¿Tiene futuro el terrorismo en Colombia?

Autor:  Vicente Torrijos R.

País: Colombia

Datos biográfios del autor: Profesor Titular de Ciencia Política y Relaciones Internacionales en la Universidad del Rosario, de Bogotá, Colombia.

RESUMEN

El tema de seguridad ha encabezado la agenda gubernamental de Colombia durante varios años. La realidad que vive dicho país respecto al conflicto interno ha llegado a tal nivel de complejidad que está empezando a afectar las dinámicas regionales e internacionales. Sin embargo, los avances alcanzados gracias a la aplicación de la Política de Seguridad Democrática, el Plan Colombia, entre otras, han debilitado a los grupos guerrilleros colombianos que durante mucho tiempo, tuvieron control sobre un porcentaje del territorio nacional y por ende, de su población civil. El presente artículo realiza un análisis extenso a partir de siete variables determinantes que nos permiten estudiar más a fondo el estado real de organizaciones terroristas como lo son las Farc. 

Palabras clave: Seguridad- Farc- Colombia- Estrategias- Política de Seguridad Democrática- Terrorismo

ABSTRACT

The topic of security has been at the top of Colombia’s government’s agenda for several years. The reality that this country has to face thanks to the internal conflict, has reached such high levels of complexity that it is now starting to affect the regional and international dynamics. However, the breakthroughs that have been made thanks to the application of the Democratic Security Policy, Plan Colombia, among others, have weakened the Colombian guerrilla groups that had obtained control over a percentage of the national territory, and hence their civil population, during a long period of time. This article analyzes extensively the actual state of terrorist organizations such as Farc, basing its study on seven strategic variables.

Key words:  Security- Farc- Colombia- Strategy- Democratic Security Policy- Terrorism

 
1. INTRODUCCIÓN: UN CONTEXTO CRÍTICO EN PERMANENTE EVOLUCIÓN
Sigue siendo difícil afirmar que las Fuerzas armadas revolucionarias de Colombia (Farc) están derrotadas, si por su derrota se entiende su sometimiento definitivo e incondicional a la voluntad del Estado (para emplear la noción clausewitziana del objetivo de la guerra). 
 
Pero es evidente que la capacidad del Estado de controlar la dinámica de la problemática de seguridad en Colombia, su dominio de la iniciativa estratégica, y su potencial para neutralizar y anticipar la amenaza tal como esta venía presentándose durante la última década y media (Pachón, 2009, 329-333), han alcanzado un grado de irreversibilidad tal que, en algún sentido, se puede afirmar que las Farc han llegado a su punto culminante.
 
En efecto, como consecuencia de la eficaz aplicación de la Política de seguridad democrática (Psd) (Marks, 2007), las Farc han tenido que ajustar, moderándolos, sus objetivos político-militares a corto y mediano plazo, al tiempo que ven cada vez más restringido su repertorio de medios y recursos para la acción. 
 
La continuidad y consolidación de la Psd bajo el nuevo gobierno del presidente Juan Manuel Santos (2010-2014), con el enfoque complementario de la búsqueda y promoción de la prosperidad democrática, le aseguran a estos logros un importante blindaje, tanto en el plano político como en el puramente militar, tal como corresponde a la naturaleza compleja de esta amenaza, cuya gravedad está a demás íntimamente ligada al poder financiero del narcotráfico —terreno en el cual también se han logrado importantes avances.
 
1.1. EL ESTADO ACTUAL DE LAS FARC
 
Las Farc han seguido en 2010 sumidas en la imposibilidad de acción y muy lejos de lograr revertir el nuevo equilibrio militar que a favor del Estado se logró gracias a la Psd. 
 
Ello las ha llevado a intensificar su accionar sobre la base de dos áreas fundamentales:  la propaganda política (asociada entre otros al chantaje humanitario y a la promoción del “socialismo del siglo XXI” (Azcargota, 2007) en diversas plataformas transnacionales); y la práctica cada vez más recurrente del terrorismo[1] y de las escaramuzas propias del nivel más elemental de la guerra de guerrillas. 
 
