Vicente Torrijos R., Colombia

Profesor de ciencia política y relaciones internacionales en la Universidad del Rosario, de Bogotá, Colombia. vicente.torrijos@urosario.edu.co

Sinopsis

La guerra se transforma históricamente.  Algunos analistas hablan ya de las guerras de IV generación y los teóricos formulan paradigmas sobre las nuevas guerras.  También la insurgencia se ha transformado.  Con base en la experiencia en Irak, el ejército norteamericano ha empezado a reformular su doctrina sobre contrainsurgencia, y en el presente documento se intenta una aproximación a los elementos más importantes sobre esta propuesta para el abordaje de los fenómenos insurreccionales.

 

CAPÍTULO 1: PLANTEAMIENTO GENERAL

Introducción

Aunque todavía no ha sido aprobado oficialmente, ya se conoce el borrador del nuevo manual de doctrina sobre contrainsurgencia que muy seguramente adoptará el Ejército de los Estados Unidos. 

Se trata de un documento de 241 páginas elaborado por el general David Petraeus, antiguo comandante de 101 división aeroportada —y reconocido por su desempeño en Irak, no sólo en términos militares sino en el manejo del proceso de reconstrucción y protección a la población—, y el coronel Conrad Crane, director del Instituto de historia militar.

La premisa fundamental de la nueva doctrina estriba en que “los ejércitos tradicionales deben desaprender una gran parte de su doctrina y reaprender los principios de la guerra contra una insurrección para conducir una campaña de este tipo”. 

Debido a múltiples factores, las organizaciones irregulares tienen una mayor capacidad de adaptación que las fuerzas militares estatales: ello explica, al menos parcialmente, por qué son los principales protagonistas de lo que la academia ha denominado “nuevas guerras”, y también, por qué su capacidad ofensiva y destructiva tiende a desbordar la capacidad de respuesta de los Estados.

A continuación se resaltan brevemente algunos de los puntos más importantes de la nueva doctrina contrainsurgente que podrían ser objeto de debate en el proceso de aprendizaje de las Fuerzas Militares colombianas en su lucha contra las organizaciones narcoterroristas.

Los axiomas de la nueva doctrina contrainsurgente

[1.]  Integrar las operaciones civiles y militares. Como nunca antes, hoy en día la guerra contrainsurgente no la libran sólo los militares en el campo de batalla. 

Se requiere, en buena medida “desmilitarizar” la contrainsurgencia y acompañar el despliegue de fuerza con el despliegue de otros recursos, especialmente políticos y sociales. 

Las insurgencias de hoy le apuestan a provocar el caos y el desorden generalizado, más que a enfrentar a las FF.MM de manera directa y frontal. 

Luchar contra una insurrección implica, simultáneamente, reconstruir una sociedad, proteger la población, reforzar la legitimidad del gobierno, entrenar el ejército nacional y combatir las organizaciones guerrilleras.

[2.]  A mayor protección de las tropas, más inseguridad para ellas.  A mayor despliegue de fuerza, menor eficacia cabe esperar de ellas.  Es la experiencia norteamericana en Irak: a mayor despliegue absoluto, mayor vulnerabilidad; a mayor notoriedad del despliegue de fuerza, mayores incentivos para el ataque terrorista. 

Cambiando lo que hay que cambiar, no es el factor cuantitativo (el peso de la fuerza desplegada) lo que determina la recuperación del control.  Por el contrario, un intenso despliegue de fuerza concentrado en una misma área incentivará los ataques periféricos e incrementará la vulnerabilidad de otras unidades, mientras minimiza la capacidad de respuesta inmediata frente a la agresión del adversario.

[3.]  Aprender a valorar los efectos colaterales.  “Una operación que da de baja a 5 insurgentes es contraproducente si los daños colaterales conducen al reclutamiento de 50 nuevos”. 

Esto es válido también para la población civil, que opera con una lógica de incentivos: la presencia de la fuerza entraña costos y riesgos, que la población civil debe ser persuadida de que vale la pena asumir. 

En muchos casos, la presencia militar es percibida como un factor de inseguridad más que de protección, y en esa percepción tienen mucho que ver los costos que directa o indirectamente asume la población como consecuencia de ello. 

Por lo tanto, un despliegue institucional debe ajustar el balance, a favor de las fuerzas del Estado.

[4.] No dejarse enredar en una cadena indeterminada de acciones/reacciones. Por definición, la guerra contrainsurgente es una “larga guerra”. 

