Vicente Torrijos. Colombia
Datos Biográficos del Autor: Profesor de ciencia política y relaciones internacionales en la Universidad del Rosario de Bogotá, Colombia. vicente.torrijos@urosario.edu.co
Luego de seis años sostenidos de impacto de la Política de seguridad democrática (Psd) del gobierno del presidente Álvaro Uribe, la cual implicó un fortalecimiento continuo de la capacidad anticipatoria y de contención del Estado colombiano, y una sostenida presión sobre las estructuras militares de la organización armada ilegal, las Farc se han visto forzadas primero a replegarse e inhibir su comportamiento ofensivo, y luego, se han encontrado en serias dificultades para hacer frente de manera efectiva al despliegue de fuerza del Estado, si bien conservan aún un importante acervo de recursos para perturbar y comprometer el orden público, especialmente en tanto que puedan aún recurrir a tácticas terroristas que ya han ensayado en el pasado.
Pero así como en el terreno militar las Farc se encuentran significativamente debilitadas (aunque esto no signifique en modo alguno afirmar la inminencia o la inevitabilidad de su derrota, por lo demás poco plausible como tal en el terreno de lo puramente militar), las Farc también atraviesan un difícil momento político: calificadas como terroristas por importantes actores de la comunidad internacional, develada la trama de complicidades que las vincula con los regímenes de Chávez y Correa, y enredadas en su propio invento (la prolongación inhumana de la retención de civiles y militares), se encuentran además con que las fuerzas del Estado les han propinado importantes golpes que afectan sus cuadros más elevados.
En este escenario, el futuro inmediato de las Farc parece estar determinado por la evolución de tres factores clave: la crisis de la parapolítica (los presuntos nexos entre congresistas y grupos paramilitares), la reingeniería interna del grupo armado ilegal, y el futuro del canje con el papel de Francia y la reactivación del neo-grupo ‘de Contadora’.
La crisis de la parapolítica podría constituirse en un importante insumo para las Farc, que compensaría en el terreno político al menos parcialmente su debilidad militar, en un momento en que esa parece ser la única alternativa de la organización: compensar lo uno con lo otro.
En ese contexto, las Farc explotarán sistemáticamente la crisis, tanto a nivel interno como a nivel internacional como su principal arma en la lucha por la legitimidad.
Por otra parte, aunque los golpes sufridos en sus cuadros son importantes, no deben ser sobreestimados. Una organización como las Farc tiene un enorme potencial de recomposición, no obstante el deterioro que ha sufrido durante la última década, especialmente en la composición de sus cuadros medios, como consecuencia de su espuria connivencia con el narcotráfico.
No obstante, el proceso de reorientación le generará algunos costos, derivados sobre todo de la necesidad de volver a construir lazos de confianza y credibilidad (los que de alguna manera tenía, por ejemplo, Raúl Reyes), así como de la de blindar a la organización, y especialmente al nivel directivo, de posibles delaciones y traiciones como las que ya se han producido.
Internamente, en síntesis, las Farc tendrán que regenerar sus canales de interlocución y confianza, mientras por otro lado, contienen la paranoia organizacional y buscan renovar y oxigenar los cuadros medios y las líneas de sucesión en medio de tensiones burocráticas internas que podrían enfrentar a los sectores más ideológicos con los más pragmáticos (y criminalizados).
Por último, en el plazo mediato, el asunto del canje irá asfixiando más y más a la organización y le irá restando liquidez política y margen de maniobra.
El bochornoso fracaso de la “misión médico humanitaria” francesa ha comprometido de manera importante su imagen a nivel internacional y por otro lado, constituye un precedente importante en la dirección de bloquear toda iniciativa unilateral futura por parte de Francia, por más que el gobierno de Sarkozy mantenga la liberación de la señora Betancourt como una de sus prioridades.
A las Farc les interesa enormemente la interlocución internacional, incluso aunque ésta se produzca en los términos acusatorios que ha usado recientemente el presidente Sarkozy, razón por la cual continuarán empleando mediáticamente el asunto del intercambio humanitario.
Por último, esta guerrilla explorará escenarios de una mayor internacionalización de la discusión del intercambio, por ejemplo, enviando signos favorables a iniciativas como una eventual reactivación del llamado nuevo Grupo de Contadora, procurando siempre darle el mayor protagonismo a los regímenes como el de Hugo Chávez o el de Rafael Correa, en una campaña minuciosamente articulada y orientada a impactar el escenario de las elecciones presidenciales del año 2010.
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