Entre tanto, han tenido que enfrentar tres derrotas importantes: en el plano político, el abrumador respaldo que recibió en las urnas el hoy presidente Santos y el éxito que tuvo a la hora de configurar su gran coalición de Unidad Nacional (que le da la mayor gobernabilidad que haya tenido jamás un presidente colombiano en tiempos recientes) ; en el plano internacional, el apaciguamiento (aunque solo fuera retórico) del régimen chavista en sus agresiones contra Colombia y la forzosa moderación a la que tendrá que someter su apoyo al narcoterrorismo (aunque ese apoyo no desaparezca del todo); y por último, los nuevos golpes que el Estado colombiano ha dado en el corazón de su mando, el Secretariado, con la Operación “Sodoma”[2] y otras que han obligado a una reconfiguración de sus mandos centrales y medios en diversas zonas del país.
 
Las Farc siguen confinadas a la reactividad (a pesar de sus intentos por organizar y ejecutar golpes de impacto y extrema violencia contra la Fuerza Pública), y permanecen incapaces de compensar la asimetría que a favor del Estado representa el poder aéreo y la superioridad tecnológica y en inteligencia. 
 
Mientras tanto, sufren de pérdida de cohesión, criminalización de la base y los mandos medios por razón de su involucramiento en el narcotráfico, reducción de su base social, incapacidad de interlocución política y creciente pérdida de prestigio ( Wieland, 2008 ).
 
1.2. HIPÓTESIS EVOLUTIVA # 1: LA RESISTENCIA. 
 
En estas condiciones, no debe descartarse que en el futuro las Farc se limiten simplemente a apostar por la resistencia militar, con mínimo desgaste de recursos, a la espera de un escenario más favorable, mientras intentan por todos los medios hacer acopio y conservar tantos recursos y capacidades como les sea posible, sin comprometerlos en un enfrentamiento abierto y suicida con la Fuerza Pública.
 
Lo anterior no significa inacción, sino tal como ya se ha visto en algunos incidentes de orden público, intensificación selectiva de actividades terroristas, dispersas pero de alto impacto.
 
Al mismo tiempo, en el terreno no militar, intensificarán la guerra política, especialmente en su dimensión jurídica y mediática, ahora contra los altos funcionarios del gobierno Uribe, y el propio ex presidente, tratando de desmoralizar al Gobierno y deslegitimar al Estado[3]
 
Por otro lado, intentarán capitalizar las diferencias de concepto y estilo de gobierno entre el presidente Santos y el ex presidente Uribe, para provocar una fractura al interior del uribismo y por esa vía, de la coalición de Unidad Nacional.
 
1.3. HIPÓTESIS EVOLUTIVA # 2: CRIMINALIZACIÓN.
 
Lo anterior no contendrá el proceso de descomposición estructural que viene enfrentando la organización, y que podría conducirla finalmente a su definitiva atomización, dispersión y pulverización acompañada de un derive puramente criminal y predatorio, tanto en las áreas rurales como en las áreas urbanas (como consecuencia de una especie de “migración” de grupúsculos farianos).
 
En efecto: pérdida de confianza interna como consecuencia de las infiltraciones, paranoia resultante del temor a que las comunicaciones al interior de la organización estén siendo observadas e intervenidas, limitada movilidad y capacidad de iniciativa y el correspondiente anquilosamiento de las estructuras de combate, mantenimiento de la actividad del narcotráfico sin poder encauzar los recursos a la acción militar, procesos sucesorios que obligan a la reconfiguración de las relaciones internas de poder.
 
Todo ello debilita la unidad de las Farc, acentúa su anquilosamiento y refuerza las tendencias centrífugas que podrían estar ya operando desde dentro de la organización.
 
1.4. HIPÓTESIS EVOLUTIVA # 3: FALACIAS DE NEGOCIACIÓN. 
 
En ese escenario, las Farc han vuelto a plantear un eventual escenario de negociación.  Primero, de una ilusa negociación en sus términos que ha sido rápidamente rechazada, no sólo por el Gobierno sino por la sociedad en su conjunto, al margen de las actividades interesadas de grupos como ‘Colombianos y Colombianas por la Paz’ (liderado por la ex senadora Piedad Córdoba, destituida y sancionada por la Procuraduría General debido a sus nexos con las Farc) que operan como auténticas avanzadas político-sociales del mercantilismo humanitario y de la oxigenación que anhelan las Farc para retomar el impulso que han perdido[4].
 
Es probable que en esta fase, intenten apalancarse internacionalmente. De hecho, ya le han enviado cartas a la nueva presidente de Brasil, la señora Rousseff, pidiéndole su intervención como mediadora. Es posible pues, que intensifiquen ese esfuerzo de presión en otros espacios internacionales[5].
 