No debe ser administrada como un único episodio de combate, y por lo tanto, no debe ser valorada ni planeada incidentalmente. 

En el curso de la guerra, “Una derrota es mejor que una rendición, una rendición es mejor que una captura y una captura es mejor que una masacre”.  El resultado final no depende, en todo caso, de una única batalla.

[5.]  Paciencia y suficiencia, claves estratégicas.  En esta “larga guerra” debe primar la paciencia sobre la necesidad y la urgencia. 

No hay fechas límites ni términos perentorios:  ellos presionan negativamente a la tropa, generan falsas expectativas en la opinión pública y minan la liquidez y el respaldo político. 

La presión inmediatista es enemiga del éxito y lleva a cometer verdaderas “babosadas” que borran 100 victorias.  Lo que sí se requiere es garantizar un flujo suficiente y permanente de recursos, de diversa índole, por ejemplo, de legitimidad moral ante la opinión pública, que tiene que tener en claro quiénes son los buenos y quiénes los malos.

[6.]  Conocimiento positivo y matizado.  Se trata no sólo de conocer al enemigo, sino de conocerlo positivamente —tal como es— y con matices —sin abstracciones, sin homogenizaciones ni reduccionismos conceptuales. 

El enemigo es el que es y no el que cada soldado o comandante cree que está combatiendo. 

Soldados y comandantes deben conocer las motivaciones, las fortalezas, las debilidades, la trayectoria histórica y la composición sociológica del enemigo, evitando caer en los estereotipos.

 

CAPÍTULO 2: EL ANÁLISIS DEL ADVERSARIO.  Elementos fundamentales para hacer una radiografía del adversario.

Introducción

El punto de partida de la doctrina contrainsurgente estriba en que el éxito de la guerra contra la insurgencia, entendida como “una lucha político-militar organizada y duradera diseñada para debilitar la legitimidad y el control del gobierno mientras se incrementa el control insurgente, ya sea con la finalidad de destruir el orden social existente y redistribuir el poder en el país, o separarse del control del Estado y formar un área autónoma”, depende de la capacidad de movilizar un apoyo político suficiente y emplear la violencia necesaria para alcanzar los fines políticos deseados.

De ahí que la actividad contrainsurgente “involucre la aplicación controlada del poder nacional en los campos político, informacional, económico, social, militar y diplomático”, en una combinación y proporción compleja y dinámica que no puede ser subestimada por los líderes, los planificadores y los ejecutores de la lucha contrainsurgente.

En esta primera parte se abordan algunos aspectos de la insurgencia, fundamentales para construir una aproximación estratégica eficaz.

Análisis y consideraciones

[1.] El contexto de la insurgencia.  Es generalmente un conflicto interno o guerra civil, y es fundamental empezar reconociendo esa realidad. 

Ello, sin embargo, no impide la existencia de variedades de insurgencia como las propias de las luchas de liberación nacional o incluso que las insurgencias locales tengan importantes dimensiones internacionales.

[2.] Asimetría y carácter no convencional. La insurgencia es una amenaza por definición asimétrica.  De hecho, el mayor poder que adquieren las fuerzas estatales en el dominio tecnológico y operacional, puede incrementar los riesgos de que movimientos contestatarios asuman la condición insurgente. 

Una de las formas más exitosas de compensar las asimetrías consiste en operar en estrecho vínculo con civiles y medios de comunicación, sin que ello signifique rechazar el combate abierto.

[3.] Las ventajas iniciales. Los insurgentes tienen a su favor la ventaja inicial, la denominada iniciativa estratégica, que se deriva de iniciar ellos el ataque; y de la que gozan mientras el Estado prepara su respuesta. 

En el curso del conflicto, su desempeño es exitoso en tanto estén en capacidad de sembrar el caos y el desorden, mientras que el gobierno falla a menos que sea capaz de mantener el orden en todo el territorio. 

De ahí que el esfuerzo contrainsurgente requiera una voluntad política firme y una extremada paciencia de parte del gobierno, la población y los países amigos; pues con frecuencia incluso las crecientes demandas de seguridad que se generan en un escenario insurgente limitan la flexibilidad de la respuesta del Estado y tienden a devolver la iniciativa a los insurgentes.

