Glen C. Evans, Argentina

Datos Biográficos del Autor: El autor es Licenciado en Relaciones Internacionales de la Universidad de San Andrés y cursante del segundo año de la Maestría en Seguridad Pública del IUPFA (Instituto Universitario de la Policía Federal). Actualmente trabaja como analista en temas de seguridad para la consultora SIA (Security and Intelligence Advising).

Introducción

El debate en torno a la seguridad en la zona de la Triple Frontera se inició y maduró en torno a la amenaza del terrorismo. En particular, el ataque perpetrado contra la Embajada de Israel en Argentina -el 17 de marzo de 1992- y el atentado contra el edificio de la Asociación Mutual Argentino-Israelí (AMIA) -el 18 de julio de 1994- fueron los hechos que pusieron en la agenda de las autoridades argentinas, brasileñas y paraguayas la falta de control y seguridad en el área.

Producto de estos atentados -y exacerbado por los ataques del 11/09 en EE.UU.- se multiplicaron las sospechas en torno a la presencia en la zona de células terroristas “dormidas”, de planificación terrorista activa y de envíos de fondos para el financiamiento de actividades terroristas.

Al margen de las sospechas -a de 14 años del ataque contra la Embajada de Israel- y a más de 4 años del atentado perpetrado contra el World Trade Center y el Pentágono, no se han presentado –en el marco de la información disponible- evidencia concreta en torno a la presencia de terrorismo en cualquiera de sus formas.

En contraste, este fenómeno se desarrolla en paralelo a la existencia fehaciente de evidencia sobre la proliferación en el área de la actividad de exponentes del crimen organizado dedicados a la más variada gama de ilícitos.

En este  contexto, el objetivo de este trabajo es definir el terrorismo por oposición al crimen organizado apelando a un tipo ideal de ambas organizaciones evitando caer en la utilización de conceptos generales que pretenden englobar dos fenómenos de distinta naturaleza.

Con esta diferenciación conceptual en mente se enfocará el lente analítico sobre las hipótesis en torno a la figura del terrorismo en el área estudiada para cerrar con algunas notas preliminares que -lejos de ser dogmáticas- sólo buscan aportar algún elemento a un debate que esta lejos de cerrarse. 

Terrorismo y Crimen Organizado

Si bien el concepto Terrorismo no es nuevo, es altamente controvertido y actual. La proliferación de su presencia en el debate reciente sobre seguridad ha dado lugar a múltiples definiciones articulando una pluralidad  de puntos de partida. 

En su libro “The Ultimate Terrorist” Jessica Stern define terrorismo como “…an act or threat of violence against noncombatants with the objective of exacting revenge, intimidating, or otherwise influencing an audience” (Stern 1999, 11), esta definición es útil para brindarnos una primera aproximación al fenómeno.

Saint-Pierre -por su parte- define el terrorismo como la creenciaen el valor del terror –refiriéndose principalmente a su repercusión psicológica- pero avanza un paso más proponiendo dos tipos de terrorismo partiendo desde la perspectiva de la elección de la víctima. En este sentido, define la misma en tres niveles:

  • Víctima táctica: El individuo o grupo de individuos contra los cuales es perpetrado el atentado (los muertos y heridos).
  • Víctima estratégica: Todos aquellos que sobrevivieron el atentado mas se encuentran -por algún motivo- dentro del grupo de riesgo (son potenciales víctimas tácticas)
  • Víctima política: Es el estado o la estructura que debería garantizar seguridad de los individuos reconocidos por las dos categorías anteriores.

De esta manera, define el terrorismo como Sistemático / Discriminado o Aleatorio / Indiscriminado dependiendo de si la víctima estratégica tiene ciertas características que la definen o no1 (Saint-Pierre 2003). 

En esta misma dirección, Bartolomé acepta la definición de terrorismo como una creencia en el valor del terror resaltando lo que considera sus cuatro características principales (Bartolomé 1999):

  1. Es impredecible y carente de toda regulación
  2. Es desproporcionado entre los fines buscados y los medios utilizados
  3. Es indiscriminado, sus efectos se extienden a la totalidad de la población involucrando víctimas inocentes (el blanco es más amplio que las víctimas inmediatas)
  4. Produce un sufrimiento innecesario

Todas estas definiciones refieren al terrorismo como una herramienta  más allá de los responsables o los motivos que la sustentan. La amplitud de estas definiciones admite múltiples perpetradores -estados, grupos internacionales o individuos- y múltiples motivos o fines -políticos, religiosos o económicos-. Esto nos presenta todo individuo u organización que recurre al terrorismo con terroristas brindándonos una noción ambigua del fenómeno.

Por este motivo, para definir una organización como terrorista no basta con definir las características de la herramienta o la victima contra la que se dirige. La motivación que mueve al perpetrador -sea estado, individuo o grupo- debe estar delimitada.     