No se puede descartar la opción de la negociación a la confrontación con las Farc.  Sin embargo, una negociación no resolverá los problemas de seguridad del país (ni de la violencia acumulada en el pasado), ni tampoco puede convertirse en medio de oxigenación y repotenciamiento de la organización narcoterrorista.
 
En ese sentido, es apenas normal que el Gobierno haya considerado como prioritario mantener el consenso social existente sobre las condiciones y expectativas de la negociación, minimizar el grado de exposición del tema en el plano internacional, y aprovechar la coyuntura de las Farc para intensificar la estrategia para promover la desmovilización y la deserción de los combatientes irregulares, mientras por otro lado busca neutralizar la guerra política con la que las Farc quieren obtener lo que no han podido alcanzar por las armas[6]
 
2. DISCUSIÓN: UNA ORGANIZACIÓN ARMADA ILEGAL TAN ADAPTATIVA COMO RESILENTE
 
Se puede afirmar que el futuro estratégico de una organización revolucionaria (armada, ilegal), depende, sustancialmente, de las ventajas que logre derivar de siete grandes variables. Estas variables concurren en la configuración de un conjunto de oportunidades que las organizaciones pueden (o no) aprovechar para la materialización de sus intereses y la consolidación de sus objetivos.
 
Las variables que se proponen, son:
 
-    Apoyo directo o indirecto de una potencia (pequeña, mediana o grande), ya sea regional o extra-regional.
-    Intensa fundamentación y propagación ideológica.
-    Grado relativo de apoyo popular a la causa revolucionaria, y grado de versatilidad organizacional.
-    Capitalización de emergencias sociales complejas.
-    Diversificación rentable y perdurable de fuentes de financiación.
-    Relativa paridad tecnológica frente a las Fuerzas Militares.
-    Capitalización de una dominación política despótica, ocupación extranjera o intervencionismo.
-    El análisis en cada una de estas siete variables de la conducta conjunta de las Farc y el Eln (Ejército de Liberación Nacional) como agrupaciones formalmente vinculadas mediante una alianza, permitirá determinar el grado de avance o retroceso en su lucha revolucionaria, configurando así su horizonte estratégico.  Ello permitirá construir una “imagen completa” de la amenaza y de sus perspectivas en el futuro inmediato.
 
2.1. APOYO DIRECTO O INDIRECTO DE UNA POTENCIA (PEQUEÑA, MEDIANA O GRANDE), YA SEA REGIONAL O EXTRA-REGIONAL.
 
No cabe duda de que existe una simpatía o afinidad de origen ideológico entre las Farc y el régimen chavista, auto-etiquetado como revolucionario, bolivariano y socialista ( Cicalesi & Rivas, 2008 ).  Esa afinidad o simpatía ha sido más o menos latente en el pasado, e incluso llegó a adquirir una manifestación expresa cuando el presidente Chávez expresó su apoyo a un eventual reconocimiento del estatus de beligerancia para la organización narcoterrorista.
 
Más aún, esa simpatía o afinidad no se quedó limitada al terreno del discurso o lo simbólico —como la permisividad del gobierno venezolano para con el monumento erigido en honor de alias Tirofijo en el barrio 23 de enero de la ciudad de Caracas[7].  Se tradujo en un apoyo material del que se han beneficiado las Farc (y también otras organizaciones armadas ilegales), y que les ha permitido convertir a Venezuela en una especie de santuario y refugio en el que operan parapetadas y a salvo del envite de las Fuerzas Militares colombianas.
 
Sin embargo, durante los últimos tiempos, el gobierno Venezolano se ha visto obligado a cambiar de estrategia.  La vocación expansionista del régimen sigue incólume, y por lo tanto persiste en sus intentos por injertar la dogmática revolucionaria en otros lugares de América Latina, y también en Colombia, a la que considera como un obstáculo para la consolidación del socialismo del siglo XXI (Rodríguez, 2010) y una aliada del “imperio” norteamericano. 
 
Pero, presionada por la necesidad de normalizar las relaciones con Colombia (por el impacto interno que provoca en Venezuela el mantenimiento indefinido de la tensión binacional), y consciente del desprestigio que para sus aspiraciones genera la vinculación con una organización como las Farc, el régimen chavista ha morigerado su discurso, ha asumido una posición más discreta, e incluso ha dado muestras de buena voluntad y colaboración con las autoridades colombianas[8].
 