Una última ventaja de los insurgentes es su capacidad para influir en la configuración del entorno informacional, a través de la propaganda y la manipulación: en cualquier circunstancia, la opinión es más receptiva a las deficiencias y errores de la gestión gubernamental que a sus aciertos.

[4.]  Tipología de las insurgencias.  Existen diversos modelos o tipos de insurgencias, que en cualquier caso, tienen como objetivo forzar el cambio político.  Toda acción militar es secundaria y subordinada a ese objetivo. 

Para adelantar una lucha contrainsurgente eficaz debe identificarse el tipo de insurgencia que se enfrenta, para la cual es posible tener en cuenta ciertos criterios:

 

CRITERIOS CLASIFICACIÓN DE LA INSURGNCIA
 

  1. Causa originaria de la insurgencia
  2. Grado de apoyo (interno/externo)
  3. Discurso con el que busca el apoyo de la población
  4. Probables armas y tácticas
  5. Ambiente Operacional (aspectos geográficos, políticos, militares, económicos, sociales, informacionales, legales y de infraestructura relevantes)
OBJETIVO TIPO DE INSURGENCIA

Cambio del Sistema Político

  1. Anarquistas
  2. Igualitarios
  3. Tradicionalistas
  4. Pluralistas

Otros distintos del cambio del Sistema Político

  1. Secesionistas
  2. Reformistas
  3. Preservacionistas
  4. Comercialistas

 

[5.]  Diversidad de estrategias insurgentes.  La insurgencia puede operar con arreglo a 5 estrategias básicas, las cuales puede combinar en distinto grado, y más aún, puede emplear en distintas zonas y áreas indistintantemente. Es indispensable identificar qué estrategia se está enfrentando para desarrollar una respuesta contrainsurgente eficaz.

 

ESTRATEGIA CARACTERÍSTICAS

Conspiracional

Pocos líderes y un cuadro que busca el control de las estructuras de gobierno o explotar una situación revolucionaria.

Basada en lo Militar

Busca crear la situación revolucionaria mediante la aplicación de la fuerza militar.  Tienen poca o ninguna estructura política y expanden su control mediante el movimiento de las fuerzas de combate más que mediante la subversión política (ej.  la estrategia del foco).

Urbana

Emplea tácticas terroristas para sembrar desorden y generar represión gubernamental.

Guerra Popular Prolongada

Según el modelo maoísta, combina elementos militares y políticos y se desarrolla en fases no necesariamente sucesivas ni irreversibles: la defensiva estratégica, el empate estratégico, y la ofensiva estratégica.  Se basa en el ataque de diversos centros de gravedad del enemigo.

Tradicional

Relacionada con la movilización de clanes, tribus o grupos étnicos.

 

[6.]  Movilización.  El primer combate en un conflicto interno es por la movilización popular en una batalla por la legitimidad.  La insurgencia (no menos que la contrainsurgencia) puede disponer de cinco medios básicos de movilización :

 

MEDIO CARACTERÍSTICAS

Persuasión

Beneficios políticos, sociales, económicos y securitarios.  También la ideología (especialmente dentro de las élites).  El apoyo se deriva del consentimiento de la gente, aunque con frecuencia ello no suponga una comunidad de objetivos entre ésta y los líderes.

Coerción

Uso de la fuerza, tanto para intimidad como para proveer seguridad y llevar al apoyo activo o pasivo.  Se basa en tácticas como secuestros y asesinatos selectivos.

Reacción frente a abusos

Se aprovecha de la resistencia a ejercicios tiránicos de poder, así como de los impulsos de venganza y las reacciones frente a lo que la población percibe como un trato injusto y depredador.

Apoyo extranjero

Gobiernos extranjeros y ongs pueden proveer entrenamiento, dinero y legitimidad internacional para exacerbar un conflicto, incluso en ausencia de otras causas de escalamiento.

Motivaciones apolíticas

Apoyo de criminales, mercenarios, idealistas, a los cuales en ningún caso impulsa el afán de cambio político y por lo tanto serán reluctantes a cualquier expectativa de que se produzca como incentivo a suspender el apoyo que brindan.

 

[7.] La “Causa” insurgente. La “causa” es un principio o movimiento militantemente defendido o apoyado.  La insurgencia suele apoyar o apelar a múltiples causas, seleccionándolas en su discurso y asociándolas según su necesidad de influir en diversos grupos sociales. 

La causa defendida por la insurgencia puede ser tanto estructural como coyuntural, y puede ser tanto real como fabricada mediante la propaganda.

