplomáticas y políticas antes que acciones militares.

-         Las acciones que involucren componentes militares deberán ofrecerle a éstos inteligencia veraz, pertinente y oportuna para que acorten sus plazos de adaptación y cumplan rápidamente su misión de seguridad.

-         En terreno se deberán diferenciar los tipos de inteligencia y niveles de inteligencia, independientemente de los objetivos estratégicos de la misión. Y desarrollar modelos de relevo de información para cada nivel.

-         Se deberá definir el rol de cada elemento de la misión en cuanto a la información que debe aportar y para qué será útil esa información.

-         Se deberán establecer canales de comunicación entre los servicios de inteligencia nacionales y la ONU mediante una estructura que integre un modelo de recolección, resguardo y desclasificación posterior de la información de inteligencia, de modo de fortalecer las confianzas.

-         No toda la información es útil a todos los propósitos, la idea de integración de información deberá atender a este aspecto.

-         Deberán considerarse los instrumentos legales que cada país debe adaptar para compartir información.

-         Deberán formarse funcionarios especialistas en inteligencia para operaciones de paz.

-         Para que los países comprendan la inteligencia en las misiones de mantenimiento de la paz deberá ser asumida como una necesidad de la organización. En esa dirección iniciar la idea de una cultura de inteligencia integrada a estas misiones.

Una solución realista deberá emerger de los estados miembros de la ONU…

ANEXO 1:

El Centro de Situación de la ONU tiene seis funciones principales:

a) Servicios de punto de contacto. Sirve de punto de contacto en la Sede de las Naciones Unidas para las misiones sobre el terreno del Departamento de Mantenimiento de la Paz. Ofrece además un vínculo de comunicaciones las 24 horas del día entre los funcionarios superiores de la Sede de las Naciones Unidas, las misiones sobre el terreno, organizaciones humanitarias y los Estados Miembros a través de sus misiones diplomáticas en Nueva York. Cobra especial importancia durante las horas de silencio.

b) Supervisión. El Centro de Situación supervisa a través de todos los medios disponibles los acontecimientos en las misiones sobre el terreno en el Departamento de Mantenimiento de la Paz y otras áreas de interés. En particular, supervisa cualquier situación que se desarrolle de tal manera que represente una amenaza potencial a la seguridad del personal de las Naciones Unidas en las operaciones de mantenimiento de la paz.

c) Reunión y difusión de información. El Centro de Situación reúne la información directamente del terreno, además de hacerlo a través de otras fuentes de información tales como las agencias de noticias, comunicados de prensa de las Naciones Unidas, publicaciones especializadas, la Internet, etc. Recibe informes diarios por parte de todas las misiones de mantenimiento de la paz y solicita más información cuando es necesario. Proporciona al personal directivo superior de la Sede de las Naciones Unidas informes diarios sobre la situación, sobre algunas misiones de carácter político y humanitario y sobre todas aquellas relacionadas con el Departamento de Mantenimiento de la Paz. Ofrece un personal directivo que realiza reuniones explicativas tanto rutinarias como de carácter extraordinario.

dComunicación de bajas.

eGestión de crisis. responsable de la puesta en marcha desde la Sede de una respuesta ante las crisis bajo la instrucción del Secretario General Adjunto de Operaciones de Mantenimiento de la Paz

f) Seguridad sobre el terreno para el personal de mantenimiento de la paz. El jefe del Centro de Situación es el Coordinador de la Seguridad del Departamento de Mantenimiento de la Paz. El Centro de Situación realiza, en cooperación con las oficinas competentes y las misiones sobre el terreno, exámenes de los puntos débiles de la seguridad de las misiones.

Mantenimiento de la Paz
Sitio de las Naciones Unidas

ANEXO 2:

Naciones Unidas: Una década de reformas y transformaciones.

1999 Report of the Secretary-General on the Fall of Srebrenica (Srebrenica Report); Independent Inquiry into the Actions of

the United Nations during the 1994 Genocide in Rwanda (Carlsson Report)

2000 Report of the Panel on UN Peace Operations (Brahimi Report) and subsequent implementation reports of the

Secretary-General in 2000 and 2001

2005 Peace Operations 2010 (DPKO internal professionalization process to improve performance in the areas of

personnel, doctrine, organization, partnership and resources)

2007 Report of the Secretary-General on Strengthening of the Capacity of the Organization on Peacekeeping Operations

(creating DFS, restructuring DPKO)