En función de lo anterior, la definición que propone Philip B. Heyman nos brinda una visión más acotada y más cercana al objetivo de este trabajo. Este autor define el terrorismo como violencia políticamente motivada llevada adelante por individuos y dirigida a no combatientes (Heyman 1998). 

Aquí, el sujeto que nos interesa son las organizaciones2 terroristas en función de comprender y contrastar las diferencias con el crimen organizado -en particular- con respecto a sus motivaciones.

Relación Crimen Organizado / Terrorismo 

Históricamente, múltiples organizaciones consideradas terroristas han incurrido en actividades ilícitas para financiar sus actividades3. La nota definitoria era que estas actividades se gestaban únicamente como un  medio para lograr sus fines políticos. Las mismas se orientaban a procurar los recursos para subsistir, armas, casas seguras, documentos falsos, informantes y viajes (Laqueur 1999) solventando los costos logísticos de las operaciones y no en función de enriquecer a sus miembros.

Por el contrario, el crimen organizado se ha desarrollado tradicionalmente como organizaciones que incurren en actividades ilícitas con el objetivo -casi exclusivo- de enriquecerse.           

A pesar de lo anterior -en palabras de Walter Laqueur- la historia reciente ha hecho la frontera entre el crimen organizado y las organizaciones terroristas más difusa. La globalización de ambas ha generado relaciones híbridas concibiendo una suerte de simbiosis entre muchas de estas organizaciones en donde las características propias de cada una no están claramente definidas4 (Laqueur 1999).

En otras palabras, lo que busca presentar Laqueur es una suerte de politización del crimen organizado en paralelo a un giro pragmático por parte de las organizaciones terroristas. La primera orientada a la consolidación de estos grupos como actores globales / trasnacionales buscando un sustento político que les permita asentarse en los nuevos territorios -partidos políticos o lobbies- y el segundo en función de financiar actividades de mayor envergadura

iniciando emprendimientos ilícitos que superan los costos logísticos buscando beneficios que trascienden el motivo político.

Bajo esta línea de pensamiento, lo que sostiene este autor es un cambio en la naturaleza de los motivos que mueven a estas organizaciones posibilitando la cooperación sostenible a largo plazo o el nacimiento de organizaciones híbridas signado por una relajación de los fines.    

Este proceso probablemente este presente, pero la simbiosis entre estas organizaciones esta englobada más en un cambio de magnitud y escenario que de fines. Ambas organizaciones están inversas y usufructúan los beneficios de la globalización articulando sus actividades en un escenario ampliado con distancias reducidas. Lo que observamos no es un cambio en la naturaleza sino una adaptación a un “nuevo” medio. 

En este punto es válida una aclaración, lo que aquí se entiende por globalización no hace referencia al proceso histórico en general sino al proceso particular propio de la década de los ochenta y noventa entendido como una intensificación o cambio cualitativo en el proceso tradicional.

Este cambio es explicado -casi exclusivamente- por la velocidad y magnitud de la revolución de la tecnología de la información y la comunicación y los efectos de la misma en la construcción del nuevo escenario.

Mary Kaldor define este fenómeno como “…the intensification of global interconnectedness – political, economic, military and cultural” (Kaldor 1999, 3).

En este escenario particular es necesario comprender los cambios tanto en el crimen organizado como en el terrorismo para observar que las relaciones  entre estas organizaciones tienen más que ver con los medios que utilizan y las actividades que realizan y no, en definitiva, con el objetivo final que persiguen.  

Los Medios y los Fines 

En el contexto analizado, se puede afirmar que tanto las organizaciones criminales como las organizaciones terroristas están inmersas en actividades ilícitas y utilizan o usufructúan medios similares. Estos se pueden resumir en: La violencia, la corrupción, el lavado de dinero y la tecnología (Shelley y Picarelli 2002).

Ambas organizaciones utilizan la violencia para la eliminación de competencia y obstáculos, corrompen para allanar el camino en sus actividades, se financian clandestinamente y aprovechan los avances de la tecnología. Sin embargo, la diferencia es el objetivo en función del cual orientan estos medios. 

En palabras de Juan Gabriel Tokatlian, el fin ultimo del crimen organizado es “garantizar e incrementar sus ganancias, su influencia y su seguridad” (Tokatlian 1999, 7). Se puede afirmar que el fin de estas organizaciones es económico, buscan hacer la mayor cantidad de dinero posible.

En relación a esto podemos afirmar que estas organizaciones son – esencialmente- pragmáticas y statu quistas. Lo que buscan es consolidar su dominación y perpetuar una situación favorable para el desarrollo de sus actividades apelando a un razonamiento utilitarista.   

Por oposición, definimos el fin de las organizaciones terroristas como político, el objetivo no es la obtención de dinero, sino la eliminación de sus competidores políticos atentando contra una situación determinada.

El objetivo es terminar con lo establecido quebrando o buscando quebrar el statu quo respaldado por algún fundamentado o cuerpo de creencias -ya sean religiosas o políticas-.