Lo anterior no significa que Venezuela se haya convertido en un aliado del nuevo gobierno colombiano o que se haya enemistado con las Farc, sino que se ha visto forzada a asumir una actitud más soterrada y precavida, en la que sin renunciar a instrumentalizar a las Farc y a la problemática que generan en Colombia para sus propósitos, se empeña por evitar que ese alineamiento comprometa su propio prestigio, capacidad de influencia, liderazgo e influencia regional.
 
En ello la secundan sus regímenes áulicos, como Bolivia (a pesar de las recientes declaraciones de Evo Morales cuestionando la lucha armada como camino al socialismo), en cierta medida Ecuador (que se ha visto forzado a admitir que las Farc son una amenaza, y que su benevolencia disfrazada de neutralidad es prácticamente suicida), pero sobre todo Nicaragua, que tiene más de una razón para estar interesada en la inestabilidad de Colombia.
 
2.2. INTENSA FUNDAMENTACIÓN Y PROPAGACIÓN IDEOLÓGICA.
 
Para compensar esta “prudencia forzosa”, el régimen chavista intensificará su penetración ideológica en Colombia, y cuenta para ello no sólo con la afinidad fariana sino con la necesidad concurrente que tiene en la actualidad la organización de reinventarse y oxigenarse ideológicamente. 
 
Esto con el fin, entre otras cosas, de que su agenda no quede vacía por sustracción de materia (a medida que el Gobierno Santos vaya ejecutando su agenda de “prosperidad democrática”), y también, para compensar su pérdida de mandos medios y la desideologización que ha experimentado a ese nivel en particular, como consecuencia de su entroncamiento con el narcotráfico[9].
 
Así mismo, tras esta procura ideológica, las Farc podrían estar aspirando también a la consolidación de un entramado social que les permita ampliar su margen de transacción en una eventual negociación con el Estado (un escenario que no cabe descartar por completo).
 
Esa simbiosis se irá intensificando en el mediano y largo plazo, y podría hacerse sentir inicialmente en el proceso electoral regional que vivirá el país en octubre de 2011[10].
 
2.3. GRADO RELATIVO DE APOYO POPULAR A LA CAUSA REVOLUCIONARIA, Y GRADO DE VERSATILIDAD ORGANIZACIONAL.
 
Aunque las encuestas de opinión muestran un rechazo mayoritario de la población colombiana a las organizaciones armadas ilegales, y en particular a las Farc, éstas mantienen su esfuerzo por obtener alguna capacidad de movilización y alineamiento a través de ongs[11], líderes de opinión, medios de comunicación simpatizantes y redes de apoyo (físicas y electrónicas) a escala internacional[12].
 
Aunque estas bases de apoyo quizá no sean cuantitativamente significativas, sí pueden serlo en términos cualitativos, y sobre todo, en función de su impacto mediático y comunicacional, así como en cuanto a su capacidad para ejercer distintos tipos de activismo, por ejemplo en el plano judicial.
 
En ese sentido, puede decirse que esta variable constituye hoy por hoy uno de los centros de gravedad más importantes en la lucha contra las Farc, quienes por otra parte siente que es en ese nicho de simpatizantes donde mejor pueden desarrollar un frente de su guerra asimétrica contra el Estado, pues les permite actuar prácticamente desde la legalidad contra la legalidad misma.
 
2.4. CAPITALIZACIÓN DE EMERGENCIAS SOCIALES COMPLEJAS.    
 
La inequidad sigue siendo un problema estructural en la sociedad y la economía colombianas.  Aunque no se trata de suscribir la tesis de las “causas objetivas” de la violencia, y atribuirle a la pobreza la confrontación armada entre los grupos ilegales y el Estado Colombiano, no puede desconocerse que esas condiciones pueden alimentar focos de movilización y de apoyo social que pueden ser capitalizados por las Farc para ganar legitimidad, ensanchar la militancia, o simplemente, generar crisis de gobernabilidad.
 
En ese sentido, la emergencia invernal constituye un riesgo directo e inmediato.  Aunque por supuesto, esa capitalización depende de la capacidad de las propias organizaciones armadas ilegales (la cual está sustancialmente debilitada), el descontento social, la precariedad de las condiciones de vida, la limitada cobertura de la asistencia estatal, etc., generados por las lluvias de estos últimos meses[13] (a prolongarse durante los próximos), podrían configurar un escenario propicio para la labor de adoctrinamiento y captura social de las Farc, o podrían ser aprovechados por éstas para impulsar una “negociación”[14] sin intenciones reales, a partir de una “tregua humanitaria” planteada para ganar tiempo y oxigenación, y sacar ventaja de la situación frente a un Gobierno sobrecargado por las demandas sociales derivadas de la tragedia.
 