[8.] La relación entre insurgencia y criminalidad. La exigencia de recursos y medios de sostenimiento suele generar vínculos entre insurgencias y redes criminales. 

La financiación es siempre un elemento importante e influyente en el carácter de las insurgencias y en su vulnerabilidad; y al mismo tiempo puede estar condicionada por la doctrina y la ideología de la insurgencia. 

Más aún, en ciertos casos, la actividad ilegal puede ser atractiva para los insurgentes por su alta rentabilidad y la forma en que reduce su vulnerabilidad frente a los controles gubernamentales (al operar por fuera de los canales ordinarios de tráfico económico). 

Es importante señalar que, a pesar de su contacto con el mundo criminal, las insurgencias no se transformen en simples criminales : esto puede ocurrir, ciertamente, pero cuando las insurgencias empiezan a desintegrarse (por erosión interna, agotamiento, o incluso desmovilización).  La lucha contrainsurgente debe contemplar también previsiones en este sentido.

[9.]  Los elementos de la insurgencia.  Una organización insurgente consta de diversos elementos, con distintas funciones y poder, cuya densidad varía de una insurgencia a otra, e incluso al interior de una misma insurgencia en diversas áreas territoriales. 

Los elementos son : la cúpula o el conjunto de líderes, los combatientes, el cuadro político (o “partido”), los auxiliares o simpatizantes, y la base popular.  Con frecuencia se ha señalado que una relación de 10 o 20 contrainsurgentes por cada insurgentes es ideal : este es un lugar común que no tiene validez empírica : como en cualquier guerra, toda correlación de fuerzas para derrotar a una insurgencia depende de la situación y el nivel concreto en el que se aspire a impactar.

[10.]  La dinámica de la insurgencia.  La actividad insurgente es el resultado de dinámicas en las que interactúan por lo menos seis elementos.  En su conjunto, éstos proveen un marco para el análisis que puede revelar las fortalezas y debilidades de la insurgencia :

 

ELEMENTO DINÁMICO FACTORES DE ANÁLISIS

Liderazgo

  1. Cohesión
  2. Coherencia
  3. Nivel de centralización de toma de decisiones
  4. Dispersión territorial

Objetivos

  1. Estratégicos:  Fin perseguido, forma de usar el poder
  2. Operativos:  Proceso de destrucción de la estructura gubernamental, de erosión de su legitimidad, y aproximación al fin perseguido
  3. Tácticos:  Objetivos inmediatos, materiales o psicológicos

Ideología y Narrativa

  1. Construcción de discursos, íconos, simbologías, versiones e interpretaciones de la historia y de la realidad, autoconcepto de la organización

Entorno y Geografía

  1. Elementos físicos del área de actividad
  2. Tendencias demográficas y características culturales
  3. Capacidad de adaptación, movilización y obtención de recursos

Apoyo externo y santuarios

  1. Acceso a recursos políticos, psicológicos y materiales
  2. Redes de apoyo logístico y político
  3. Áreas de seguridad, reales o virtuales (Internet, mercados financieros, medios de comunicación)
  4. Tendencia a diluirse en la población para reducir vulnerabilidades

Evolución y temporalidad

  1. Capacidad de pasar de una fase a otra de desarrollo, de revertir avances o consolidarlos, de combinar elementos de diversas fases simultáneamente

 

[11.]  Vulnerabilidades.  Existen siete vulnerabilidades estructurales en las organizaciones insurgentes, cuya intensidad varía según el tiempo, el espacio y la unidad de combate de la que se trate :

 

VULNERABILIDAD IMPLICACIONES

Secreto

  1. El secreto excesivo puede limitar la libertad de acción, disminuir o distorsionar la capacidad de información sobre objetivos e ideales y restringir la comunicación al interior de las estructuras y elementos de la insurgencia

Movilización

  1. Para movilizar su base de apoyo popular, las insurgencias usan una combinación de propaganda e intimidación, y pueden excederse en ambas, especialmente por la contradicción que puede generarse entre una y otra

Base Operativa

  1. Equilibrio entre la necesidad de estar en proximidad del centro de actividades y la necesidad de tener un refugio seguro
  2. Atractivo de las zonas de frontera, especialmente si son porosas y permeables
  3. Relación entre la Base de Operaciones y los centros de acopio o de conservación de recursos, o de las rutas de tráfico de bienes de alto valor estratégico u operativo