En este sentido, mientras el crimen organizado persigue un fin económico, presenta un apego al statu quo (Tokatlian 1999) y es pragmático, el terrorismo persigue un fin político, atenta contra el statu quo -busca un cambio radical- y es -en esencia- ideológico (Shelley y Picarelli 2002).

Estas diferencias son las que determinan que -no obstante- las actividades que realizan y los medios que utilizan estas organizaciones sean -en muchos casos- los mismos el fin hacia el cual se los orienta es distinto (Shelley y Picarelli 2002) y por lo tanto la naturaleza de las mismas también.

En importante aclarar en este punto que estas observaciones no sugieren bajo ningún punto de vista que sea imposible la cooperación5 o asociación entre estas organizaciones, lo que si sugiere es que esta asociación o cooperación es insostenible a nivel estratégico.

Hilando un poco más fino, la prosperidad de la actividad terrorista genera inestabilidad mientras que la ganancia del crimen organizado crece y se consolida en el marco de la construcción silenciosa de una estabilidad favorable.    

En estas circunstancias, es normal que se nos presenten dificultades a la hora de trazar una línea divisoria clara a la hora de definir cada una de estas organizaciones. No obstante, es necesario evitar caer en el simplismo de definiciones abarcativas que derivan -casi inexorablemente- en soluciones holistas para problemas que necesitan un tratamiento particularizado. 

De esta manera, aunque “…Organized criminals have been know to kill prosecutors, judges, and police, they are not terrorist (their motives are economics not political)…” (Shelley y Picarelli 2002, 315) y, a pesar de que muchas organizaciones terroristas se ven envueltas en múltiples actividades ilícitas -como la extorsión, el narcotráfico o el tráfico de armas- no podemos decir que son exponentes del crimen organizado.

El Terrorismo en la Triple Frontera

El ataque contra la embajada israelí en Argentina -el 17 de marzo de 1992- fue el hecho que puso en alerta a las autoridades argentinas, brasileñas y paraguayas sobre la seguridad en el área de la Triple Frontera.

Sin embargo, la atención de la opinión pública y los medios6 en torno a la falta de control y seguridad en el área se gestó a partir de la vinculación de la zona con el atentado perpetrado contra el edificio de la Asociación Mutual Argentino-Israelí (AMIA) el 18 de julio de 1994.

La sombra del terrorismo en la región se centra –principalmente- en la presencia de una alta concentración de ciudadanos de origen árabe. En particular, se calcula que en Foz de Iguazú residen –aproximadamente- 12.000 ciudadanos de este origen mientras que en Ciudad del Este el número rondaría entre los 2.000 y 3.000 -10.000 si se tienen en cuenta los ciudadanos árabes que trabajan en Ciudad del Este pero residen en Foz de Iguazú- (Escuela Superior de Gendarmería 1996).

Del total considerado, el 90 % es de origen libanés y -la mayoría- tiene familia en el valle de la Bekka lugar considerado el epicentro de la organización Hezbollah (Bartolomé 2002).

Por estos motivos -si bien la mayor parte de los ciudadanos árabes de esta zona se dedican al comercio y muchos son observados por fuentes de Gendarmería como exponentes del crimen organizado- su procedencia ha desencadenado todo tipo de hipótesis sobre su relación con el terrorismo y -en particular- con en brazo armado de la organización Hezbollah. 

En este contexto, fueron las características de la comunidad libanesa y los controles laxos sobre la región los que presentaron la Triple Frontera como un posible vinculo funcional al diseño y ejecución de los ataques contra la Embajada de Israel y la AMIA.

En palabras de Bruce Hoffman7, el área presentaba -al momento de los atentados- un entorno de tráficos ilegales y criminalidad organizada -que permitía a los terroristas ocultar sus actividades- , un suministro de armas y materiales para cometer el atentado; la existencia de elementos criminales que podían reclutarse e incorporarse a la operación y un antisemitismo latente (Bartolomé 2002).

La investigación llevada adelante por la Corte Suprema de Justicia Argentina reunió suficientes datos8 para definir el ataque contra la Embajada de Israel como una acción terrorista llevada adelante por la organización Hezbollah -en particular por su servicio de seguridad-. En esta dirección, se reconoció como el máximo responsable a Imad Moughnie9 quien -se sospecha- habría ingresado a la Argentina en 1992 por Foz de Iguazú para la coordinación del atentado (Bartolomé 2002)

Por otro lado, -hasta la fecha- los avances en la investigación sobre el ataque contra la AMIA llevaron a definirlo como un atentado terrorista internacional.

En este sentido, se llegó a considerar a los principales acusados argentinos10 -los cuales serían luego desvinculados de la causa- como componentes de una célula local (La Nación 12 de Marzo 2004) mientras se cree que el presunto conductor de la trafic que llevaba los explosivos, Ibrahim Hussein Berro11, era el miembro de Hezbollah que llevó adelante el atentado suicida (La Nación 9 de Noviembre 2005).

