Capitán de Navío (r) Camilo Ricardo Milano. Argentina

Datos Biográficos del Autor: Investigador y Coordinador de Pasantías Universitarias en el Centro de Estudios Estratégicos de la Armada Argentina; consultor de empresas en materia de Manejo de Crisis y Comunicación en Situaciones de Crisis. En áreas de Inteligencia se ha destacado su participación como Jefe de Departamento Acción Psicológica- Servicio de Inteligencia Naval: 1982/83. Jefe de los Departamentos Planes y Acción Psicológica-Jefatura Inteligencia del EMC de las FFAA: 1985/86. Representante del EMC ante la Central Nacional de Inteligencia: 1985. Jefe de Departamento Inteligencia-Comando de Operaciones Navales: 1988. Subdirector de Planeamiento de la Secretaría de Inteligencia de Estado: 1990/2000. Es autor de numerosos artículos publicados en revistas internacionales.

Situación

En el año 2005, en oportunidad de la suscripción de un acuerdo de cooperación entre instituciones policiales de Estados Unidos y El Salvador para combatir a las pandillas juveniles o “maras” en este último país, preparamos un breve análisis sobre el tema bajo el título “LA LUCHA CONTRA LAS “MARAS” EN AMÉRICA CENTRAL” (1), en cuya última conclusión expresamos: ”a pesar de la peculiaridad de estas bandas, se considera que los analistas de inteligencia que tratan los conflictos sociales y el crimen organizado, deberían prestar especial atención a la evolución de los acontecimientos relacionados con el tema expuesto, a los efectos de obtener elementos de juicio que les faciliten la interpretación de procesos delictivos y violentos provocados por la exclusión social y la debilidad de los Estados.”

La orientación citada nos indujo a efectuar una evaluación general sobre las pandillas delictivas en América Del Sur, con el propósito de obtener conclusiones relacionadas con el tema. Al respecto, vale mencionar que las maras constituyen la referencia más conocida de las bandas o pandillas delictivas, que en este espacio hemos dado en definir como: “como bandas o pandillas, compuestas predominantemente por jóvenes delincuentes, que ejercen una variada gama de acciones ilícitas (extorsiones, secuestros, torturas, asesinatos, etc.) y de violencia pública asociada a su accionar.”

La notoriedad y peligrosidad de las maras han motivado que los Estados Unidos, Méjico, los países centroamericanos y algunas naciones caribeñas desarrollen, individual y conjuntamente, actividades específicas para contrarrestar el accionar de estos grupos delictivos. En este sentido, se destacan la Estrategia para combatir las pandillas delictivas de América Central y México, formulada por el gobierno de Estados Unidos, en julio de 2007, y las disposiciones particulares sobre el problema expresadas en el Plan Nacional de Desarrollo del gobierno de Méjico, para el período 2007-2012; así como las Conferencias Internacionales Sobre el Combate a las Pandillas, que se celebran anualmente desde 2005.

Asimismo, desde 2005, la Organización de Estados Americanos (OEA) ha decidido enfrentar formalmente el problema que las pandillas delictivas constituyen para el hemisferio, adoptando disposiciones concordantes con los riesgos y amenazas que ella configuran para el Estado de Derecho.

En este sentido, en junio de 2007, la Asamblea General de la OEA, aprobó la resolución AG/RES. 2299 ”Promoción de la cooperación hemisférica para el tratamiento de las pandillas delictivas”, en la que, entre diversas consideraciones conceptuales y ejecutivas, concluye “que se trata de un tema muy complejo, que debe abordarse desde un enfoque integral, que incluya entre otros, la prevención, el apoyo social, el respeto y la protección de los derechos humanos, y la asistencia legal mutua en materia internacional;” y resuelve que los elementos competentes de la Organización apoyen “articuladamente las iniciativas de los Estados Miembros relacionadas con la prevención y el tratamiento integral del fenómeno de las pandillas delictivas en sus diversas modalidades y particularidades, y con el estudio de sus posibles aspectos conexos y su posible relación en el entorno social, cultural y económico,”.

Conclusiones

A pesar de que en muchos de los Estados americanos se está enfrentando a las pandillas a nivel nacional, internacional y subregional, en algunos países de América del Sur, el crecimiento de estas bandas de delincuentes juveniles ha sido significativo y su accionar ha erosionado las bases de la seguridad pública.

A su vez, en determinados países, las pandillas se han convertido en grupos delincuenciales que practican todo tipo de violencia y acciones ilícitas, y se relacionan regularmente con estructuras del crimen organizado transnacional y organizaciones terroristas internacionales.

A pesar de la percepción subjetiva de la población respecto de la inseguridad que generan las pandillas en numerosas ciudades de los países de Sudamérica, no se advierte que en la mayoría de ellos las políticas de seguridad interior contengan estrategias particulares para combatir este fenómeno social.

Es por esta razón que, contando con el apoyo de especialistas de los distintos  campos comprometidos en la problemática en cuestión, los gobiernos deberían movilizarse en la búsqueda de soluciones, tanto en el interior de los Estados como en el ámbito internacional.

Sobre esta necesaria interacción, entendemos que se requiere cierta prevención y equidistancia respecto de los estudios de campo, dado que frecuentemente tienen un marcado carácter sectorial y suelen estar influenciados por las características doctrinarias e ideológicas de los investigadores involucrados.

En otro orden, no se debe descartar que, como hemos dicho en anteriores escritos, que la actitud de algunos gobiernos de desconocer o minimizar la existencia de las amenazas asimétricas y transnacionales, como la corrupción y el crimen organizado, induzca a las autoridades nacionales a no actuar efectivamente en contra de las bandas delictivas que eventualmente se relacionan o integran con aquellas amenazas.

Para enfrentar adecuadamente el fenómeno es necesario conocerlo cabalmente; requisito que parece no ser satisfecho en algunos países de la región. Para lograrlo es imprescindible que los organismos competentes del Estado accionen mancomunadamente con las entidades de la sociedad civil susceptibles de participar en la elaboración de los diagnósticos, la determinación de las estrategias relacionadas y el seguimiento de las acciones que se emprendan para resolver el problema.

Indudablemente, para lograr este objetivo se requiere de un enfoque sistémico que permita integrar todos los componentes sociales que configuran el problema y disponer una metodología de planeamiento que asegure el empleo coordinado de todos los recursos sectoriales del Estado, para acceder a una estrategia amplia, pero específica, que no permita la contraposición, divergencia o superposición de esfuerzos.

La conducción centralizada en un órgano especializado, como podría ser una comisión nacional, y la ejecución descentralizada en entes específicos constituidos en las provincias y municipios, puede ser un recurso conveniente para tener mayor eficacia en el cumplimiento de las actividades previstas.

(1) Cuadernos de Aainteligencia ·Año 1 N°1