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[1] Según el art. 33 del Cap. VI de la Carta de las Naciones, el Consejo de Seguridad de la OUN puede ordenar el envío de fuerzas de mantenimiento de la paz a pedido de una de las partes beligerantes o ante la petición del Secretario General, ante la inminencia del quebrantamiento de la paz. Se denomina misión de mantenimiento de la paz a aquellas misiones que van más allá de las misiones de primera generación que se enfocan en el arreglo pacífico de controversias con acciones tales como negociación, investigación, mediación, arbitraje, arreglo judicial u otros arreglos. Las misiones de segunda generación involucra el envío de tropas para resguardar la paz. Una mezcla de lo dispuesto en el capítulo VI y VII (Capítulo VI½, es lo que da origen a misiones de construcción de la paz que incluye acciones como la ayuda humanitaria, fortalecimiento de las instituciones, fomento de los partidos políticos, protección de los derechos humanos, organización y supervisión de procesos electorales, promoción del desarrollo económico y ayuda en caso de desastres naturales. El Capítulo VII en sus art. 41 y 42, o de Peace Enforcement (Imposición de la Paz), autoriza misiones de acción en caso de amenazas a la paz, quebrantamiento de la paz o actos de agresión. Este es la tercera generación y que contempla el uso de la fuerza y otras medidas coercitivas, tales como la interrupción parcial o total de las relaciones económicas o comunicaciones (embargos), ruptura de relaciones diplomáticas, ejercicio de acciones militares, y demostraciones de fuerza o bloqueos.

[2] Steele, Robert David: “Intelligence in peacekeeping” (2004) http://www.oss.net

[3] Información actualizada a Julio de 2010 en la página web de la Organización de Naciones Unidas, en: http://www.un.org/es/comun/docs/?path=http://www.un.org/Depts/dpko/list/list.pdf

[4] En inglés se llama Joint Mission Analisys Cell (JMAC). Esta es una estructura que coadyuva a la interacción de las jefaturas civil y militar, cuya labor es reunir información y desarrollar procesos analíticos.  El JMAC se responsabiliza de dirigir la recolección, coordinación, análisis y distribución de información e informes, nutriéndose de la información civil y militar de la misión para apoyar al SRSG’S (Special Representative of the Secretary-General) y reforzar el proceso de toma de decisiones del comandante.

[5] El Sit Cell o Centro de Situación, fue creado en 1993 por Koffi Annan, cuando era secretario Adjunto del departamento de Misiones de Paz. Es el centro de información para el DPKO y el Departamento de Apoyo a las Actividades en Terreno (DFS por sus siglas en inglés o DAAT por sus siglas en español). Es la capacidad de recolección y procesamiento de información a nivel de las misiones. Vigila la situación sobre el terreno las 24 horas al día y se encarga de dar apoyo sobre el terreno a los Centros de Operaciones Conjuntas (JOC) y a los Centros Conjuntos de Análisis de la Misión, con orientación técnica de las políticas, y también sirve como enlace con otras misiones. Para más detalles ver: http://www.un.org/spanish/Depts/dpko/dpko/info/sitcentre.shtml

[6] Manual de la Academia Internacional de la Paz, NY: Pergamon Press, 1984.

[7] Resolución aprobada por el Consejo de Seguridad el 14 de julio de 1960. Es la primera misión importante de la ONU en África y se estableció luego de que el Congo se independizara de Bélgica.

[8] Publicado originalmente en Mantenimiento de la Paz Internacional, vol. 2, No. 1 (Spring 1995), pp.11-33. 2, No. 1 (primavera de 1995), pp.11-33. R epublished (with permission) as a “Seminal Past Publication” in Ben de Jong, Wies Platje and Robert David Steele (eds.), Peacekeeping Intelligence: Emerging Concepts for the Future , OSS International Press, Virginia, 2003, pp.253-280. Republished (con permiso) como “Pasado de publicación seminal” en Ben de Jong, Platje Wies y Robert David Steele (eds.), Inteligencia en Mantenimiento de la Paz: Conceptos emergentes para el futuro, el OSS de Prensa Internacional, Virginia, 2003, pp.253- 280. It was accompanied by the following description:

[9] El primer Ministro de la Nueva República democrática del Congo, fue asesinado en septiembre de 1960 luego de que no quisiera dimitir, provocando una crisis constitucional y una inminente guerra civil.

[10] Convenio de Ginebra relativo a la protección debida de personas civiles en tiempo de guerra (Convenio IV) de 12 de abril de 1949.

[11] Compuesta por 50 observadores militares,3.500 oficiales de seguridad, hasta 719 miembros de personal para el apoyo logístico; también había cerca de 200 funcionarios civiles de contratación internacional.