En ambos planos de esta investigación -el nacional y el internacional- se relaciona la zona de la Tripe Frontera con la logística del atentado ya sea por el ingreso de individuos o de elementos para la concreción del mismo.    

En el marco de los sucesos anteriores, el fantasma del terrorismo en el área ha dado forma a dos hipótesis básicas sobre su potencial manifestación. La primera gira en torno a la posible existencia de células terroristas en la zona12 -ya sea activas o “dormidas”13- y la segunda a la existencia de financiamiento clandestino14 a  organizaciones terroristas -principalmente Hamas y Hezbollah-.

A pesar de esto, las investigaciones15 sobre los dos atentados ocurridos en Argentina sólo apuntan a la zona como posible centro de coordinación y logística, lo que sugiere la presencia de crimen organizado -principalmente relacionado a la provisión de armas y explosivos- y la falta de controles -relacionado a la libre circulación de los perpetradores- más que la presencia de células terroristas ya sea en calidad de “dormidas” o activas.

Los ataques perpetrados contra las torres gemelas en EE.UU. el 11/09 avivaron -aún más- la intensidad del debate en torno al terrorismo e incrementaron la atención  de EEUU en la Zona.       

Repercusiones del 11/09 en la Triple Frontera

El shock producido por el terror que generaron los ataques del 11/09 dio lugar al comienzo de una guerra declarada contra el terrorismo articulada desde EEUU.

La necesidad de definir a este “nuevo” enemigo para fijar los “límites” -o carencia de estos- en la cruzada dieron lugar a una definición amplia del mismo “The enemy is terrorism- premeditated, politically motivated violence pepretrated against innocents” “…We make no distinction between terrorist and those who knowingly harbor or provide aid to them” (White House 2002, 5).

Esta definición se tradujo en medidas concretas, la intervención en Afganistán y la reciente guerra y ocupación en Irak son ejemplos de las fronteras difusas de esta guerra generando en los países más débiles confusión de las prioridades estratégicas16 (Saint-Pierre 2003) el caso de Triple Frontera se reconoce en esta dinámica.

El seminario para prevenir el terrorismo y crimen organizado en la  Triple Frontera17 -presidido por el embajador Francis X. Taylor18- dejó en claro que esta definición amplia se aplica a la región, el enemigo no se restringe – exclusivamente- a los terroristas, también a todo aquel que lo apoya o lo financia.

La preocupación estadounidense no se condiciona únicamente a la presencia de terrorismo sino –también- en la posibilidad de que organizaciones terroristas19 utilicen redes clandestinas articuladas en Triple Frontera como soporte para el terrorismo. En particular, que los fondos producidos por el Crimen Organizado se utilicen para el financiamiento de actividades terroristas en otros cuadrantes del mundo20.

En esta línea, la visita de Cofer Black21 en el 2002 a la Argentina -y en particular a la zona de la Triple Frontera- sirvió para que el funcionario exprese las dos preocupaciones centrales para su gobierno en el área. El mismo definió la primera como la posibilidad de que desde allí se financien células terroristas y la segunda como la potencialidad de que exponentes del terrorismo internacional decidan instalarse en la zona por las características de la misma (La Nación 18 de Noviembre 2002).

En esta misma dirección, Curtis Struble22 expresó en una entrevista brindada al diario La Nación que se pueden reconocer tres aspectos que EE.UU. toma en cuenta en la zona: “La utilización que se hace desde medio oriente de grupos que recaudan fondos, el apoyo logístico que puede ser aprovechado por grupos terroristas para cometer atentados y el comercio en negro, o gris, que sirve al narcotráfico y a los vendedores de armas” (La Nación 26 de Marzo  2003).

Analizando la expresión de las prioridades estadounidenses en la Triple Frontera -a través de las declaraciones de sus funcionarios- se pueden resumir las mismas en tres ejes principales: la potencial presencia de células terroristas en la zona -ya sea “dormidas” o activas-, las características que presenta la zona -principalmente la presencia de crimen organizado y la falta de controles- y la posibilidad que desde la zona se financie a grupos terroristas.   

Con respecto al primer punto, las versiones que circulan buscan demostrar que la zona serviría de santuario a exponentes del terrorismo internacional, no sólo de Hezbollah sino también de Al Qaeda.

Durante el 2002 múltiples reportes de medios de comunicación anunciaron la presencia de miembros de Al Qaeda en la zona23. Sin embargo, ninguna de estas versiones fue confirmada por fuentes de inteligencia o seguridad (Department of State 2003).

Al margen de esto, Jessica Stern invoca en su artículo “The Protean Enemy” un supuesto aumento de la manifestación en el área de evidencia de cooperación24 entre al Qaeda y Hezbollah.