Debilidad Financiera

  1. Riesgos de entrar en contacto con organizaciones criminales:  poca confiabilidad, posibilidad de corrupción, captura de la organización insurgente por la criminal

Divisiones Internas

  1. Pugnas por el poder
  2. Impacto de operaciones contrainsurgentes exitosas en la percepción de los integrantes de la cúpula
  3. Recelos burocráticos organizacionales entre las distintas unidades de la organización insurgente

Mantenimiento del control del proceso

  1. La insurgencia depende de su capacidad de controlar la evolución temporal del proceso, que puede determinar la pérdida de su capacidad de iniciativa

Informantes

  1. La clandestinidad, el agotamiento, la corrupción pueden abrir la organización insurgente a la actividad de informantes dentro de sus propios elementos
  2. La divulgación de la existencia de informantes genera paranoia, desconfianza, y erosión de los lazos organizacionales, y es tal vez, el mecanismo más eficaz para desmoralizar a los integrantes de una organización insurgente

 

CAPÍTULO 3: ANÁLISIS DEL BANDO PROPIO. La contrainsurgencia entendida como las acciones políticas, económicas, militares, psicológicas y cívicas asumidas por un gobierno para derrotar a una insurgencia.

Introducción

El diseño de una estrategia contrainsurgente es un proceso complejo que supone trazar las líneas generales de anticipación, acción y respuesta frente al desafío insurgente, y en especial, frente a la capacidad de iniciativa estratégica que constituye una de las ventajas iniciales de las que dispone la organización insurgente a la hora de desafiar la institucionalidad y el poder del Estado. 

El núcleo fundamental (y objetivo principal) de toda lucha contrainsurgente es la afirmación de la legitimidad del Gobierno, y como se desprende de su propia definición, no es por lo tanto una actividad puramente militar aunque tenga en las Fuerzas Militares a su principal ejecutor y responsable. 

Adicionalmente, sus probabilidades de éxito dependen directamente de su flexibilidad y adaptabilidad a escenarios y condiciones cambiantes, habida cuenta de que no todas las insurgencias son iguales, y de que, incluso al interior de una misma insurgencia se presentan variaciones según el tiempo, el espacio, el ambiente operacional y la propia estructura de las diversas unidades que la componen. 

Puesto que el modelo contemporáneo de insurgencia es el de una insurgencia reticular, la estrategia contrainsurgente debe pensarse también reticularmente y estar orientada cardinalmente a la ruptura de los nodos de intercambio y circulación que hacen posible la actuación y la supervivencia misma de la organización.

Con base en estos supuestos estratégicos, a continuación se abordan los aspectos fundamentales de la lucha contra insurgente.

Análisis y consideraciones

[1.] El contexto de la contrainsurgencia. En el contexto de un conflicto interno (que es el que más puramente corresponde al fenómeno de la insurgencia), debe tenerse en cuenta que en cualquier situación semejante, cualquiera que sea la causa que digan defender los insurgentes habrá una minoría activa que los apoya, una minoría activa en su contra, y una inmensa mayoría neutral o pasiva frente a ellos. 

Incluso en estas condiciones, y sobre todo, con una insurgencia fuertemente apoyada por actores externos o por elementos criminales, la neutralidad o pasividad mayoritaria es más que suficiente para que los insurgentes consigan su propósito de sembrar desorden y caos. 

De ahí, por lo tanto, que el primer objetivo de la contrainsurgencia sea conseguir y consolidar un apoyo mayoritario sólido y estable.

[2.] El núcleo esencial: la legitimidad. El primer gran objetivo de la contrainsurgencia es respaldar el desarrollo de un eficaz y suficiente grado de gobernabilidad por un gobierno legítimo. 

La legitimidad es fundamental para que el gobierno pueda cumplir sus funciones esenciales, y para que tenga la capacidad de recuperarse frente a los envites de la insurgencia.

Aunque existen cinco indicadores más o menos objetivos de legitimidad (selección justa y transparente de los líderes, altos niveles de participación popular en el proceso político, bajos niveles de corrupción, niveles aceptables —según la cultura— de desarrollo económico, político y social—, y una aceptación amplia del régimen político por las instituciones sociales de base), la pregunta fundamental que debe responderse es : ¿qué entiende en una circunstancia y contexto concreto la gente por acciones legítimas ? 