2.5. DIVERSIFICACIÓN RENTABLE Y PERDURABLE DE FUENTES DE FINANCIACIÓN.
 
Puede sostenerse que, en cierta forma, el centro de gravedad de las Farc sigue siendo el narcotráfico (Holmes, De Piñeres, Gutiérrez, & Curtin, 2007, 251).  Y en efecto, los resultados de la lucha contra las drogas, aunque importantes, no se han traducido en una reducción sustancial y efectiva del negocio (Peceny & Durnan, 2006, 112-113), por lo que es posible afirmar que en términos generales, éste sigue alimentando a los grupos armados ilegales con volúmenes más o menos estables de ingresos, a los que cabe sumar los que obtienen de otros crímenes (extorsión) y además, a través de su multiplicación mediante el lavado de activos o el desarrollo de actividades económicas legales (Saab & Taylor, 2009, 455).
 
Hasta ahora, sin embargo, esos recursos no han sido transformados por las Farc en ventajas estratégicas (como mejores capacidades militares).  De hecho, hoy por hoy, constituyen una fuente de pérdida de cohesión y han generado procesos centrífugas de traquetización que a la postre amenazan la propia continuidad de la organización. 
 
Las Farc se enfrentan, pues, a la paradoja de que esos recursos, a pesar de su magnitud, no les permiten ni revertir la dinámica de la confrontación, ni mantener su unidad organizacional, y en algunos casos, ni siquiera garantizan el acceso de sus unidades a bienes y servicios básicos debido al aislamiento geográfico y el bloqueo militar a que se encuentran sometidas.
 
2.6. RELATIVA PARIDAD TECNOLÓGICA FRENTE A LAS FUERZAS MILITARES.   
 
Aunque en su momento de mayor expansión y consolidación, las Farc acariciaron la expectativa de convertirse realmente en un “Ejército del Pueblo” y pasar de la lucha guerrillera a la lucha simétrica con el Estado, la verdad es que en el terreno de las capacidades militares las Farc (y mucho más el Eln), nunca lograron resolver a su favor la asimetría tecnológica que se deriva de la superior calidad y cantidad de recursos de los que disponen las Fuerzas Militares[15], sobre todo gracias al Plan Colombia (Noriega, 2005 ) y al esfuerzo fiscal interno realizado durante los últimos ocho años.
 
Esto es especialmente notorio en dos frentes: la capacidad aérea y la inteligencia técnica.  Estos elementos han sido fundamentales a la hora de desarrollar con éxito los más duros golpes propinados hasta ahora por la Fuerza Pública contra la organización.
 
Estos dos factores han afectado además la confianza interna de la propia organización[16], y han incrementado su aversión al riesgo, erosionando así todavía más su capacidad ofensiva.
 
Por ello, han venido concentrándose más en actividades perturbatorias (basadas en el sabotaje y desarrollando al máximo cierta creatividad militar artesanal), que coincide perfectamente con su creciente preferencia por el terrorismo y las actividades más típicas de la guerra de guerrillas (emboscadas), en lugar del enfrentamiento militar directo.
 
Por otro lado, con el exitoso proceso de contención desarrollado frente a Venezuela, las Farc han visto desdibujarse su expectativa —al menos por ahora— de un apoyo más directo y expedito por parte del régimen chavista, sometido a crecientes presiones internas y obligado (por puro prestigio) a moderar su tolerancia frente a la organización narcoterrorista, aunque mantenga con ella alguna simpatía ideológica.
 
En conclusión, aunque siguen valiéndose de las ventajas que derivan de su condición de amenaza asimétrica (y por lo tanto, agudizan su estrategia de guerra jurídica y política), carecen de la capacidad necesaria para librar una guerra irregular ajustada a los parámetros clásicos de la guerra popular prolongada (de estirpe maoísta o vietnamita). 
 
2.7. CAPITALIZACIÓN DE UNA DOMINACIÓN POLÍTICA DESPÓTICA, OCUPACIÓN EXTRANJERA O INTERVENCIONISMO.
 
Ni las Farc ni el Eln (a pesar de su nombre) son movimientos de liberación nacional, y por lo tanto, carecen del aliento que en toda lucha insurgente los grupos que sí lo son obtienen de los recursos derivados del nacionalismo que despierta la reacción frente a una ocupación o intervención extranjera.
 