En particular, argumenta que los líderes de ambos grupos habrían sostenido múltiples reuniones en Paraguay -particularmente en la zona de Ciudad del Este-. En este marco, -con una retórica infundamentada- la autora expresa que la Triple Frontera se ha convertido en el nuevo Libia de América del Sur (Stern 2003) lo que implica afirmar la existencia de células terroristas y planeamiento terrorista activo, afirmación que no es sostenible si no se presentan pruebas concretas.

Con respecto al segundo punto, el General James T. Hill25 dejo en claro -en su exposición en la conferencia sobre seguridad realizada en Miami26 durante Marzo 2003- cuales son para su gobierno las características de las zonas que se consideran riesgosas al definir las “nuevas” amenazas –refiriéndose al terrorismo, el narcotráfico y el tráfico de armas- como “Hierba mala” que se planta, crece y prospera en “espacios sin gobierno como áreas fronterizas despobladas” entre los que cuenta la Triple Frontera (La Nación 4 de Marzo 2003).

En relación al último punto, el embajador John F. Keane27 reiteró en varias ocasiones tener la certeza -avalado por fuentes de inteligencia Norteamericana y Paraguaya- que desde la región de Triple Fronterase financia28 al grupo terrorista Hezbollah y Hamas a través de mecanismos de lavado de dinero29. Estos capitales provendrían de las actividades comerciales – tanto lícitas como ilícitas- de ciudadanos de origen libanés. 

En esta misma dirección, recientemente -en abril 2006- la fiscalía del distrito de Manhattan ordenó el cierre de una cuenta bancaria en Nueva York que –supuestamente- se utilizaba como centro de distribución y lavado30 de dinero proveniente de Uruguay y originado en la Triple Frontera para luego enviarlo a grupos como Al Qaeda, Hezbollah o Hamas (La Nación 6 de abril 2006). A pesar de esto, por las características del lugar donde proviene la denuncia y el periodo particular en el que ser realiza la misma hay que pensar seriamente sobre su motivación y esperar para ver las pruebas concretas que vinculen dicho dinero con actividades terroristas.   

Partiendo de todo lo anterior, se puede observar como el debate producto de los hechos del 11/09 ha ampliado la discusión a las características de la zona, sus potencialidades y la virtual manifestación de las mismas en función de la figura del terrorismo.

La definición amplia acuñada por EE.UU. no busca combatir sólo las organizaciones terroristas, también apunta los entornos y organizaciones que complementan sus actividades.

Notas Preliminares

En palabras de Curtis Strable, tras los atentados del 11/09 y el inicio de la guerra global contra el terrorismo, el gobierno de EE.UU. reconoció la presencia en América Latina de dos “zonas de riesgo”: Colombia y La Triple Frontera (La Nación 26 de Marzo 2003).

Colombia fue y es considerado por Estados Unidos como un ámbito de proliferación del terrorismo. En particular, el documento “The National Security Strategy of the United State of America” de septiembre 2002 nos da algunas pautas sobre las características que definen el “riesgo” en esta nación: “In Colombia, we recognize the link between terrorist and extremist groups that challenges the security of the state and drug trafficking activities that help finance the operations of such groups. We are working to help Colombia defend its democratic institutions an defeat illegal armed groups of both the left and the right by extending effective sovereignty over the entire national territory and provide basic security to the Colombian people” (White House 2002, 10).

El trabajo conjunto de las autoridades de Colombia y EE.UU. surgió de la aceptación de dos premisas básicas. En primera instancia, la aceptación de la existencia de terrorismo en la zona y, en segunda instancia,  el asentimiento y la aceptación por parte de la autoridades colombianas de internacionalizar el conflicto al comprender el mismo como parte de la lucha global contra el terrorismo.        

El caso de la Triple Frontera es distinto desde su génesis. El área se definió como un foco de “inseguridad” e incertidumbre con características que permitirían la potencial manifestación de terrorismo o apoyo al mismo. Todas las hipótesis, evaluadas anteriormente se engloban en este espectro que se presenta más como una suerte de evaluación que de afirmación.

Bajo estos parámetros, el gobierno estadounidense planteó su aproximación al área desde la incertidumbre colaborando con las autoridades locales para detectar la presencia de este flagelo y no desde una aceptación preexistente del mismo31.

En la actualidad, la carencia de fuentes que confirmen las denuncias e informes que alegan la presencia de terroristas generó que esta postura fuera cada vez menos ostentada por las autoridades de EEUU. Ya en su última visita a la Argentina32 Cofer Black dijo a diario La Nación que la principal preocupación de su gobierno en la zona se reduce a la utilización de la misma como un conducto financiero para enviar fondos a la organización Hammas y Hezbollah (La Nación 31 de Enero 2004).

En esta misma dirección, la embajada estadounidense en Argentina difundió el 12 de Febrero 2004 un comunicado de su Departamento de Estado confirmando esta posición. El mismo declaraba que no se cuenta con información creíble que confirme la presencia de la organización Al Qaeda ni la existencia de alguna planificación terrorista activa en la región. A lo que agregó que -con los datos disponibles hasta ese momento- sólo se pude declarar que la actividad terrorista en la Triple Frontera se resume en la recaudación de fondos para organizaciones terroristas –principalmente- para Hamas y Hezbollah (La Nación 12 de Febrero 2004).