La respuesta a esta pregunta debe estar en la base del desarrollo de las acciones contrainsurgentes, y supone reconocer que ellas no se limitan al campo militar sino que comprometen a todos los instrumentos del poder nacional.

[3.] La Unidad de Esfuerzo. Los mayores riesgos que se derivan de lo anterior, a la hora de desarrollar una estrategia contrainsurgente eficaz, son la dispersión de esfuerzos, la falta de coordinación y los choques de competencias entre las distintas agencias que deben involucrarse en la lucha contrainsurgente.

Tres riesgos que se convierten en vulnerabilidades que la insurgencia puede explotar en su propio beneficio.  La unidad de esfuerzo debe comprometer no sólo a los actores estatales: es necesario persuadir a otros actores sociales, y para ello es importante asegurarse de que existen objetivos compartidos, acciones y mensajes sincronizados, pues la sinergia es otro elemento esencial de la contrainsurgencia.

[4.] La primacía de lo político. Aunque el despliegue inicial de la contrainsurgencia es militar, la primacía la tiene la política. 

Las acciones militares emprendidas sin una valoración adecuada de sus efectos políticos generan, en el mejor de los casos, magros resultados, y en el peor, son francamente contraproducentes. 

Derrotar a la insurgencia requiere soluciones políticas, y es imperativo que la actividad contrainsurgente no haga más difícil su consecución.

[5.] Comprender el entorno. La población local es un centro de gravedad crítico para toda insurgencia.  De ahí que para comprenderla en el área de operaciones, sea necesario identificar las siguientes características :

  1. Cómo están organizados los grupos sociales más importantes
  2. Cuáles son las relaciones y tensiones entre ellos
  3. Cuáles son las ideologías y narrativas que tienen eco en ellos
  4. Cuáles son los grupos de interés, su nivel de influencia local, y sus motivaciones
  5. Cuáles son los medios por los que los grupos se comunican entre sí, y
  6. Cómo está organizado y constituido el liderazgo social en la comunidad.

[6.] La cardinalidad de la inteligencia. La efectividad de las operaciones está determinada por el adecuado manejo de la inteligencia, recolectada y analizada a todo nivel, y distribuida según la necesidad en toda la fuerza. 

Es necesario desarrollar, además, un ciclo de generación de inteligencia en el que las operaciones alimentan la inteligencia y la inteligencia ilumina las operaciones.

[7.] Aislar a los insurgentes. Lo cual implica desconectarlos de la red (social, logística, económica, militar, y de valores) en la cual están insertos.  Su configuración reticular les permite reemplazar sus pérdidas (de cualquier índole) con sorprendente rapidez). 

Debe buscarse impactar y bloquear su poder recuperativo de manera permanente, con el activo apoyo de la población.

[8.] Actuar dentro de la legalidad. La contrainsurgencia busca ante todo proteger a la población civil de una insurgencia que debe ser vista como un actor criminal, como una amenaza real contra un sistema de gobierno y de normas acorde con la cultura y prácticas locales. 

Los excesos de la contrainsurgencia son insumos de legitimidad para los insurgentes: de ahí que sea importante ajustar las conductas de los contrainsurgentes a las normas legales, y documentar claramente todas sus actividades.

[9.] Prepararse para un compromiso de largo plazo. La lucha contrainsurgente es una “larga guerra”, que requiere infraestructura, persuasión, y una adecuada distribución de las energías y recursos en el tiempo, para evitar un agotamiento prematuro.

[10.]  Las imperativos contemporáneos de la contrainsurgencia. 

 

IMPERATIVO IMPLICACIONES

Manejo adecuado de la información y las expectativas

  1. No suministrar información que incremente desproporcionadamente las expectativas de la población
  2. Ofrecer resultados modestos y progresivos y obtenerlos es más eficaz que ofrecer victorias finales
  3. Enviar mensajes consistentes a las diferentes audiencias
  4. Valorar el impacto posible de la información suministrada como resultado de las acciones desplegadas

Uso medido de la Fuerza

  1. Todo uso de la fuerza genera reacciones
  2. Un uso escalado y progresivo de la fuerza genera reacciones proporcionales y más fácilmente manejables, lo cual no significa renunciar a la posibilidad hacer despliegues de fuerza de gran impacto cuando sea necesario
  3. Quién ejerce la fuerza es importante:  la misma fuerza ejercida por distintos sujetos tiene diferentes efectos en la percepción de la población