[12] Se puede obtener información sobre la participación australiana en la página web del Australian War Memorial: http://www.awm.gov.au/units/unit_20244.asp

[13] Pueden encontrarse en la prensa algunos detalles de las acusaciones contra el batallón italiano en: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=70928

[14] Acerca de la participación de la ONU en Somalia y sus efectos en la misión de Ruanda ver: Cozatl, Carla: “Intervención humanitaria de Naciones Unidas: Los intereses económicos y geopolíticos sobre los derechos humanos”. Tesis Profesional para obtener la Licenciatura en Relaciones Internacionales de la Universidad de las Américas, Puebla. México 2009:  http://catarina.udlap.mx/u_dl_a/tales/documentos/lri/cozatl_l_ca/capitulo3.pdf y el Reporte del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas de 1994 en: http://www.securitycouncilreport.org/atf/cf/%7B65BFCF9B-6D27-4E9C-8CD3-CF6E4FF96FF9%7D/SOMALIA%20S%201994%20653.pdf

[15] DELLAIRE, Roméo: “J’ai serré la main du diable: La faillite de l’humanité au Rwanda”. Random House. 2004. Un extracto de su relato obtenido en Internet señala: “Cuando prendieron a diez soldados belgas, acusándoles falsamente de haber derribado el avión presidencial, y los mataron, yo me pregunté cómo reaccionaría la comunidad internacional, si me daría más apoyo para parar la locura que iba a desencadenarse o si, como en Somalia, la ONU utilizaría esas muertes como excusa para huir. Ellos, en cambio, sabían que los belgas se retirarían unilateralmente del país y que eso iba a ser un factor determinante para el resto de mi misión. Los mismos oficiales belgas no entendían por qué les sacaban del país cuando más necesarios eran. Ése es el momento que los radicales ruandeses están esperando para iniciar la masacre.http://jlinopina.blogspot.com/2010/02/paul-rusesabagina-y-el-genocidio-de.html

[16] S/RES/872 (1993) 5 de octubre de 1993: Destinada a contribuir a la puesta en práctica  del Acuerdo de Paz de Arusha. Decide establecer una operación de mantenimiento de la paz bajo el nombre de “Misión de Asistencia de las Naciones Unidas a Rwanda” (UNAMIR) cuyo mandato implica: a) Contribuir a la seguridad de la ciudad de Kigali, entre otras cosas en los límites de una zona libre de armas establecida por las partes en la ciudad y alrededor de la ciudad; b) Supervisar la observancia del acuerdo de cesación del fuego, que estipula el establecimiento de zonas de acuartelamiento y reunión, la demarcación de la nueva zona desmilitarizada y otros procedimientos de desmilitarización; c) Supervisar la situación en lo que se refiere a la seguridad durante el período final del mandato del gobierno de transición, hasta que se celebren las elecciones; d) Contribuir a la limpieza de las minas, en particular mediante programas de capacitación; e) Investigar, a petición de las partes o por propia iniciativa, los casos en que se afirme que se han incumplido las disposiciones del Acuerdo de Paz de Arusha relativas a la integración de las fuerzas armadas, estudiar cualquiera de tales casos con las partes responsables e informar al respecto, según proceda, al Secretario General; f) Supervisar el proceso de repatriación de los refugiados y de reasentamiento de las personas desplazadas de Rwanda, para verificar que se ejecute en forma segura y ordenada; g) Ayudar en la coordinación de las actividades de asistencia humanitaria en conjunción con las operaciones de socorro; h) Investigar los incidentes relacionados con las actividades de la gendarmería y de la policía, e informar al respecto.

[17] Acerca del carácter del tribunal para Ruanda se recomienda leer los reportes del Tribunal Penal para los crímenes de Ruanda, especialmente el reporte de septiembre de 1998: A/53/429 S/1998/857, en: http://liveunictr.altmansolutions.com/ También se recomienda la lectura del documento titulado “Nunca Mas: Prevenir el Genocidio y Castigar a los Culpables” en la página de Naciones Unidas dedicada al caso y el artículo del periódico inglés The Sunday Times, que critica lo ocurrido con el General Dellaire, respectivamente en: http://www.un.org/spanish/preventgenocide/rwanda/neveragain.shtml y, http://www.timesonline.co.uk/tol/life_and_style/article646673.ece.

[18] Ver la reseña de las operaciones de paz de Naciones Unidas en:  http://www.un.org/spanish/Depts/dpko/dpko/index.shtml

[19] El ciclo de información o ciclo de  inteligencia contempla, a lo menos, las siguientes fases: Dirección, Búsqueda, Análisis y Difusión. La secuencia es mucho más amplia, pero hay quienes dan por sobre entendido las fases de Planificación (llevada a cabo en el ítem de Dirección) y  Evaluación (fase posterior a la Difusión de la que derivan nuevos Elementos  Esenciales de Información (EEI). Hay tantos puntos de vista como autores al respecto. Lo importante, a juicio de la autora, es que al asumir sistemáticamente el Ciclo, el conocimiento finalmente se produce de manera constante y crece exponencialmente.