Con respecto al tema del financiamiento, a las declaraciones del embajador Keane se le suman informes de los servicios de inteligencia de EE.UU. en donde se estima que la colectividad árabe de la región transfiere unos 50 millones de dólares por año desde Ciudad del Este al Líbano (DGTIDC 2002). Sin embargo, tampoco se ha presentado ninguna prueba contundente que demuestre que este dinero esta dirigido a financiar organizaciones o acciones terroristas.

El hecho de que este dinero sea enviado no es argumento suficiente, la mayor parte de la comunidad árabe de la Triple Frontera tienen parientes que aún viven en el Líbano y en países lindantes. Además, hezbollah es reconocido en este país como un partido con representación política33 lo que implica que el envío de dinero para financiar esta organización no concluye –necesariamente- en la financiación de actos de violencia o terror.

En particular, de acuerdo a la información a la que pude tener acceso, la hipótesis sobre financiamiento del terrorismo tampoco parece superar -hasta el momento- la retórica discursiva34.  

En esta dirección, es necesario hacer -al menos- cuatro reflexiones con respecto al terrorismo en la Triple Frontera.

En primer lugar, en el marco de la lucha global contra el terrorismo – planteada desde EE.UU.- la “inseguridad” en la Triple Frontera se encuadra detrás del flagelo “terrorista” en Colombia como el segundo foco de atención en América Latina.

En este sentido, el acercamiento estadounidense se gestó como una suerte de intento de “diagnosis” sobre las características de la zona y la presencia del terrorismo en colaboración con los países que conforman el enclave -Argentina, Brasil y Paraguay- el esfuerzo del grupo 3+135 es una clara manifestación de este fenómeno.

En segundo lugar, se puede afirmar que tras casi 4 años de iniciado el “diagnóstico” no se han encontrado evidencias concretas de la presencia de células terroristas ni planificación activa del terrorismo en el área. En particular, las declaraciones de EE.UU. a Julio 2006 han dejado en claro que no hay información que se pueda considerar creíble al respecto.

En tercer lugar, tampoco se han presentado pruebas concretas que vinculen el dinero enviado desde la Triple Frontera con la planificación o concreción de actos terroristas en el mundo. Las pruebas presentes solo se centran en las características de los países a los que son destinados estos recursos.

En última instancia, la falta de pruebas sobre la presencia del terrorismo nos enfrenta a lo que considero una confusión estratégica con respecto a la amenaza que se enfrenta en la Triple Frontera. La ausencia de evidencia disponible en torno a este flagelo se da en paralelo a la existencia de evidencia contundente sobre la prosperidad de la más variada ilegalidad en la zona -en particular- de las actividades más representativas del crimen organizado -principalmente el narcotráfico, el tráfico de armas, el  tráfico o trata de personas,  la falsificación y lavado de dinero-.

En este sentido, si bien la proliferación de la criminalidad organizada se puede presentar como un medio para el terrorismo –financiando o facilitando actos de violencia- la asociación estratégica entre estas organizaciones es insostenible.

Por este motivo, es necesario definir bien las características de la amenaza que se presenta con mayor intensidad en el área -si se quiere- planteando la lucha contra el crimen organizado como complemento de la lucha contra el terrorismo global pero entendiendo que lo que se combate en la zona no es el terrorismo.

Resumiendo, se puede afirmar que lo que para el gobierno de Estados Unidos se alinea en la lucha contra el terrorismo no es –necesariamente- para los tres países que confluyen en la zona una lucha contra el terrorismo -lo que denota- en el mejor de los casos, la necesidad de ajustar el análisis y las medidas en torno a la seguridad en el área.

Conclusión

La primer parte de este trabajo nos permitió la construcción -a partir de una selección particular de bibliografía- de dos tipos ideales representativos del terrorismo y el crimen organizado resaltando sus principales diferencias.

La riqueza explicativa de estas definiciones se logra de su distancia con la realidad y nos permite diferenciar, sin apelar a categorías rígidas, que tipo de amenaza es prioritario combatir en el área estudiada.

En este contexto, el escrutinio de los países que confluyen en la Triple Frontera sumado al esfuerzo estadounidense -en particular luego de los atentados del 11/09- dejaron en claro que -hasta la actualidad- no se ha encontrado o hecho pública ninguna evidencia concreta sobre la presencia de lo que en este trabajo se define como terrorismo o amenaza terrorista (células terroristas activas o “dormidas”, planificación terrorista activa o financiamiento comprobado a organizaciones de esta naturaleza).

En oposición, en la zona se presentan evidencias concretas sobre la existencia y accionar de organizaciones representativas de lo que en este trabajo se define como crimen organizado.   