Sin embargo, la intensa cooperación entre Colombia y los Estados Unidos puede convertirse en un factor de vulnerabilidad, en la medida en que podría dar pie a un incremento de los ataques de estas organizaciones contra intereses norteamericanos[17] (Avilés, 2008), en sincronía o incluso alianza con otras organizaciones terroristas globales cuyo discurso y objetivos son claramente antiestadounidenses.
 
3. CONCLUSIÓN: LOS ESFUERZOS FRENTE A UN TERRORISMO MUTANTE CON CLARAS PRETENSIONES DE UBICUIDAD.
 
A pesar de los avances que puedan registrarse en el proceso de normalización de las relaciones diplomáticas con los vecinos (hostiles), el gobierno colombiano parece haber comprendido que debe mantenerse bajo permanente observación al activismo chavista, no sólo en cuanto a su penetración política en el país, sino sobre todo en cuanto a su proselitismo y activismo social en algunas zonas de frontera.  Esta penetración podría coadyuvar en el largo plazo a los intereses de las Farc, y es en sí misma una amenaza grave a la seguridad colombiana, e incluso a su integridad territorial.
 
De cara al proceso electoral de 2011, se están activando los dispositivos de orden policial y judicial con el fin de bloquear una potencial expansión de la “farcpolítica” (incidencia de las Farc y el Eln en la política partidista) en el nivel regional.  Estos dispositivos se están activando para que permanezcan en funcionamiento durante todo el proceso, con el fin de anticiparse a los resultados, impidiendo que candidatos vinculados con las actividades de los grupos armados ilegales lleguen al poder a nivel municipal o departamental.
 
Asimismo, todo indica que se están promoviendo las operaciones de inteligencia y judicialización de los activistas pro Farc directa o indirectamente vinculados con las milicias bolivarianas o el partido comunista clandestino que promueve esa organización, poniendo en evidencia sus lazos criminales y desprestigiando su activismo, tanto en el plano interno como internacional.
 
Por otra parte, la estrategia de reconstrucción de las áreas más afectadas por la crisis invernal tiende a contemplar una dimensión directamente relacionada con la seguridad.  En ese sentido, Colombia le está concediendo prioridad a la atención de áreas afectadas ubicadas en zonas de influencia activa de las Farc y otras organizaciones armadas ilegales, con el fin de neutralizar una eventual acción suya encaminada a capitalizar la compleja situación generada por el invierno. Asimismo, esa estrategia de reconstrucción tiene una naturaleza integral y comprehensiva con el fin de asegurarse su sostenibilidad en el tiempo, vinculándose a otros programas estatales.
 
En lo concerniente al narcotráfico, el Gobierno se muestra proclive a mantener sus esfuerzos ofensivos pues la simbiosis entre el crimen organizado y los grupos armados ilegales es un factor fundamental de supervivencia de estos últimos.  Al unísono, el Estado trata de intensificar sus esfuerzos para debilitar otras fuentes de recursos, en especial los que resultan del lavado de activos y de actividades económicas legales desarrolladas a través de una tupida red de testaferros[18].
 
El Estado debe garantizar el mantenimiento de su capacidad disuasiva y de su superioridad tecnológica y militar sobre las organizaciones armadas ilegales.  Por lo tanto, el esfuerzo fiscal y presupuestario favorable al sector defensa debe sostenerse en el corto y mediano plazo.
 
Igualmente, el Estado ha seguido observando cuidadosamente la relación entre las Farc y el ‘Socialismo del siglo XXI’ (Agafanow & Haarstad, 2009 ), a pesar de los avances de la normalización de las relaciones con Venezuela, pues persisten focos de apoyo internacional importantes (Nicaragua, la Coordinadora Continental Bolivariana[19]), de los que las Farc y el Eln podrían derivar apoyos tanto en el plano militar como en el político.
 
Por último, Colombia es consciente de la necesidad de monitorear escrupulosamente el entramado de conexiones internacionales de las Farc, con el fin de identificar y neutralizar oportunamente sus enlaces con otras organizaciones con las que pudieran llegar a generar sinergias a efectos de atacar (por la vía de atentados y otras tácticas puramente terroristas) intereses compartidos colombo-norteamericanos en territorio nacional.
 

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