[20] Informe del Secretario General relativo a la aplicación del informe del Grupo sobre las Operaciones de Paz de las Naciones Unidas. Conocido también como Informe Brahimi. 20 de Octubre de 2000. Pág. 10 Pdf. http://daccessdds.un.org/doc/UNDOC/GEN/N00/700/15/PDF/N0070015.pdf?OpenElement

[21] En 1999 se suscribe Memorando de Entendimiento con el Secretario General de la ONU que establece la contribución de Chile al Sistema de Acuerdos de Fuerzas de Reservas de esa Organización. Los medios  que Chile pone a disposición de las Fuerzas de reserva de la ONU son: Del Ejército: Observadores militares y Oficiales del Estado Mayor; 1 Compañía de Infantería Mecanizada; 1 Pelotón Exploración Mecanizado; 1 Pelotón de Ingenieros de tratamiento de aguas; 1 sección Telecomunicaciones; 1 Unidad de Intendencia; 1 Unidad médica nivel 1; 1 sección Material de Guerra; 1 pelotón de Transporte mediano; 1 pelotón aéreo. Armada: Observadores Militares; Oficiales de Estado Mayor y Oficiales de Asuntos públicos; 1 fragata misilera; 1 compañía de Infantería Marítima; 1 partida de Ingenieros de Combate; 1 sección de apoyo logístico; 1 sección de policía Militar. Decreto Supremo 2.217 del 22 de diciembre de 1999, que promulga el memorando de entendimiento con las Naciones Unidas sobre las aportaciones al Sistema de Acuerdos de Fuerzas de Reserva de las Naciones Unidas (UNSAS). Publicado en Diario Oficial de la República de Chile del 11 de marzo 2000.

[22] Definición elaborada a partir de los antecedentes de la misión y actividades asignadas al JMAC en la misión de Naciones Unidas en Burundí: The United Nations in Burundi en el detalle de las actividades militares efectuadas en el periodo 2005 – 2006. Documento fechado el 29 de Diciembre de 2006. Disponible en la red:  http://www.unburundi.org/search/runsearch.asp .

[23] Capítulo V del Manual de Operaciones Multinacionales de Mantenimiento de la Paz de Naciones Unidas. Disponible en la red: http://pbpu.unlb.org/pbpu/handbook/Handbook/5.%20Military.html Página web oficial de Naciones Unidas

[24] Centro de Operaciones Conjuntas (Joint Oparations Cell JOC, en sus siglas en inglés), Centro destinado a la coordinación de las actividades diarias de la misión, incluyendo los asuntos militares, políticos, civiles, de derechos humanos, información pública y de otros componentes. El JOC también puede ser usado para la coordinación con elementos externos a la misión, como otras entidades del sistema de Naciones Unidas

[25] DPKO POLICY DIRECTIVE Joint Operation Center and Joint Mission Analysis Cell, 1 de Julio de 2006. Disponible en: http://www.fuerzas-armadas.mil.ar/OMP/Publicaciones/ONU/ENGLISH/PEACEKEEPING%20OPERATIONS/Joint%20Ops%20Centres%20and%20Joint%20Mission%20Analysis%20Centres.pdf

[26] Nuevo Horizonte: Un nuevo programa de alianzas: configuración de un nuevo horizonte para las operaciones de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas. Es un documento interno (o «texto informal») elaborado por el Departamento de Operaciones de Mantenimiento de la Paz y el Departamento de Apoyo a las Actividades en el Terreno que refleja las perspectivas de ambos departamentos como parte del proceso «Nuevo Horizonte», que pretende elaborar un programa prospectivo para las operaciones de mantenimiento de la paz. El documento, que ha sido distribuido entre los Estados Miembro y los distintos aliados en el mantenimiento de la paz, se elaboró en apoyo de un diálogo destinado a crear un programa normativo de mantenimiento de la paz en que se reflejen las perspectivas de todas las partes interesadas en esta alianza mundial. Ver Nuevos Horizontes: http://www.un.org/en/peacekeeping/documents/newhorizon.pdf

[27] Joint Declaration on UN-EU Co-operation in Crisis Management, New York, 24 September 2003, en

http://Europa-eu-un.org/articles/en/article_2768_en.htm

[28] Steele D. Robert, Information Operation: All Information, all languages. All the time. The new semantics of wars & peace, wealth & democreacy. OSS International Press, 2006. Pags. 43-48.

[29] REAL ACADEMIA ESPAÑOLA, “Diccionario de la Lengua Española “, vigésima segunda Edición , España 2001. Pág. 1098.

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