Iñaki Oroz Llánder :: Analista y Consultor de Inteligencia Competitiva en Infocenter

i.oro@infocenter.es

En los últimos meses estamos viendo como el debate sobre la conveniencia de las CCAA y otras administraciones locales está pasando de ser un asunto político a un debate económico sobre su rentabilidad y eficiencia.

En este contexto deberíamos preguntarnos si la actual situación de duda económica sobre las CCAA se habría evitado si sus planes de desarrollo económico hubieran estado coordinados entre sí dentro de una estrategia nacional. Es decir: ¿estarían las CCAA en esta situación si hubieran desarrollado sistemas de inteligencia económica, territorial o competitiva en su territorio o jurisdicción en coordinación con la administración central? Estos sistemas de inteligencia permiten una visión a largo plazo basada en lo que debería ser un desarrollo regional y nacional a corto y medio plazo.

Para confirmar la existencia de esta planificación o sistema de inteligencia, bastaría con que algunos consejeros autonómicos (y también algunos ministros) respondieran a las siguientes preguntas:

  1.  ¿Disponen de un sistema de indicadores económico, financieros, sociales, humanos, que permita anticipar futuros escenarios medio y largo plazo? En caso afirmativo: ¿están diseñados para que se adapten a los cambios en el entorno?
  2. ¿Se sabe qué factores del entorno están influyendo directamente en la vida de los ciudadanos y en la actividad de las empresas?
  3. ¿Existe un sistema de información sobre las actuaciones de competidores? (ya sean privados u otros organismos públicos)
  4. ¿Se comparte la información entre los diferentes departamentos de la autonomía?
  5. ¿Se conocen con cifras y datos el papel de cada comunidad en la estrategia nacional de crecimiento?
  6. ¿Se sabe sí se está compitiendo en el exterior con otras comunidades españolas de forma eficiente?

 Y sobre todo…

¿Existe una visión conjunta de futuro sobre la autonomía/región (o al menos el esfuerzo) entre el gobierno, las empresas y agentes sociales?

Para que las respuestas sean afirmativas, se requiere de una perspectiva a largo plazo frente a una puramente cortoplacista, requerimiento que hoy en día es muy difícil de obtener, pero debe hacerse, en otros países se está haciendo, y es nuestro deber aportar nuestro grano de arena para que mejoremos y afrontemos el futuro con más seguridad.

El caso francés

En medio de la crisis, el pasado septiembre el Primer Ministro francés, François Fillon, emitió una circular dirigida a los miembros de su gobierno, titulada: “Acción del Estado en materia de Inteligencia Económica” (concepto muy relacionado con lo que en España llamamos Inteligencia Competitiva) en el que se afirmaba que “la política de Inteligencia Económica de Francia constituye uno de los componentes de la política económica, contribuye al crecimiento, a la vez que preserva la competitividad y la seguridad de las empresas francesas y de los organismos de investigación”.

La consecución de estos objetivos se apoya en sistemas de vigilancia estratégica, en la mejora de competitividad y  en transferencia tecnológica y garantía de seguridad económica de la investigación.  Todo ello orientado a que los agentes económicos puedan tomar decisiones con menor riesgo.

Esto es imposible sin tener en cuenta también la competitividad de regiones como lugares de atracción para la inversión y para las personas. Francia ha aumentado su descentralización en los últimos años, sin alcanzar ni de lejos el nivel de España; lo cual no es obstáculo para la inteligencia económica nacional se articule junto a las regiones. Así, existe el  Delegado interministerial de IE (Inteligencia Económica) como coordinador entre el Estado y los servicios descentralizados.

En el desarrollo de la Inteligencia Económica francesa participan las instituciones nacionales (todos los ministerios, no sólo economía o industria) y las prefecturas. También Exteriores y Defensa en la detección temprana de proyectos, en el acompañamiento de la oferta francesa en el exterior  y la influencia en los ámbitos de decisión y conocimiento de la competencia.

Por tanto, la estrategia nacional de inteligencia económica implica a organismos nacionales y regionales y mira al mercado interior y exterior.

En la práctica, todo esto se basa en sistemas de información del entorno que mantenga una visión del escenario competitivo actualizado. Con las Tecnologías de la Información, esta labor es más rápida y fácil. El manejo de grandes cantidades de información y  el impulso de las fuentes abiertas, abre este campo directamente a la empresa privada (grandes  y pymes) y a la administración pública (de cualquier ámbito). El acceso a los resultados de esta inteligencia permite  poder adaptarse al  entorno con la mejor información posible con la seguridad de que su desarrollo está siendo dentro de una planificación nacional.

La Inteligencia Territorial tiene una clara función estratégica de apoyo a la Inteligencia Nacional como impulso para generar riqueza para la región y la nación, pero éste no es su objetivo último; ya que la mejora económica debería repercutir en el bienestar social. Tal y como recuerda la experta en Inteligencia y Desarrollo Regional, Carmen Sanjurjo, “la meta final es obtener una región atractiva para vivir, visitar e invertir”.

Por tanto, las autoridades públicas deberían pensar si es necesario el desarrollo de una estrategia nacional de Inteligencia Económica y la aplicación de medidas de Inteligencia Territorial a las regiones.

 O es que ¿alguien cree que el éxito económico de un país es fruto de la casualidad o de actuar pensando sólo en el corto plazo?