En palabras de Pablo Dreyfus que el hecho de que una amenaza se convierta en un problema de seguridad depende –entre otros factores- de la intensidad con la que la misma se manifiesta (Dreyfus 2001) en el territorio analizado.

Con respecto a este punto, en el caso concreto de la Triple Frontera la intensidad con la que se manifiesta la criminalidad organizada es notablemente mayor a la intensidad con la que manifiesta el terrorismo.

En esta misma línea, es importante recordar que para que un país sea víctima de un ataque terrorista deben presentarse, simultáneamente, dos factores: La posibilidad de llevar adelante el atentado (vulnerabilidad de la seguridad) y el motivo que fundamente el mismo.

Es evidente que el factor oportunidad se hace presente en nuestro territorio ya que las vulnerabilidades son definitorias de nuestro sistema de seguridad interior, en particular en la endeble coordinación de los organismos de inteligencia policial.

A pesar de lo anterior, el motivo que fundamentó -sin importar su naturaleza- los ataques a la embajada de Israel y a la AMIA parece no estar presente en la actualidad.   

En este sentido, lo que se defiende en este trabajo no es la inexistencia absoluta de terrorismo en la zona de la Triple Frontera, lo que aquí se expone es la necesidad de priorizar el combate del crimen organizado por ser la amenaza que se manifiesta con mayor intensidad destacando el hecho de que esto no parece influir determinantemente en la dirección de la estrategia.

Por este motivo- si bien el área de la Triple Frontera no es el único punto caliente en el debate sobre la seguridad en Argentina y en la región- es un ejemplo representativo de la falta de planificación y la imprecisión conceptual que determina proliferación de estrategias inefectivas y -en muchos casos- fundamentadas en la importación acrítica de conceptos y soluciones.

Bibliografía

  • Bartolomé, M. C. 1999. La Seguridad Internacional Después de la Guerra Fría. Bs. As., Instituto de Publicaciones Navales.
  • Bartolomé, M. C. 2002. La Triple Frontera: Principal Foco de Inseguridad en el Cono Sur Americano. Military Review (edición en español) 61.
  • Dreyfus, P. G. 2001. Estados Débiles en un Mundo Peligroso: Si Quieres Seguridad, Primero Identifica y Reduce tu Vulnerabilidad. Boletín del Instituto de Seguridad Internacional y Asuntos Estratégicos 4(16): 4-6.
  • Dirección General de Terrorismo Internacional y Delitos Complejos. 2002. Informe: Zona “Triple Frontera” Panorama Actualizado de la Región Enero 2002. Dirección General de Terrorismo Internacional y Delitos Complejos.  
  • Escuela Superior de Gendarmería Gral. Br. D. Manuel María Calderón. 1996. Los Desafíos a la Seguridad y Delitos del Siglo XXI. XIV Seminario de Fronteras: Los Desafíos a la Seguridad y Delitos del Siglo XXI, Bs. As, Escuela Superior de Gendarmería Gral. Br. D. Manuel María Calderón.
  • Heymann, P. B. 2000. Terrorism and America: A Commonsense Strategy for a Democratic Society. London, The MIT Press.
  • Kaldor, M. 1999. New & Old Wars. California, Stanford University Press.Laqueur, W. 1999. The New Terrorism: Fanaticism and the Arms of Mass Destruction. -Oxford, Oxford University Press.
  • Saint Pierre, Héctor L. 2003. A necessidade Política e a Conveninência Estratégica de Definir “Terrorismo”. Mimeo
  • Shelley, L. I. y John T. Picarelli. 2002. Methods not Motives: Implications of the Convergence of International Organized Crime and Terrorism. Police Practice and Research 3(4): 305-318.
  • Stern, J. 1999. The Ultimate Terrorists. Cambridge, Harvard University Press. 
  • Stern, J. 2003. The Protean Enemy. Foreign Affairs 82(4): 27-40.
  • Tokatlian, J. G. 1999. Anotaciones en Torno al Crimen Organizado, la Seguridad Nacional y la Política Internacional en Relación al Tema de la Drogas Psicoactivas: Una Aproximación Conceptual a Partir de la Experiencia de Colombia. Documentos de Trabajo del Departamento de Humanidades de la Universidad de San Andrés. Bs. As.
  • U.S. Department of State. 2003. Western Hemisphere Overview. Washington D. C., U.S. Department of State
  • White House. 2002. The National Security Strategy of the United States of America. Washington D.C., The White House. September.

 

1 Se pueden considerar los atentados del 11/09 en EE.UU. o los del 11/03 en España como una manifestación de terrorismo Aleatorio / Indiscriminado y los atentados a la Embajada de Israel y la AMIA en Argentina como una manifestación de terrorismo Sistemático / Discriminado.