Aprender y Adaptarse

  1. Una fuerza contrainsurgente efectiva es una organización de aprendizaje
  2. Deben diseñarse mecanismos efectivos para socializar al interior de la fuerza las buenas prácticas desarrolladas por las distintas unidades sobre el campo de combate

Entorno y Geografía

  1. Elementos físicos del área de actividad
  2. Tendencias demográficas y características culturales
  3. Capacidad de adaptación, movilización y obtención de recursos

Empoderar los niveles inferiores

  1. Debe fomentarse la confianza y el entendimiento mutuo entre los distintos niveles jerárquicos y decisionales
  2. Los altos niveles no pueden estar permanentemente a cargo de todas las decisiones:  mandos medios e incluso inferiores deben ser empoderados y dotados de la confianza necesaria para tomar decisiones críticas
  3. Las operaciones contrainsurgentes efectivas son por definición descentralizadas

 

[11.] Las paradojas de la contrainsurgencia. La actividad contrainsurgente no es lineal ni se basa en principios de suma cero. 

De ello, y como final de la síntesis, se derivan algunas paradojas cuya consideración tiene especial importancia, sobre todo en el nivel operativo:

  1. Tanto más se protegen las fuerzas, tanto más inseguras están.  El objetivo contrainsurgente es proteger a la población y no a las propias fuerzas.  Es necesario entrar en contacto con el escenario, con la población, aunque eso implique riesgos: es la única manera de profundizar la inteligencia, de legitimar las operaciones, de conocer al enemigo y desarrollar capacidad de respuesta.
  2. Tanto más se use la fuerza, menos efectiva es.  A mayor intensidad del uso de la fuerza es mayor el riesgo de daños colaterales y errores.  Es fundamental hacer un uso preciso y discriminado de la fuerza, lo que de paso refuerza la legitimidad de las operaciones.
  3. Tanto más exitosa la contrainsurgencia, menos intensidad puede dársele al uso de la fuerza y mayores los riesgos a tomar.  A medida que los niveles de la violencia insurgente disminuyen, los requerimientos del DIH y las expectativas de la población hacen menos viable un uso intensivo de la fuerza militar. Es el momento para que entren en acción las fuerzas de policía y las instituciones políticas.
  4. A veces, no hacer nada es la mejor reacción. Con frecuencia la insurgencia ejecuta actos terroristas o tomas con el propósito fundamental de provocar una sobre-reacción de la contrainsurgencia, o por lo menos, de una reacción errónea que pueda aprovechar en su favor.
  5. Las mejores armas de la contrainsurgencia no disparan. Como lo son el apoyo popular y la legitimidad.  Con frecuencia, recursos y democracia tienen un impacto más importante que las bombas y las balas.
  6. Autoridades locales haciendo algo medianamente aceptable son mejores que las fuerzas contrainsurgentes haciendo algo bien1.  Es importante empoderar a las comunidades locales, a las fuerzas de policía, aunque su desempeño deje algo qué desear, mientras éste sea aceptable en términos estratégicos para la contrainsurgencia.
  7. Si una táctica funciona esta semana, no funcionará la próxima.  Si funciona en una región, puede no funcionar en otra. La insurgencia es hábil a la hora de adaptarse y su organización reticular le permite circular hábilmente información y aprendizaje de manera instantánea.  Por eso, el desarrollo constante de nuevas tácticas es fundamental para la contrainsurgencia.
  8. El éxito táctico no garantiza nada. Las acciones militares no llevan por sí mismas al éxito contrainsurgente.  Las acciones tácticas deben estar enlazadas no sólo con los objetivos militares estratégicos y operativos, sino también con los objetivos políticos.  De lo contrario, cada éxito táctico no será sino un gasto inoficioso de recursos.

Las decisiones más importantes no las toman los Generales. La eficacia de la contrainsurgencia se basa en la competencia, la habilidad y la sensatez de los combatientes en todos los niveles.  Es importante preparar a cada elemento de la contrainsurgencia en adecuados procesos de toma de decisiones en el nivel táctico, que impliquen un aprendizaje de los entornos locales, de los marcos éticos y legales de sus acciones, y que les permitan tener iniciativa en el marco de los objetivos macro trazados por la cúpula.

1 El manual está pensado en buena medida para orientar las operaciones militares estadounidenses en el extranjero, por lo cual, en su versión original, esta paradoja hace referencia a lo que la nación anfitriona pueda hacer por sí misma.