2 No el estado o el individuo considerado terrorista

3 Los terroristas rusos anarquistas de principio del siglo XX robaban bancos como medio para financiar sus actividades (Laqueur 1999

4 El concepto de narcoterrorismo es un ejemplo de estas relaciones híbridas 

5 Es claro que no es imposible que el crimen organizado financie acciones violentas

6 Tanto Argentinos como mundiales

7 Especialista en terrorismo de la Rand corporation  consultado por la corte en la investigación sobre el atentado contra la embajada de Israel

8 Al 10 de Mayo de 1999

9 Se cree que es el encargado por Hezbollah para coordinar los atentados perpetrados en América Latina

10 Telleldín y los ex-policías implicados (La Nación 12 de Marzo 2004)

11 Ibrahim Hussein Berro, un ciudadano de origen Libanes de 21 años

12 Según Mariano Bartolomé, la hipótesis de la existencia de células terroristas dormidas en el área se remonta a la década de los noventa cuando se habrían radicado en la zona de Foz de Iguazú numerosos terroristas de medio oriente (Bartolomé 2002)

13 Se denomina “dormidas” a las células en estado latente dispuestas a activarse en caso de ser necesario 

14 Según un análisis de Mariano Bartolomé sobre un articulo periodístico escrito por el brasileño Roberto Godoy, las actividades para la recolección de fondos para el financiamiento a organizaciones terroristas del Medio Oriente se remontan, al menos, a 1981 cuando el hoy extinto Servicio Nacional de Informaciones de Brasil individualizo múltiples comerciantes de origen libanés -propietarios, principalmente, de locales en Ciudad del Este y Puerto Iguazú- que habrían organizado actividades recreativas en las comunidades árabes para la recaudación de fondos en apoyo a organizaciones palestinas (Bartolomé 2002)  

15 A la fecha todavía en proceso

16 Este autor se refiere a fenómenos como la denominación de la FARC como grupo terrorista 

17 Realizado el 19 de diciembre del 2001 en Asunción Paraguay

18 Ex-coordinador del Departamento de Contra-terrorismo -antecesor de Cofer Black- 

19 Organizaciones como Hezbollah, Hamas, Al Gamaat al Islamiyya y otras

20 La cooperación entre organizaciones criminales y terroristas

21 Coordinador de la oficina de antiterrorismo del Departamento de Estado Norteamericano

22 Subsecretario de Estado adjunto para asuntos del hemisferio occidental

23 Entre ellos CNN que informo -en noviembre 2002- una supuesta reunión entre miembros de Al Qaeda y Hezbollah en la Triple Frontera con el objetivo de planificar atentados contra objetivos norteamericanos e israelíes (La Nación 7 de Noviembre 2002)

24 Según la autora en el juicio a Al Qaeda por los atentados en 1998 a varias embajadas en el este africano quedo manifiesta la cooperación logística entre ambas organizaciones a nivel internacional (Stern 2003

25 Ex jefe del comando Sur de las fuerzas armadas norteamericanas a cargo de las relaciones militares con América Latina

26 Durante la semana del 3 de Marzo de 2003 

27 Embajador Norteamericano en Asunción

28 En su artículo “In The Party of God” publicado el 22 de octubre en The New Yorker el periodista Jeffrey Goldberg presenta una entrevista realizada al libanés Muhammad Youssef Abdallah -dueño de la mezquita del profeta Muhammad ubicada en Ciudad del Este- en la cual afirma que hasta el año 1997 se esperaba que todo comerciante libanés de Ciudad del Este donara el 20 % de sus ingresos a Hezbollah. En la misma entrevista, Muhammad sostiene que aunque al 2002 la dinámica no es tan esquemática muchos comerciantes siguen haciendo donaciones para esta organización lo que -en sus palabras- no los convierte en terroristas (Goldberg 2002)   

29 En la conferencia de prensa brindada en el aeropuerto de Ciudad del Este el 14 de mayo del 2003 y lo reiteró en una nota brindada al diario La Nación  (La Nación 17 de Enero 2004)

30 Se calcula que por esta cuenta habrían circulado alrededor de 3000 millones de dólares en dos años (La Nación 6 de Abril 2006)

31 La articulación del grupo 3+1 es testimonio para evaluar la situación en la Triple Frontera es testimonio de este esfuerzo conjunto

32 A finales de Enero 2004

33 Como afirmó Leila Rachid en una entrevista hecha por el diario La Nación, “Que haya ahí seguidores del Hezbollah, que es un partido con representación política en el Líbano, que envían un porcentaje de sus salario para mantener ese partido político que tiene una serie de cuestionamientos internacionales por los mecanismos que ha usado para reivindicar sus luchas nacionales, no significa que haya células terroristas” (La Nación 16 de Marzo 2004)

34 Uno de los grandes defensores de la hipótesis que estima que en la zona existen estructuras de apoyo al terrorismo es el ex jefe del comando Sur, el General James T. Hill (La Nación 23 de Julio 2003). 

35 Es una suerte de mecanismo o foro informal de discusión sobre seguridad en la Triple Frontera integrado por los tres países que confluyen en la zona -Argentina, Brasil y Paraguay- más EE.UU.